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EDICIÓN | Septiembre 2015

Experiencia sensorial

Hotel Boutique Refugio El Molle
Experiencia sensorial

Son dos hectáreas y media que invitan al relajo y a la desconexión. Un espacio donde convergen en armonía, los cuatro elementos de la naturaleza y donde se respira identidad. Su infraestructura, decoración y paisajismo representan la cosmovisión andina, un concepto que se materializa en cada detalle y que, a la vez, nos transporta al pasado. Nada aquí es al azar y se nota… de principio a fin.

Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

A treinta y cuatro kilómetros de La Serena se encuentra El Molle, una de las localidades que debe su nombre al primer pueblo agro alfarero prehispánico, asentado en esta zona del norte y que, en 1938, fue descubierto por el investigador alemán, Francisco Cornely.

Cerámicas, pipas de piedra, adornos en cobre laminado y el tembetá (sepultura con ruedas de piedra en la superficie) constituyen los elementos que caracterizan a la Cultura Molle, asentamiento indígena que se desarrolló en los valles transversales del norte de Chile, entre ellos, el Elqui y que es reconocido como un legado cultural, gracias a sus diversas representaciones, tanto de su cosmovisión, como de sus creencias y costumbres.

Rescatar parte de esta herencia histórica y materializarla, a través del arte y del diseño, es lo que motivó a la familia Aoun Gómez —propietarios del Complejo Turístico Refugio El Molle— a aventurarse en un proyecto con categoría de Hotel Boutique. En tan solo sesis meses, lo que nació como un sueño, en mayo del año pasado, se concretó.

“Cuando compramos este terreno de dos hectáreas y media, había dos casonas de ladrillo estucado. Era solo la obra gruesa, es decir, muros y techos. Siempre pensamos que estaba diseñado para un hotel, pero la idea de que esto fuese un hotel boutique surge porque en esta localidad existió un asentamiento de la Cultura Molle. Nuestra intención fue dar un sello de identidad al lugar, rescatando el concepto de cosmovisión andina y poniendo en valor la pureza de nuestros cielos”, recalca Patricio Aoun.

PIEZAS ÚNICAS

Un portón eléctrico, ubicado al interior del complejo, marca el ingreso al recinto. El camino, bordeado por una arboleda, nos conduce hacia la casona principal de seiscientos metros cuadrados, pintada de un suave color canela y en la que sobresalen sus amplias puertas y ventanas de pino oregón.

En el hall y sobre un arrimo, aparecen las primeras piezas arcanas que hacen honor a la cultura Molle. Son réplicas de pipas y vasijas elaboradas por un artesano, que contó con el apoyo profesional de la arqueóloga, Carolina Flores. A futuro, comenta Patricio, estas piezas serán puestas en una vitrina para protegerlas y cada una contará con una breve reseña histórica.

Un enorme mural de cerámica de los hermanos Palominos cubre la pared de la recepción. Su temática es otra manifestación artística que refleja el propósito e identidad del Hotel Boutique, al igual que otros dos cuadros de estos destacados artistas regionales, los que se lucen en la casona más pequeña.

Desde la recepción se ingresa a la cocina, al comedor con capacidad para veintiséis personas y a una sala de estar. Aquí sobresalen una enorme chimenea que separa los ambientes y una serie de elementos decorativos, entre ellos, un cuadro de material reciclado que representa una imagen indígena, creado por el artista visual Abner Galindo y unas lámparas de pie y de muro con dibujos diaguitas, elaboradas por el especialista en grabado, Karl Mikael Ekman.

En el otro extremo de la casona principal, un largo y luminoso pasillo conduce a las cinco habitaciones: cuatro estándar y una suite presidencial. De los altos muros del corredor cuelgan telares de gran formato, sostenidos por una imponente y noble madera. La diseñadora textil Karen Herrera fue la encargada de brindar color, textura y calidez a las habitaciones. Sus telares de vellón y lana natural están dispuestos sobre las cabeceras de las camas, las que hacen juego con pieseras y cojines.

Otro importante elemento de nuestra región fue incorporado en el diseño, pero esta vez en los baños de todas las habitaciones. Los lavamanos fueron hechos con la piedra nacional combarbalita. Un artesano de la localidad de Combarbalá fue el responsable de hacer estas obras, que sin duda predominan sobre los vanitorios, por su original forma y color.

“Todas estas piezas son únicas y fueron elaboradas, especialmente, para armonizar el hotel. En este pueblo y en la región viven varios artesanos, de manera que los incluimos con su aporte cultural y les brindamos toda la autonomía para que eligiesen las obras”, acota Patricio Aoun.

“Nuestros huéspedes, en especial los extranjeros, siempre aprecian y valoran la intención del lugar, porque no existe mucha información sobre la Cultura Molle. Rescatar su historia, sus costumbres y creencias, indudablemente crea valor, ya sea a través del turismo, del arte o del diseño”, agrega Juan Carlos Aoun.

JARDÍN TEMÁTICO

Al final del pasillo y con una vista predilecta hacia el colorido jardín, se encuentra la suite presidencial. Son sesenta y siete metros cuadrados de superficie para disfrutar y relajarse, porque además del dormitorio y una sala de estar, tiene el privilegio de contar con una sala de masajes con camas de piedras de Jade y una bañera de hidromasaje.

La otra casona, separada de la principal por un spa, mide trescientos metros cuadrados, tiene ocho habitaciones, de las cuales dos gozan de la mejor vista panorámica del lugar: el jardín temático.

La paisajista Pilar Aguirre tuvo la misión de trabajar codo a codo en la reconstrucción del hotel boutique. Además de diseñar los jardines de todo el entorno, el punto neurálgico de su obra es un jardín central con forma de chacana, símbolo de la cultura andina. En el centro, sobresale un reloj de sol de grandes dimensiones, bordeado de hierbas medicinales y plantas aromáticas, entre ellas, lavanda, cedrón, tomillo, jazmín, ilán-ilán y flor de la pluma.

Un sendero va marcando el camino hacia la pérgola de este jardín central, es un circuito de paseo y estacionalidad, diseñado para que los huéspedes puedan deleitarse con las bondades naturales que brindan las cuatro estaciones del año. “La idea es que al caminar por los senderos, las personas puedan sacar y disfrutar una naranja en el invierno y un durazno o damasco, en el verano. Además de los árboles frutales, tenemos una huerta para que las personas puedan vivir la experiencia de cosechar y, luego, prepararlo en nuestra cocina, es decir, que se incorporen a esta temática”, señala Patricio Aoun.

¡MÁXIMO RELAJO!

El uso ilimitado del spa para los huéspedes del hotel boutique, sin duda, es otro plus de su confortable infraestructura. En cerca de doscientos metros cuadrados, este espacio fue acondicionado con una piscina temperada a 32ºC, dos cabinas de sauna seco, una sala de baño turco, una sala de masajes con camas de Jade, camarines y baños.

Al igual que en la casona principal, el spa cuenta con una zona de tetería. Té, hierbas, café y agua se disponen en una acogedora mesa, para hidratarse en todo momento.

LAGUNA NATURAL

Frente a la terraza de la casona principal y bordeada de un tupido jardín de plantas, árboles, flores y piedras se emplaza la piscina, junto a una pequeña playa de gravilla. “Quisimos hacer algo diferente, porque el complejo ya cuenta con tres piscinas. En este caso, nosotros usamos cloro solo para mantenciones mayores, porque esta piscina funciona con filtros naturales y plantas que oxigenan el agua y eliminan el alga. Estas plantas crecen debajo de las piedras que la bordean y el agua es de vertiente que nace en el lugar”, agrega Patricio.

A esta piscina que permite disfrutar de un baño reparador, frente a las altas temperaturas del lugar, se suma una laguna natural, que sorprende al final del terreno y en medio de amplios jardines. Eso sí, este es un espacio para admirar y contemplar, pues es el hábitat natural de peces de colores, patos y gansos. Una zona de hamacas y un quincho para compartir un momento especial entre huéspedes, es la idea de este espacio.

Otro punto de encuentro y donde surgen vínculos y amistades es el fogón. En el centro de la terraza de la casona principal se construyó un gran espacio circular que permite encender la leña y generar un cálido ambiente, durante las noches. Desde aquí se pueden apreciar las correderas de la casona, los jardines, la piscina y un cielo magníficamente estrellado.

“Esto nació como un proyecto familiar y apostamos a eso. Nosotros no tuvimos una asesoría especial; a pesar de que recibimos varias sugerencias, decidimos hacer lo que siempre habíamos pensado y, también, aprendimos de los errores”, concluye Patricio Aoun.

El resultado de este conmovedor espacio salta a la vista y no cabe duda que la intención es tarea cumplida. Una experiencia que no solo reactiva los cinco sentidos, sino además nos trasporta a nuestros antepasados, revelando la magia y misterio de lo vivido.

 

Otro importante elemento de nuestra región fue incorporado en el diseño, pero esta vez en los baños de todas las habitaciones. Los lavamanos fueron hechos con la piedra nacional, combarbalita.

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