Diseñador gráfico de profesión, desarrolla su carrera con un profundo énfasis en lo social, lo cultural y la comunicación visual. En veintiún años de carrera ha trabajado como consultor para empresas privadas y públicas, haciendo docencia y desarrollando actividades artísticas que hoy son parte del acervo que entrega como curador de contenidos museísticos. Su trabajo en el Museo Ruinas de Huanchaca se distingue por su énfasis en la interpretación y las nuevas formas de relacionar colecciones, patrimonio y contenidos con el público a través de la experiencia.
Por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
“Poesía del deleite”. Eso es lo que busca Carlos Riveros cada vez que sale en busca de un nuevo paisaje. Según las palabras de este diseñador gráfico y curador del Museo Ruinas de Huanchaca, “no tengo más pretensión que hacer lo que siento y me apasiona, lograr ser fiel a la magnífica vivencia de reconocerse en lo contemplado, y con los ojos como interfaz, ser tanto observador como paisaje”.
Asegura que de su vagar por la región ha reflexionado que finalmente su “hacer” es un acto poético, consciente y hasta espiritual. Su convicción de que todo es aquí y ahora se grafica por su afición a las imágenes. “Llevo años fotografiando paisajes, geografía, momentos. Años dibujando emociones, ideas y experiencias. Ni experto ni técnico, sólo un agradecido de tener la oportunidad de ver, de registrar, de compartir, de saber que hago lo que me hace feliz” nos cuenta.
¿Qué hace un curador?
Antes que nada, debo aclarar que mi formación como curador es autodidacta y por una necesidad funcional del museo donde trabajo, ya que sentimos que debíamos establecer un discurso que regulara la coherencia, tanto de fondo como de forma. En palabras sencillas y concretas, un curador propone las bases teóricas de los mensajes que las colecciones “relatarán” en la exposición. Intenta asegurar la funcionalidad del museo, preocupándose de establecer una relación potente entre la propuesta expositiva y la experiencia del visitante.
¿Cómo se combina la creatividad propia con el trabajo de otro creador?
Mi experiencia ha sido más bien en el ámbito del museo y centros de interpretación, donde he tenido la misión de otorgar sentido a distintos guiones, con propuestas que van desde la estructura del relato hasta la creación y puesta en escena de mecánicas interactivas. En este sentido, la creatividad se convierte en un valor imprescindible. Afortunadamente, trabajo en áreas que me permiten desarrollar y desafiar de manera constante mi capacidad de idear y pensar situaciones que hagan dialogar la oferta organizacional con las necesidades del público.
El ámbito de las artes visuales es voluble, intenso, transformador, pero, precisamente, esas cualidades hacen que la relación entre el artista y el curador sea sinérgica, donde no se trata de discernir sobre quién es más o menos creativo, sino más bien significa revelar las posibilidades de la obra, que en última instancia adquiere autonomía propia y se “ofrenda” al espectador.
¿Qué elementos se consideran a la hora de organizar una muestra?
Si bien no creo que haya una fórmula, en mi experiencia puedo decir que el tema u objeto de estudio es fundamental. Parece obvio decirlo, pero hemos sido testigos de propuestas que carecen de un constructo temático y quedan reducidas solamente al producto. Y no digo obra porque justamente es la presencia de una temática contingente la que, en mi opinión, consolida una muestra. Esto permite contextualizar y “narrativizar” la obra de arte en un discurso funcional donde se valorice mejor lo que se espera suceda en la exposición ante el público y la crítica: que provoque una respuesta. Que esta sea buena o mala, es relativo, pero ojalá nunca la sensación sea de indiferencia. Es un axioma muy viejo, pero siempre vigente.
¿Es muy complejo de comprender el rol que tiene un curador en una muestra?
Creo que no entender el rol de un curador quizás sea más por un tema de inexperiencia, desconocimiento o falta de hábito. Particularmente en nuestra ciudad, donde, por lo general, las exposiciones están supeditadas más a la intención y “voluntad de obra” de los artistas o de un espacio específico que al discernimiento de un curador. Los cuestionamientos obvios son respecto si el curador ¿organiza? ¿selecciona? ¿legitima? Me parece que esa intersección artista-curador refleja un intercambio constante de ideas, incluso de provocación, pero donde siempre serán dos personas dialogando. Para una comprensión sencilla, digamos que el curador tiene una doble responsabilidad: una, es ser una especie de editor de la obra del artista y, la otra, es con el público: la necesidad de presentar una exposición de manera clara, con un mensaje coherente tanto al nivel del montaje como a nivel del relato o soporte textual.
¿Cómo convertirías la ciudad en un gran espacio de arte?
Democratizando el arte en general, sacándolo de su reducto elitista, a veces críptico y rebuscado, comprendiendo que la producción y conocimiento no nos endiosa ni hace especiales, sino que nos impone una responsabilidad con la gente; hacemos arte porque queremos elevar el espíritu que enaltece el alma humana, la búsqueda de la belleza, la materialización de los imaginarios, la difusión del acervo creativo colectivo y porque sabemos que en la medida que las personas abran su espectro cultural, las posibilidades reales de desarrollo están mejor encaminadas.
¿Sientes que estamos bien encaminados?
Es necesario dejar de lado las mezquindades, tanto entre los cultores de arte como de parte de quienes toman decisiones a niveles administrativos, económicos, educativos y productivos. Las ciudades se transforman cuando las posibilidades creativas no son aplastadas por las necesidades y ambiciones de algunos pocos. Debemos ser los artistas, los educadores, los empresarios, los gestores culturales, entre otros, los primeros en sumar y darle forma a la masa crítica que convertirá a Antofagasta en un polo de desarrollo artístico.
¿Crees que el concepto “museo” está más cercano o más lejano a la comunidad?
Como concepto siento que está en proceso de mutación. Aún las personas sienten que la visita al museo es para ocasiones especiales y, cuando lo hacen, es de manera casi sacra; recorren en un respetuoso silencio, de mausoleo. El cambio se va realizando, pero es un proceso lento. Llevo cinco años trabajando en el museo y sé que modificar los hábitos y comportamientos de las personas es complejo. No obstante, veo a diari que los esfuerzos están siendo mancomunados y mejor dirigidos. El impacto de los nuevos medios y las redes sociales ha comenzado a re-modelar la imagen de los museos y, poco a poco, los públicos van comprendiendo que lo que ocurre en la visita ya no es unidireccional, sino que los invita a dialogar, a construir nuevo conocimiento. Nuestra impronta como institución es precisamente inculcar los valores de reciprocidad en esta relación, para que la visita no sólo sea significativa, sino también repetida en el tiempo. Para esto nos guiamos en un concepto de la Nueva Museología: que el visitante se vaya con más preguntas que respuestas.
¿Qué papel juegan los propios ciudadanos en la puesta en valor de museos y espacios públicos?
Uno preponderante, sin dudas. Entendemos a las personas como protagonistas de su propio proceso de desarrollo. Los ciudadanos son el principal y más importante “bien” de un territorio; por eso, es imprescindible implicar al mayor número posible en iniciativas de dinamización de las artes, la cultura, del patrimonio. El museo se debe comprender abierto y habitado, en constante movimiento y transformación. Por eso es fundamental entregarle al público las herramientas que le permitan situarse, que le permitan ver y aprehender aquello que le ofrece su territorio, siendo el museo el mediador de ese contenido.
“Ofrecemos un producto construido según distintos criterios de selección y, metodológicamente, consideramos la posibilidad de que el público participe de manera interactiva de la oferta museística, teniendo como base sus componentes tangibles e intangibles. Buscamos hacer evidente la condición “contenedora” y de pertenencia para producir pensamientos nuevos y construir significados desde el involucramiento emocional del público”.
¿Qué viene ahora para una ciudad en constante crecimiento como Antofagasta?
Es algo que hemos ido conceptualizando y que, de alguna manera, ha dado forma a la propuesta curatorial que para este año hemos desarrollado. La denominamos “Sentir Territorio” y trata sobre criterios de valor que están implícitos en la imagen de territorio donde subyace cierto carácter identitario. Es necesario re-significar el concepto de patrimonio para recuperar su valor simbólico. Por ello, es relevante apoyar las estrategias de desarrollo local y regional que se sustenten en proyectos integrales de crecimiento sostenible del patrimonio cultural y natural, lo que garantizará un esperado doble efecto: por un lado, la preservación de culturas, monumentos y entornos; por el otro, el desarrollo del territorio en aquellos sectores complementarios como turismo, artesanía, gastronomía, artes, deportes, entre tantos otros. “Comprendemos, entonces, que la ciudad debe adaptarse a su propio concepto y ritmo, de cambio permanente, concepción evolutiva que nos lleva a valorar que el legado ancestral y los testimonios contemporáneos expresan y conservan la vida de una comunidad y su desarrollo, permitiendo la construcción de futuro”.
¿Cómo visualizas el Norte?
¡Indómito! Sin lugar a dudas, pero al mismo tiempo generoso. En este territorio han sucedido eventos que han forjado nuestra identidad e idiosincrasia particular, mediante constantes transformaciones, donde el entorno nos ha desafiado continuamente. Debemos saber apreciar su magnífico potencial natural, así como su potencial humano; nuestro Norte es un crisol de oportunidades que nos desafía a diario y donde cada individuo, cada institución y cada empresa es un agente de cambio y fomento de las posibilidades colaborativas. Desde mi rol en el museo, me gustaría encontrar la forma de vincular al público con el territorio, es decir, con este espacio único donde nos desarrollamos y relacionamos con otros. Implica un proceso de comprensión, entendimiento y explicación del patrimonio territorial unido a la naturaleza de su entorno y el aprendizaje de sus valores implícitos. Integrar este conocimiento y sensibilidad, fomentando actitudes que nos permitan re-valorar el territorio como resultado de la sola experiencia de habitarlo.
"La ciudad debe adaptarse a su propio concepto y ritmo, de cambio permanente, concepción evolutiva que nos lleva a valorar que el legado ancestral y los testimonios contemporáneos expresan y conservan la vida de una comunidad y su desarrollo, permitiendo la construcción de futuro”.