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EDICIÓN | Septiembre 2015

Familias excepcionales

María Soledad Arriagada
Familias excepcionales

La vida por turnos es una realidad cotidiana en las zonas mineras. Estar lejos del hogar o “perderse” eventos familiares importantes, son algunos de los costos que asume quien decide trabajar “en terreno”. Sin embargo, existen una serie de fenómenos emocionales asociados de los cuales no se habla, pero que muchas familias viven y, a veces, no saben cómo enfrentar. Es por ello que esta sicóloga decidió ahondar en esta realidad, como una forma de apoyar los procesos de este particular grupo.

Por Claudia Zazzali C. / fotografía Alexis Yáñez V.

Organizarse y establecer estrategias son las claves para afrontar un estilo de vida por turnos. No es fácil asumir estas separaciones que, muchas veces, vienen de la mano de infinidad de miedos, pero que se asumen como parte de “un trato” que tiene que ver con bienestar económico y posibilidades laborales.

María Soledad Arriagada Márquez es sicóloga clínica y terapeuta familiar y de parejas, con estudios en Chile y el extranjero. Vivió en primera persona esta realidad de dividir el núcleo familiar y, por eso, decidió abordar el tema desde lo cualitativo, descubriendo, con ello, factores comunes en estos grupos: temores, anhelos, responsabilidades, entre otros. Además, se evidenció que este particular estilo de vida requiere que las empresas asuman la importancia que tienen los aspectos emocionales y familiares que se producen, ya que son estos aspectos los que determinan, finalmente, la decisión de quedarse o irse de un trabajo. En la medida que un trabajador esté mucho más tranquilo sabiendo que su familia estará bien apoyada, se mantendrá en la empresa y será un empleado con mejor calidad de vida y, por lo tanto, más eficiente.

“En los países más desarrollados se le da énfasis a la responsabilidad que asume la empresa en relación al apoyo que se le presta a la familia cuando se inicia con este sistema de trabajo. Los especialistas realizan un acompañamiento permanente al grupo para que se adapte a las nuevas condiciones de la vida familiar, y se aseguran de que el trabajador cuente con mejores condiciones de salud mental y física para desarrollar su labor, sabiendo que su familia estará apoyada, tanto por especialistas, como por una comunidad que se transforma en una importante red de apoyo y contención frente a diversas dificultades a través de la cotidianidad”, señala María Soledad. “El desarrollo de talleres participativos preventivos que permitan enfrentar las diversas crisis que se presentan en todas las familias y que en las familias mineras se ven intensificadas por las jornadas excepcionales, sería un buen comienzo para un plan que aborde en su complejidad este fenómeno en el corto, mediano y largo plazo”.

¿Nos puedes resumir el contenido y objetivo de esta investigación?
La minería es una de las principales actividades en nuestra economía, especialmente en el norte de Chile.La actividad minera adoptó, en los años noventa, el sistema de jornadas excepcionales, lo que produce cambios en las dinámicas familiares, asociadas a la dificultad de los trabajadores para compatibilizar los roles laborales y familiares. Tuve en consideración tanto a las familias que viven en ciudades cercanas al yacimiento minero, como a aquellas familias que continúan viviendo en una zona distante y es el trabajador quien viaja a cumplir con su turno laboral y se devuelve en sus días de descanso a su hogar, lo que se conoce como conmutación.

¿Y sus principales conclusiones?
Lo más destacable es que se plantea que este sistema de organización laboral, necesariamente, determina una organización y dinámica familiar distinta. Por lo tanto, las familias con jornadas excepcionales deben asumir que son una forma diferente de ser familia, dentro de la multiplicidad de familias que se configuran hoy en día en nuestra sociedad. Esto significa que es necesario reconocer sus particularidades, de tal manera que esto les permita a todos, como núcleo, comprender y enfrentar de mejor manera la situación contextual en la que se encuentran. Así también, los profesionales y especialistas que tienen contacto con estas familias, deben reconocer sus características distintivas para realizar un adecuado trabajo con ellos, de una forma más contextualizada.

¿Cómo enfrentan las familias esta dinámica de vivir por turnos?
En primer lugar, asumen como un beneficio importante la disociación que debe asumir el trabajador en relación con sus roles laborales y familiares, de tal modo que construyen una forma de funcionamiento en la cual, cuando los trabajadores están en faena, se desconectan de sus roles familiares, con el objetivo de que estos no interfieran con su desempeño laboral. Por el contrario, en sus días de descanso, se dedican esencialmente a su familia, tratando de distanciarse al máximo de sus roles laborales para concentrarse en las actividades familiares que les permiten asumir el rol parental.

Pero no debe ser fácil…
Ambos tiempos presentan características, ritmos y formas de funcionamiento distintos, en los cuales se establecen formas de relacionarse específicas. Este estilo de funcionamiento, si bien es funcional para enfrentar este sistema de trabajo, tiene una serie de costos emocionales asociados.

¿Cómo se vive esta realidad en otros países?
En el estudio, al comparar la realidad chilena con otras investigaciones realizadas en otros países mineros como Canadá y Australia, se observan algunas diferencias respecto al desarrollo que experimentan estas familias a través del tiempo para enfrentar este sistema de trabajo. Las principales divergencias se relacionan con el rol de las esposas y madres. Coinciden en el hecho que las mujeres tienden a independizarse en los aspectos funcionales del hogar, desarrollando espacios de participación en el ámbito externo y se diferencian en que, en otros países, esto estimula a las mujeres a desarrollar un proyecto personal, que generalmente se relaciona con insertarse en el mundo laboral, en ocasiones con altos niveles de exigencia y responsabilidad.

¿Y alguna característica específica de la realidad chilena?
En general, a las familias mineras les caben dos posibilidades cuando se inician en el sistema con jornadas excepcionales: que el trabajador conmute, es decir, se traslade de casa a trabajo, o que la familia emigre a la zona más cercana al yacimiento minero, que generalmente son ciudades más pequeñas que las de origen. Se observa, en general, que la decisión está determinada por la etapa en la que se encuentra la familia, ya que cuando menores son los hijos, más fácil es que las familias decidan emigrar. Pero en la medida que los hijos comienzan sus estudios superiores es más probable que se tome la decisión de no emigrar o de volver a la ciudad de origen y que el trabajador asuma el costo de la conmutación.

EL ESTUDIO

En el año 2009, mientras María Soledad cursaba su segundo año de magíster en Santiago, su marido ingresó a trabajar como supervisor a una minera cercana a Iquique y comienza en un turno de 4x3. “Mi hijo estaba en tercero medio en un colegio en que había estado desde kínder y con la clara decisión de continuar estudios universitarios en Santiago, por lo que para él no existía la posibilidad de traslado. En una primera etapa, mi esposo comienza a conmutar y en una segunda etapa tomamos la decisión de que yo me trasladara a Iquique, renunciando a mi trabajo e insertándome laboralmente en la nueva ciudad, pasando a ser yo quien viajaba semanalmente”, recuerda la profesional.

Fue así que comenzó a vivir la crisis que significaba el tema para su familia, descubriendo que había muy pocas investigaciones desarrolladas que le permitieran, por un lado, hacer frente a los procesos que estaban enfrentando como núcleo y, por otro, abordar terapéuticamente a las familias con jornadas excepcionales que comenzó a atender en Iquique.

¿No existían muchos estudios al respecto?
Pocos y desde lo cualitativo aún menos. Me di cuenta de que si bien las jornadas excepcionales eran una realidad cada día mayor en nuestro país, el tema se encontraba, de alguna manera, invisibilizado y se seguía trabajando con estas familias según parámetros tradicionales que no se adecuaban a su realidad. Es así que inicié la investigación que me permitiera hacer un diagnóstico respecto a la realidad de estas familias chilenas, comparándolas con las características de investigaciones que encontré en países mineros que enfrentan una realidad parecida, como Australia, Canadá y México. Esto me ha permitido desarrollar formas de intervención terapéuticas específicas para este tipo de familias que reconoce sus características y realidad contextual, y que permiten que se desarrollen las herramientas emocionales necesarias para que se mantengan los vínculos y dinámicas relacionales sanas al interior de la familia.

Tu estudio se centra en casos en que el padre es quien trabaja en terreno ¿existen investigaciones respecto a lo que pasa cuando es la madre la que se desarrolla profesionalmente en ese sistema?
En nuestro país no encontré investigaciones al respecto, pero debo hacer notar que cuando lo realicé, hace cinco años, era un tema nuevo, incluso en los países desarrollados que tienen muchos más medios para investigación. Tanto así que en el momento que yo termino mi estudio, ese mismo mes aparece otra investigación en Australia de una autora, Anna Sibbel, que muestra una realidad similar en algunos aspectos con la realidad chilena, pero debido a lo paralelo de las investigaciones no lo pude integrar en su totalidad. A raíz de mi exposición del tema en congresos, de las publicaciones y del contacto con colegas he sabido de nuevas investigaciones al respecto que pueden estar abarcando este aspecto.

¿Crees que es más complicado cuando es la mujer la que trabaja por turnos?
En términos generales, la maternidad y la paternidad son roles que se desarrollan independientemente del género de la persona, por lo tanto, la situación no cambia mucho en relación con los hijos, siempre que exista alguien que se haga cargo del cuidado, contención y mentalización de los procesos emocionales de los niños. No importa si estas funciones las desarrolla el padre o la madre o una abuela. También influyeque si el hijo o hija nacen con este sistema  es probable que naturalice esta organización familiar sin mayores problemas.

¿Crees que existe un «turno ideal»?
Lo primero que debo decir es que a pesar que los trabajadores reconocen una serie de beneficios con el sistema de jornadas excepcionales, al momento de consultarles, la mayoría preferiría tener un trabajo que
les permitiera llegar todas las tardes a sus casas y compartir con sus familias. Teniendo en consideración que las empresas mineras necesitan del ritmo de productividad 24/7, es necesario que la industria haga un esfuerzo por acortar la distancia emocional entre los trabajadores y sus familias, mediante nuevas estrategias en el área de recursos humanos que permitan un mejor aprovechamiento de los recursos tecnológicos y técnicos con los que se cuenta, todo en pos de generar sociedades que crezcan más sanas y felices.

 

El desarrollo de talleres participativos preventivos que permitan enfrentar las diversas crisis que se presentan en todas las familias y que en las familias mineras se ven intensificadas por las jornadas excepcionales, sería un buen comienzo”.

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