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Columnas » Pilar Sordo

EDICIÓN | Octubre 2015

Tres preguntas sin sentido

Psicóloga
Tres preguntas sin sentido

Sería tan distinto que, cuando llegaran, nos diéramos el tiempo de preguntarles cosas como dime tres cosas buenas que te hayan pasado hoy y yo también te contare tres buenas mía, y sabes qué, dime tres cosas malas que te hayan pasado y yo también te contaré y buscaré tres malas.

Todos los padres decimos sin mucha autoevaluación que nos preocupamos por nuestros hijos y que sabemos cómo les va en lo cotidiano. Sin embargo, me he encontrado en todos los países del mundo hispano que recorro con frecuencia, que todos los días los padres hacemos tres preguntas a los niños y adolescentes que cuando uno las analiza carecen de todo sentido. Estas tres preguntas son:

1. ¿Cómo te fue?, frente a lo que los niños la mayoría de las veces contestan: “bien”.

2. ¿Qué hicieron?, frente a lo que contestan: “nada”.

3. ¿Tienen que estudiar o algo para mañana?, frente a lo que responden: “No”.

Lo que es interesante reflexionar es que los padres sabemos que nos contestarán eso y, sin embargo, no dejamos de repetir las preguntas. Es como si sintiéramos que nos preocupamos por ellos al hacerlo, pero al mismo tiempo sabemos que no sabremos nada nuevo y mucho menos algo profundo.

Además, todas esas preguntas están, en el fondo, orientadas al rendimiento y a la evaluación y no a la globalidad de la experiencia educativa cotidiana de los niños. Sería tan distinto que cuando llegaran, nos diéramos el tiempo de preguntarles cosas como dime tres cosas buenas que te hayan pasado hoy y yo también te contaré tres buenas mía, y sabes qué, dime tres cosas malas que te hayan pasado y yo también te contaré y buscaré tres malas.

La experiencia de haber realizado este ejercicio en los talleres, me ha podido demostrar que si bien en un inicio los niños rechazan las preguntas porque no están acostumbrados, después de un tiempo gozan la conversación y, sobre todo, se les entrena a reflexionar sobre sí mismos, en un mundo centrado absolutamente hacia afuera.

Este tipo de preguntas centra a niños y adultos en la experiencia del día y no solo en el rendimiento y en la productividad. Sinceramente, parece que hacemos las tres preguntas como para chequear rápido lo realizado, pero no necesariamente porque nos importan demasiado lo que hayan vivido. Si practicáramos la alternativa que propongo, sabríamos antes de los hechos de bullying y, seguramente, muchos otros antecedentes de la vida de ellos.

El conocer a nuestros hijos va más allá de estas tres preguntas y tiene que ver con desarrollar la habilidad para mirarse desde adentro y junto con eso poder explorar en su mundo emocional para que desde pequeños puedan tomar contacto con sus emociones.

Quiero invitarlos(as) a practicar este ejercicio y a darse cuenta desde el corazón lo que ocurre en ellos y en ustedes al realizar la experiencia. Se darán cuenta de que la comunicación toma otro color y se profundiza desde un lugar distinto, pues sabrán cosas de sus niños que con las tres preguntas inútiles jamás conocerán.

 

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