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EDICIÓN | Septiembre 2015

Cebada y montaña

Experiencia Beer Camp

Dos pasiones: el outdoor y la cerveza fueron las que hicieron que el rancagüino Cristián Izquierdo, diseñara un proyecto único para quienes gustan de las excursiones y la cebada. Beer Camp se llama este recorrido por tres días para llegar a la laguna Los Piuquenes, de la Reserva Nacional Río de los Cipreses.

Por María José Pescador D. / fotografía gentileza de Cristián Izquierdo. Edición fotográfica Danny Bolivar U.

La idea de este recorriendo nace de Cristián Izquierdo, dueño de cerveza Cooper, oriunda de Rancagua. A él le gusta la vida al aire libre, las excursiones en donde siempre va acompañado de su propia cebada bien helada, o bien de la de su socio, César Faúndez, quien hace la cerveza Caudillo. “Esto nace de la necesidad de que los rancagüinos salgan de sus casas, conozcan lo que tenemos y lo disfruten. En Rancaguano hay mucho que hacer, es una ciudad de paso o de trabajo, esto esuna alternativa absolutamente distinta, una experiencia única cerca de la ciudad. Y también de las ganas de dejar de fabricar sólo cerveza y compartir con gente las cosas que más me gusta hacer”.

Con las ganas de hacer “turismo cervecero”, es que los socios presentaron un proyecto IDM de SERCOTEC —Iniciativa de Desarrollo de Mercado—, que trata de innovar presentando planes diferentes e inexistentes en el mercado, y lo ganaron. Dentro de este programa ellos pudieron crear una sala de ventas en la fábrica que tienen en conjunto, un mesón de catas, vitrinas para exponer las cervezas, y la implementación de distintos talleres: uno de catas, otro de elaboración de cerveza, y el taller seiscientos, en donde la gente hace su propia cerveza y se lleva seiscientas botellas de lo que producen a su casa. Y por último está el taller: “La experiencia Beer Camp”, que trata de salir a distintas excursiones.

La de este Recorriendo es una experiencia en la Reserva Nacional Río Los Cipreses. Con un máximo de ocho turistas y la ayuda de dos arrieros, Cristián sube por la reserva hasta alturas inesperadas durante todo el fin de semana con la idea de llegar hasta la laguna Los Piuquenes. Se acampa arriba, se hacen asados, cordero al palo, y se toma toda la cerveza que se quiera sin parar. Además, los pasajeros disfrutan de cursos de cata con paisajes realmente maravillosos, y muy poco conocidos, ya que para subir hay que tener un permiso especial y contar con todos los requerimientos de seguridad necesarios. No se recomienda ir con niños a este paseo ya que todo se recorre a caballo, y las distancias son largas, se pueden pasar fácilmente ocho horas arriba del animal.

ALTURAS ASOMBROSAS

Sólo hay que llevar un saco de dormir, de todo lo demás se encarga Cristián: traslado, comidas, cerveza, entre otros, en lo que son tres jornadas asombrosas. El primer día se parte a las ocho de la mañana, y tipo cuatro de la tarde se llega al refugio. Aquí se almuerza, se hace una cata de vino con la brisa y la vista de las montañas. Al día siguiente se sigue subiendo hasta llegar a la laguna.

“En este caso fueron cinco turistas, los dos arrieros y yo. Nos juntamos en la mañana en la reserva Chacayes, en donde hay un centro de camping que está a seis kilómetros desde la administración o acceso. Once kilómetros más arriba, nos juntamos con los arrieros, los caballos y las mulas que llevan la carga. Este sector se llama Maitenes. Hasta aquí llegan los autos”.

Cuatro horas a caballo y el equipo llega al refugio Urreola. Muy rústico, con una letrina y una ducha que consta de una manguera que cae entre medio de matorrales. “Las condiciones son básicas, aquí se viene a experimentar, a disfrutar del increíble paisaje que tenemos. Durante el recorrido se ve el valle del Cachapoal, y pronto el cajón del río Cipreses, que está rodeado de altas cumbres de unos tres mil quinientos metros de altura promedio. En este camino se pueden observar algunos petroglifos, y sentir el olor de los peumos, quillayes, espinos o maitenes”.

La reserva tiene treinta y siete mil hectáreas, en donde se han encontrado más de mil doscientos petroglifos o “arte rupestre”, hechos por recolectores que vivieron en el sector décadas antes de la llegada de los españoles. Así va contando la historia uno de los arrieros, Ángel Lara, quien lleva cuarenta años subiendo por estos senderos.

Luego de montar las carpas y sacar todo lo necesario, se empieza a disfrutar del silencio, o del relajante ruido del agua que baja por las quebradas, del canto de los pájaros, de los árboles milenarios con troncos gigantescos. Llega el anochecer, el asado está listo y las cervezas bien heladas. “Les enseño los diferentes estilos de nuestras cervezas, y así empiezan las preguntas y la conversación. Esto tarda una hora y media más menos, suficiente para que los pasajeros se vayan a acostar, muchos llevan whisky pero no llegan a tomarlo; me preocupo de que no les haga falta tomar otra cosa que no sea nuestra cerveza. A las ocho de la tarde, hay algunos que ya están durmiendo… ”.

MÍSTICA CON LA PACHAMAMA

Entre Cooper y Caudillo, los socios tienen ocho estilos de cervezas, más las Beer Camp, elaboradas especialmente para estos recorridos o para quien gusta de probar cosas distintas o regalar algo inusual. “Estas son cervezas de edición limitada que van variando su estilo durante el tiempo. Se hizo pensando en algo distinto, un formato más elegante, en donde no hacemos más de doscientas botellas por edición o receta. Esta es nuestro ícono, ya que es una fusión entre Cooper y Caudillo”.

Cristián cuenta que los pasajeros quedan impactados de la belleza del lugar, un lugar que no se ha modificado nunca, donde todo está igual a como “Dios lo creó. No hay cables, caminos, gente, no hay nada. Hay que pensar que pocas personas han hecho esta travesía, no es fácil, se debe contar con los caballos adecuados, que se sepan el camino ya que las subidas y bajadas son extremas. Además, sólo hay dos arrieros que tienen el permiso de la CONAF para subir, que son los que están capacitados. Por otro lado, en una excursión sólo puede subir un grupo de no más de cuarenta personas. Según mis cálculos y lo que le pregunté al arriero, llegué a la conclusión de que arriba no han llegado más de quinientas personas en toda la existencia de este lugar”.

Luego de una noche bien tomada y comida, el segundo día, tipo diez y media de la mañana, vuelve la cabalgata con el fin de llegar a la laguna.

“Arriba se puede ver de todo, pero hay que tener suerte. Podemos encontrarnos con pumas, guanacos, zorros, piuquenes, y los loros tricahues que se ven constantemente”. Este recorrido es de tres horas y media subiendo todo el rato, la laguna está a dos mil doscientos metros de altura. A veces hay nieve ahí mismo, todo el panorama es increíble. Estar en un lugar tan desamparado, por decirlo de alguna manera, y poder montar, con ese escenario, una degustación de este tipo con su propio enólogo es lo mejor, la gente queda impactada, lo valoran mucho. Esto no tiene nada que ver con las degustaciones normales que son encerradas en una sala de hotel, o algo parecido. Aquí uno se olvida de todo, los celulares no tienen señal, no hay comunicación con nadie más, estamos con el paisaje, debajo de cipreses milenarios, con el fuego de los corderos asándose y la cerveza en la mano enfriadas con el agua del río... La mística es increíble, una experiencia con la tierra misma, con la Pachamama; no hace falta nada más”.

 

Nuestro dato:
contacto@beercamp.cl / www.beercamp.cl / Cristián Izquierdo: (09) 7988 2851

*La experiencia Beer Camp también se replica en otras zonas de la región, para quienes quieren practicar surf, trekking y lo que el cliente guste.

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