Su vida es un ejemplo de perseverancia. Asume cada uno de los desafíos que la vida le pone en frente desde el corazón, buscando entre líneas los mensajes que puedan estar escondidos entre el trabajo y el desarrollo profesional. Hoy, dirige el Centro Transpersonal, un lugar de estudios para el ser humano integral, un reto que quiso aceptar para aportar desde la sicología a mejorar la calidad de vida de las personas.
Por Claudia Zazzali C. / fotografías Andrés Gutiérrez V.
Sava Simonovic no cree en las casualidades. Para ella, cada situación tiene una sincronía única, que es una oportunidad para aprender. "Somos seres de paso y debemos aprovechar cada instancia para crecer", asegura convencida.
Hoy está cursando el segundo año de sicología, carrera de la que se enamoró después de muchos años de trabajo orientado al marketing y a la venta de equipos industriales para la minería.
<strong>¿Cómo ha evolucionado tu vida profesional?</strong><br /> Salí del colegio y siempre trabajé. Estudié cuatro años diseño, intenté en algunas otras cosas, pero no tenía nada muy claro. Quería un buen trabajo y mi hermano me aconsejó que cuando me encontrara con alguien conocido le dijera frontalmente "¿tienes algún trabajo para mí?". Un día en el gimnasio me encontré con Mauricio Medel, le hice la famosa pregunta y me ofreció ser digitadora, ingresando facturas en su compañía. Poco a poco fui avanzando en la empresa y hasta hoy estoy ligada a Conymet, trabajando ahora con Manuel Medel, en el área de ventas.
<strong>¿Y no pensabas en ese rato estudiar una carrera?</strong><br /> Siempre tuve el bichito de estudiar e intenté varias carreras. Estuve un año en ingeniería comercial, después administración de empresas. Buscaba perfeccionarme en el trabajo, pero nunca terminaba. Siempre he querido crecer y busqué mejorar en mi área, porque empecé a ir a reuniones importantes y tuve grandes logros, a pesar de la falta de la formación académica. Mi escuela en Conymet era como la de la antigua Roma: la guagua se tira al río y si sobrevive es apta. Y yo he sobrevivido nueve años.
<strong>¿Te va bien?</strong><br /> Bien. En el área comercial, sobre todo, me iba bien, lo hacía bien. Pero en este momento siento que los viajes a la mina ya cumplieron un ciclo.
<strong>LA MAGIA</strong>
"Cuando me hice cargo del Centro Transpersonal yo no sabía nada de sicología. Solo sabía que a mí me encantaba por alguna razón. Después del trabajo me venía al centro a ver cómo iban las cosas. Primero pensé en contratar a alguien para que administrara, pero tomé algunos cursos y empecé a descubrirme, a entender los patrones que me frenaban y entré de lleno a este mundo un poco desconocido que es lo alternativo, la extensión de conciencia, vivir aquí y el ahora", declara Sava, convencida.
<strong>Vivir el aquí y el ahora, pero igual hay que pagar las cuentas...</strong><br /> Creo que todo está dentro de uno mismo. Aprendí a relajarme más, yo sé que tengo que pagar las cuentas, pero cuando tengo cubierto lo básico me entrego y espero. Creo en el dar y recibir; mientras tú más das, el universo siempre te va a compensar.
<strong>¿Así tan convencida?</strong><br /> Pasan cosas que son mágicas. De hecho, el Centro Transpersonal estaba en otra casa y cuando la dueña me dijo que iba a vender, estuve a punto de cerrar. Estaba agotadísima, junté a todos los que trabajan con nosotros y les anuncié mi decisión: si no encontraba un lugar, el centro se cerraba. Pero algo me detuvo y esperé un poco. De la nada apareció esta nueva casa, el tema de estudiar sicología, todo de un viaje, ¿cómo no creer en la magia?
<strong>Después de haber intentado en otras carreras, ¿por qué te decidiste ahora a estudiar?</strong><br /> Rompí paradigmas, no más. Me convencí a mí misma que era más autodidacta y que no iba a ser capaz de leer un libro completo y aprender. Estaban todos esos rollos autoimpuestos, que he logrado ir derribando. Superé el primer año con todo aprobado y siento que me enamoré de la carrera, es otro mundo.
<strong> </strong>
<strong>¿Cómo combinas este desafío con tu trabajo más formal?</strong><br /> Mis jefes son un tesoro. Saben que, para mí, el centro es un pilar en mi vida y que en estos momentos estamos funcionando como Organismo Técnico de Capacitación, con todas las de la ley, y siempre me han apoyado. Eso genera un compromiso fuerte, porque Conymet ha sido una escuela, hice carrera ahí.
<strong>Pero es muy loca esa dualidad: el frío mundo financiero y la espiritualidad.</strong><br /> A eso me refiero con las causalidades. Yo siempre he estado bien en la empresa. Tenía treinta años y había viajado dos veces a Europa, me compré un departamento, me compré un auto, pero había algo más que faltaba. Todos los días tenía esa sensación de ya ¿y?, ¿qué más?, ¿voy a seguir subiendo a las minas a tres mil metros de altura, viajando ocho horas para terminar en mi balcón sentada sola con esa angustia? No, definitivamente no podía ser todo. Por eso decidí tomar terapia y apareció en mi camino María Rosa Salazar, una de las dueñas y gestoras del Centro Transpersonal.
<strong>¿No sabías qué era la sicología transpersonal?</strong><br /> Llegué sin querer, derivada por un médico. Y me encantó porque, además de la sicoterapia tradicional, exploramos mucho en mi esencia. Me enseñó el poder de la mente, que cuando se quiere, se puede. Una de las tareas que me encomendó fue hacer una lista de mis sueños. Los trabajamos y fue impresionante para mí. Primero me produjo una crisis existencial, cuando miré desde la galería el agitado mundo de las platas, decidí que me interesan más las personas. Ver cómo los pacientes llegaban al centro y se sentían tan protegidos me provocaba algo muy especial.
<strong>DE PACIENTE A DUEÑA</strong>
Sava estaba terminando su terapia cuando María Rosa le anunció que, por motivos personales, debía irse de Antofagasta y que, por lo tanto, el Centro Transpersonal se cerraba.
<strong>¿Cómo tomaste esa noticia?</strong><br /> Me morí de pena. No podía creer que un lugar que me había ayudado tanto a crecer desapareciera de un día para otro. Y pensé en las personas que necesitan ayuda. La cuestioné mucho. Un día me dijo: yo me voy, te dejo el Centro; lo tomas o lo dejas.
<strong>Guau. Tremenda apuesta.</strong><br /> Dije que sí, casi sin pensarlo. Ya me había arriesgado antes, así que fui adelante sin tener la menor idea de lo que tenía que hacer. Es como si de repente te pasan un auto sin saber manejar. Tenía todo, pero ¿qué hacía con eso?
<strong>¿Y qué hiciste?</strong><br /> Me costó creerme el cuento y empecé a administrar como me iba saliendo. Pero las cosas fueron ordenándose de una manera increíble. Entendí que no debo forzar las situaciones, sino concentrarme y trabajar para conseguir mis sueños. Así ha pasado con todo, con la actual casa que tenemos en plena Avenida Brasil, con los cuarzos, con la OTEC. Todo ha resultado cuando tiene que resultar.
<strong>¿Cómo ha funcionado esto de dictar cursos?</strong><br /> Creo que eso también surgió desde el instinto. Como antofagastina, siempre me molestó que cada curso, seminario o taller importante se realizara en Santiago. ¿Y las personas que no pueden viajar? Ya sea por recursos, por distancia o por razones familiares, era una situación muy injusta. Entonces me propuse aprovechar el centro para generar estos perfeccionamientos. Y comencé a recibir ofertas de expertos disponibles para realizar sus cursos acá. Comenzamos a formar instructores de yoga para adultos y niños, cursos para profesionales. ¡Hasta talleres de hipnosis!
<strong>LA HERENCIA</strong>
Sava tiene una paz espiritual que contagia. Su voz calmada le imprime seguridad a cada una de sus afirmaciones. Pero cuesta imaginar el paso de ser una exitosa agente de ventas de servicios mineros a una defensora acérrima del crecimiento interno.
<strong>¿Cómo viviste esta evolución?</strong><br /> En silencio y solo con la gente que yo sabía que tenía la misma sintonía. Porque siempre vienen prejuicios. Era típico escuchar comentarios como "ay, qué es eso, qué es reiki, te volviste loca". Preferí concentrarme en mi propio camino porque a veces, en la vida, hay algo que te hace clic y esos momentos vienen más cuando disfrutas tu propio silencio y logras mirarte desde afuera.
<strong>Igual eras chica como para analizarlo tan maduramente...</strong><br /> Es que las cosas llegan cuando tienen que llegar, no lo busqué. Creo, además, que tuve la voluntad de darme cuenta, de despertar. Porque tampoco se trata de sentarse a esperar que las cosas lleguen, también hay que enfocarse, ponerse metas y ser constante. Yo he sido súper perseverante siempre.
<strong>¿Hay una influencia familiar? Porque no es tan fácil tener esa autodisciplina.</strong><br /> Sí. Me marcó mucho ver cómo mi mamá nos sacó adelante. Somos tres hermanos y ella quedó sola, inculcándonos que lo esencial es ser responsable, ser honesto y transparente. También nos enseñó a ser hermanables y nunca pelear entre los tres. Y es una ley que se ha cumplido hasta ahora. Mi mamá es una guerrera.
<strong>¿Cómo te proyectas?</strong><br /> Quiero tener una casa más grande y que sea del centro. Quiero tener un espacio grande donde podamos recibir a todos quienes buscan respuestas. Eso en el ámbito profesional. En lo personal, creo que la naturaleza ya me avisa que es hora de tener un hijo. Yo creo que esas dos etapas deberían venir y voy a estar atenta para recibirlas. Cuando las cosas se tienen que dar, siempre te ayudan de arriba.
<em>www.centrotranspersonal.cl</em>
<strong><em>"Cuando me hice cargo del Centro Transpersonal yo no sabía nada de sicología (...) Primero pensé en contratar a alguien para que administrara, pero tomé algunos cursos y empecé a descubrirme, a entender los patrones que me frenaban y entré de lleno a este mundo un poco desconocido que es lo alternativo, la extensión de conciencia, vivir aquí y el ahora".</em></strong>
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