Sloman fue un agradecido de Chile. En Hamburgo, su ciudad natal, inmortalizó su nombre. Compró un terreno de casi seis mil metros cuadrados, contrató al ingeniero Fritz Höger y le pidió que diseñara un edificio en forma de barco que hoy es Patrimonio Mundial de acuerdo a la Unesco.
Respondiendo a los llamados de su amigo Herman Fölsch, Henry Sloman partió de la ciudad alemana de Hamburgo rumbo a Iquique en 1872. El boom salitrero estaba en pleno desarrollo. Era un joven de veintiocho años. Llegaba con la fe y esperanza de hacer fortuna. Su amigo Herman estaba asociado con su compatriota Jorge Hilliger. Sloman fue contratado como empleado de la empresa. Desde ese cargo comenzó su ascenso y pronto estaría dirigiendo su propia empresa salitrera. Se arriesgó en las pampas de El Toco, pasando por alto la advertencia de algunos sobre la pobreza de aquellas.
Levantó la oficina Buena Esperanza. Luego otras: Bellavista, California, Empresa, Gruta y Santa Fe. La falta de agua era el mayor obstáculo de la empresa de Sloman. Sin amilanarse buscó la solución, pues el río Loa estaba a pocos kilómetros de las salitreras. Entonces surgió la idea: empozar las agua; del río y formar una laguna. Esa agua retenida se canalizaba y la caída del líquido provocaba gran presión. Así se obtenían dos efectos positivos: proveer de agua a las oficinas y, además, generar una planta de energía hidroeléctrica, en el desierto más seco del mundo. Agua y electricidad, dos bienes inconmensurablemente útiles para la producción de salitre. Tres motores de 400 Hp daban la electricidad a este lugar que hoy está declarado Monumento Histórico.
Sloman fue un agradecido de Chile. En Hamburgo, su ciudad natal, inmortalizó su nombre. Compró un terreno de casi seis mil metros cuadrados, contrató al ingeniero Fritz Höger y le pidió que diseñara un edificio en forma de barco que hoy es Patrimonio Mundial de acuerdo a la Unesco.
Treinta y seis mil metros cuadrados de construcción dan forma a un edificio curvo, al que se accede por una puerta que lleva el escudo y que termina en una punta que semeja a la proa del buque. 4,8 millones de ladrillos levantan los diez pisos del edificio. Las obras se iniciaron en 1922 y terminaron en 1924. Las cuantiosas inversiones gastadas para la construcción de la Chile Hausen, provenían del salitre chileno.
DE TOCOPILLA CON AMOR
En 1912, un anuario alemán afirmó que Henry Sloman era el hombre más rico del mundo con una fortuna de sesenta millones de marcos. Sloman construyó en Tocopilla sus propios muelles. La compañía naviera de Hamburgo Laiesz, organizó el transporte con los veleros veloces de propia construcción, los llamados "Flying P-Linern", que hacían la ruta por el Cabo de Hornos. En 1902, el "Preussen" fue lanzado al agua, un velero de aparejo completo de cinco mástiles, el velero más grande sin máquina auxiliar, con un desplazamiento de 11.150 toneladas.
A comienzos del siglo XX, Hamburgo fue el puerto de tránsito más grande del mundo para el salitre chileno. Los empresarios Fölsch, Martin y Sloman estuvieron exentos de pagar impuestos en Chile, y Hamburgo decretó una ley especial, en 1900, la cual liberaba a los acaudalados inmigrantes del pago de impuestos. En los círculos comerciales de Hamburgo se le llamó a esta ley "Lex Sloman".
Ricardo Sloman, hijo de Henry Sloman, escribió, en 1974, en sus memorias: "Yo mismo, como economista, calculo que el dinero traído de regreso por los alemanes, entre 1870 y 1901, alcanzó la suma de cuatro mil millones de marcos, de los cuales mil millones se quedaron en Hamburgo y sus alrededores, y tomando el poder comprador de la época, tres a cuatro veces más alto que hoy".