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Entrevistas

EDICIÓN | Septiembre 2015

El arte de leer

José Antonio Yuri dueño de la librería Qué Leo de Talca
El arte de leer

Aunque ingeniero agrónomo, siempre fue un amante de los libros y su sueño era tener una biblioteca. Así nació la idea de crear su propio emprendimiento y compartir con la gente el arte de la lectura, trayendo a Talca la concesión de una de las mejores librerías del país.

Por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P.

La librería Qué Leo en Talca es un lugar diferente a los de su tipo. Al entrar, el visitante se siente en casa, pues el calor de hogar irradia, es como estar en el living acompañado de una estufa a leña y personas gratas que no buscan invadir, sino que compartir, en un lugar íntimo, personalizado, en donde se puede participar de tertulias y ver, incluso, cine.

El dueño de este lugar es José Antonio Yuri, un ingeniero agrónomo, doctorado en la Technische Universität München-Alemania. Oriundo de la capital, cuenta que siempre fue buen lector, y que siempre quiso ser profesor, por lo que, una vez terminada su carrera, empezó de inmediato a ejercer como docente de laUniversidad de Chile. Luego fue a cursar su doctorado en Alemania. En ese minuto sus motivaciones  profesionales y literatas se unen, pues junto con esa sed de conocimientos, quería ir allá para aprender el idioma y poder leer a Nietzsche y Hermann Hesse en su idioma original.

En ese país se casó y volvió a Chile acompañado. Una vez aquí decidió terminar con el ajetreo de la gran ciudad y venirse a echar raíces a Talca, en donde empezó a trabajar en la universidad de la ciudad. De eso hace más de veinte años. Cuenta que su lado B es el haberse dedicado a la agronomía, pero que su lado A siempre fueron los libros. “Si no hubiese iniciado este proyecto de librería, de alguna forma se me hubiese apagado el alma”.

CONCRETANDO UN SUEÑO

José Antonio es un hombre increíblemente curioso, muy inquieto intelectualmente. En sus lecturas de prensa comenzó a aparecer muy seguido el nombre de Juan Carlos Fau, un periodista que fundó la librería Qué Leo en Santiago y que generó toda una nueva onda en torno a la lectura. Es así como se decidió a conocerlo y, luego de algunos llamados, pudieron concretar esa anhelada reunión. Se llevaron muy bien, intercambiaron ideas y así nació este nuevo proyecto en Talca.

¿Siempre quiso tener una librería?
Desde muy pequeño me gustan los libros. Los compro y leo con fruición. Invierto buena parte de PIB en ellos. Yo no sé si quería una librería; me hubiese gustado tener una biblioteca, pero esto me permite traer más textos, poder revisarlos y compartirlos.

¿Cuántos ejemplares mantienen?
La casa puede albergar hasta diez mil ejemplares. En este momento tenemos cerca de seis mil. Pronto tendremos el catálogo más amplio y completo de Talca, no necesariamente en novelas, pero sí en ensayos.

ÚNICA EN SU TIPO

¿No es una osadía abrir una librería en Talca?
Todavía lo pienso, pues aún subsidio parte de esta iniciativa, aunque la curva de ventas va subiendo y si se mantiene así, a fin de año debiéramos comenzar a flotar. En cierta forma es una locura lo que hicimos, pero si no se concretaba, sentía que algo en mí moría. Por eso esta es una apuesta a largo plazo. En dos años veremos si resulta, de lo contrario, se transformará en mi biblioteca privada, aunque estoy convencido de que no va a ocurrir eso, porque las cosas se están haciendo adecuadamente. Esto no es una impostura cultural, sino una forma de vida para mí.

¿Cómo ha sido insertarse en la sociedad talquina?
Los lectores siempre están y nuestro cálculo es que necesitamos sólo doscientos leales para poder sacar adelante el proyecto.

¿Por qué es importante para usted esta librería?
Para salvar, de alguna forma, mi alma. Es un negocio que tenía que hacer, mi propia necesidad de estar entre libros, donde me siento protegido, en un ambiente cálido. Deseo que sea un punto de encuentro y que trascienda.

Juan Carlos Fau dice que la librería necesita tener la personalidad del dueño. ¿Este Qué Leo lo refleja?
Sí, completamente: es limpia, clara, ordenada, boutique, elegante y de limitadas visitas. Somos muy disciplinados, honestos y algo elitistas, pues nos interesan sólo personas que lean.

¿Qué es lo que caracteriza a esta librería?
El catálogo, pues se exponen textos que son difíciles de encontrar en Talca e, incluso, en Santiago. Aquí minoritariamente hay novelas, la relación debe ser treinta por ciento versus el setenta por ciento de ensayos. Algunos son caros y no consignados.

¿Desde siempre quisieron hacer actividades culturales?
Sí, mientras instalaban las repisas yo señalaba dónde iría el telón para exhibir cine; eso estaba clarísimo. Hacemos tertulias, lanzamientos de libros. Además, cuando vienen niños, Carmina —administradora— les lee cuentos en el sector de literatura infantil.

¿Quiénes han venido a presentar libros?
Adriana Bórquez presentó, en junio, su libro Un exilio, que es la historia de esta mujer que fue detenida en Colonia Dignidad, para luego exiliarse en Oxford, Inglaterra. También estuvo Alejandro Morales, director del Museo O’Higginiano. Vamos a lanzar libros en forma regular. En junio se dio inicio a tertulias los días sábados a partir del mediodía.

LA NUEVA ERA

¿Con internet el libro ha ido perdiendo terreno?
Los lectores de tabletas han ido a la baja, salvo la lectura de novelas en ciertos segmentos etarios. Pareciera que el resto viene de vuelta; como que el péndulo llegó al máximo y retorna.

¿El libro digital es la salvación o la perdición?
Creo que para viajar es una buena alternativa. Hay un estudio en Europa que mostró que a niños de una misma edad, divididos en dos grupos, los hicieron leer en papel y en digital, reteniendo más información aquellos que leyeron el libro en formato impreso.

¿Es reemplazable el libro?
Es reemplazable, tal vez cuando se acaben los bosques o cuando se hagan viajes espaciales, pero en muchos años más. El leer un libro es un hábito que se ha cultivado por quinientos cincuenta años, cuando Gutenberg diseñó la imprenta de tipos móviles.

¿Qué piensa del impuesto al libro?
Ese no es para mí el principal problema de la falta de lectura. Si se elimina el IVA pienso que no aumentará mucho el hábito de leer.

El problema principal en Chile es que un libro cuesta, en promedio, el doble que en España o en Perú. Bajar el diecinueve por ciento no sería suficiente para desplazar la elasticidad demanda-precio. Debiera ser mucho mayor.

¿La falta de lectura, es sólo un factor de precio?
No. No digo que vaya a leer toda la población. Si hoy se tiene menos de un diez por ciento de buenos lectores, quizás con esa medida se pueda llegar al ¿doble?

DATOS

¿Cuál es el libro más vendido?
No lo sé aún. Pero nuestro libro símbolo es una novela infantil escrita para adultos: Momo, de Michael Ende, que habla de una niña que empieza a darse cuenta de que sus amigos dejan de prestarle atención, por lo que se da a la búsqueda de quién está robándoles el tiempo. Es conmovedora y debieran leerla todos que sienten que el tiempo no les alcanza para gozar lo cotidiano.

¿Si tuviera que elegir a su escritor favorito?
William Shakespeare, nadie ha escrito como él. Toda el alma humana está en su obra. Lo leo siempre, lo cito en mis clases. No hay nada mejor. Su equivalente en cine sería Ingmar Bergman. Mis otros favoritos son Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa, a quienes admiro. El mentiroso de Borges es sencillamente genial.

¿Qué libro puedo recomendarle a la gente?
Momo. Es nuestro emblema de fondo como librería.Si tuviera que recomendar algunas, serían: El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas y Las benévolas, de Jonathan Littell.

¿Usted escribe?
En mi mundo académico sí, pero no en esta faceta humanista, lamentablemente. Tengo más de un centenar de papers y algunos libros en mi especialidad, fruticultura. Soy mejor lector y expositor, y no muy buen escritor.

 

"Si tuviera que recomendar algunas novelas serían: El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas y Las benévolas, de Jonathan Littell”.

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