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EDICIÓN | Septiembre 2015

Al alza

Por Carolina Arias Salgado @carolaarias Ilustración: María de los Ángeles Pradenas M.
Al alza

El puerto completo está burbujeante. Mientras intenta resistir, sus fachadas casi no tienen ni un centímetro cuadrado libre de tanta firma rayada por algún pelusón o pato malo. A la vez que los empresarios turísticos sacan las garras para que la ciudad no pierda el poco encanto que le queda y no se concrete el proyecto T2.

En un recorrido por cerros no tan populares de Valparaíso, me topé con una tradicional casa porteña, de dos pisos, tamaño regular, fachada de lata y cuatro puertas. Una vivienda por puerta, fácilmente imaginé la distribución. Desde una de sus ventanas cuelga un letrero medio hechizo que dice Se Vende. ¡Vende su propio dueño! Me pareció fantástico, así nos ahorramos el cacho del corredor; no lo dudo un segundo y ya estoy marcando el teléfono:

- Señor, buenas tardes, lo llamo por la propiedad que tiene a la venta en el Cerro Yungay, me gustaría tener información, como cuántos metros cuadrados tiene y su valor.

- La propiedad cuesta cuatrocientos millones.

- ¿A qué se debe su valor tan elevado?

- Señorita, Valparaíso es patrimonio, la plusvalía de las viviendas aumenta todos los días.

- Ok, señor, le agradezco la información.

Reconozco que al cortar me reí un rato, y le di vueltas al tema de la propiedad un par de horas. Tal vez en esta columna debería estar escribiendo sobre la crisis de gobierno que está cada vez más trizado, sobre cómo cae la presidenta en las encuestas, sobre Penta, o el paro de los camioneros, incluso sobre la muerte del Mamo Contreras. Pero ya hay varios análisis en profundidad, cualquier letra al respecto podría parecer ignorante y, a estas alturas del mes, todos estos temas lejanos de resolver, me parecen un ladrillo.

Así que le sigo dando vuelta al tema de las propiedades y el alza, cómo sube tanto si las paredes de adobillo están a punto de ceder. El puerto completo está burbujeante. Mientras intenta resistir, sus fachadas casi no tienen ni un centímetro cuadrado libre de tanta firma rayada por algún pelusón o pato malo. A la vez que los empresarios turísticos sacan las garras para quela ciudad no pierda el poco encanto que le queda y no se concrete el proyecto T2, que consiste en la expansión portuaria y que termine por sepultar la vista y el acceso al mar. Vivimos en una zona costera, pero no tenemos cómo llegar a él. El paso es privado. Y así sigue la pelea, el puerto tiene que crecer, el gobierno apoya que así sea y los empresarios cuelgan pendones, promueven marchas convenciéndonos de querer salvar al patrimonio. Pero el verdadero patrimonio, los realmente importantes parecen no existir, sus habitantes expectantes e interrogantes esperan ser considerados. Resulta que entre otras virtudes, Valparaíso es patrimonio, por su idiosincrasia, su cotidianeidad, su manera de vivir (en columnas anteriores les hablé del ser Patrimonio). Esperando que este caos se resuelva y que alguien le dé real valor patrimonial a esta ciudad, los dueños, un poco ignorantes e ilusos, seguirán al alza.

 

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