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EDICIÓN | Septiembre 2015

Un clásico regional

Bogarín
Un clásico regional

Gracias a la visión de una familia de inmigrantes italianos, que se mantuvieron firmes y fueron visionarios en su afán de alimentar sanamente a la gente, con jugos naturales y livianos sándwiches de miga, es que este negocio ha visto crecer su éxito por tantas décadas.

Por Maureen Berger H. / fotografía Teresa Lamas G.

La historia de Bogarín nace, a fines de la década del 1930, en avenida Condell, justo al frente de la tradicional Plaza Victoria, “en esos años unos inmigrantes argentinos trajeron a Valparaíso la idea de aquellas fuentes de soda —típicas en esa época en Buenos Aires—, donde con estilo art decó, se exhibían los sándwich de miga. Al poco andar, nuestro nonno, Giacomo Queirolo, inmigrante italiano, les compró el local para hacerse cargo. Entonces, se vendía desde fruta hasta pasteles y una gran variedad de productos que en ese período, usualmente, se adquirían en las cafeterías de Argentina”, comentan los hermanos Pier Luigi (54) y Gian Paolo Costa Queirolo (43), los actuales socios y dueños del tradicional Bogarín.

Eran otros tiempos, cuando las plazas de la ciudad eran el principal punto de encuentro de los amigos y la familia. “Estamos hablando de un local que, desde sus comienzos, ha estado emplazado en pleno centro de la ciudad, en Plaza Victoria 1670. Justo frente a una de las principales plazas de ese tiempo en la región, al lado del tradicional Cine Valparaíso y con una gran afluencia de porteños que transitaban por ese barrio”, señala Pier Luigi, quien acota que, entonces, era normal que adultos y jóvenes se reunieran en el sector y en particular en Bogarín, donde más de alguna pareja se ha de haber formado.

Gian Paolo añade que, además, en la sala de venta de esa época resaltaba un wurlitzer, donde los jóvenes escuchaban las canciones de moda, lo que era un atractivo musical que amenizaba las jornadas en esta fuente de soda porteña. “Otro hecho magnífico de nuestra historia es que, por décadas, trabajó en el local nuestro nonno, Giacomo, acompañado de la mayor de sus hijas, Gloria Queirolo Forno”, dice el empresario.

HISTORIA DE AMOR

En los años cincuenta llegó como inmigrante italiano a Chile Giovanni Costa Figallo —el padre de Pier Luigi y Gian Paolo— luego de haber combatido en la Segunda Guerra Mundial. “Al no tener horizontes en su Italia querida, tras la postguerra, fue invitado a trabajar en la fábrica Costa, pues en aquella época uno de sus dueños era su primo, Federico Costa”, indican sus hijos, y señalan que él llegó como vendedor y como no sabía una pizca de español, alguien le comentó que había una dama en la caja del Bogarín que era italiana y podía conversar con ella.

De esta manera, Giovanni conoció a Gloria y se enamoraron perdidamente. Así se inició una hermosa historia de amor que los ha llevado a estar juntos por más de sesenta años en Chile, “los dos italianos de pueblos muy cercanos se encontraron tan lejos y precisamente en nuestro Bogarín”, relata Gian Paolo.

Con los años, Giovanni Costa decidió comprar la entonces fuente de soda a su suegro y trabajarla conjuntamente con su señora Gloria. Era la década del setenta, tiempos en que este empresario fue pionero en el rubro de la alimentación sana: “fue un gran visionario para la época, difusor de una cultura naturista, que retiró todo lo que eran bebidas gaseosas e instaló con énfasis los jugos naturales de fruta, tanto con agua mineral como zumos recién exprimidos. Estamos convencidos de que ese fue el momento cuando nació nuestra filosofía de legado gastronómico en esta zona porteña”, puntualizaron los hermanos.

Los años fueron pasando y nacieron Pier Luigi y Gian Paolo, “obviamente desde pequeños nuestro papá y mamá nos incorporaban, especialmente los veranos y fines de semana, en las labores rutinarias del local. Eso, de algún modo, nos estimuló a enamorarnos de nuestra actividad laboral familiar”.

Los estudios de sus hijos fueron prioridad para los padres. Así, ambos egresaron de la Scuola Italiana de Valparaíso y luego estudiaron sus respectivas carreras: Pier Luigi es ingeniero civil industrial de la Universidad Técnica Federico Santa María y, Gian Paolo es ingeniero civil industrial de la Universidad Adolfo Ibáñez.

¿Cuándo se incorporan ustedes a la empresa familiar?
(Gian Paolo) Pier Luigi entró en los comienzos de los noventa y a finales de la década ingresé yo. Ambos llegamos a trabajar codo a codo con nuestros padres, lo cual fue una experiencia de vida única. La sinergia familiar nos llevó a nuevos caminos, incorporando nuevas directrices y abriendo nuevos locales con la intención de llegar con nuestros productos a puntos con gran afluencia de público.

¿Por eso se fueron abriendo camino a Viña?
(Pier Luigi) Sí, fue así como abrimos en Avenida Valparaíso 533, uno de los principales polos comerciales de Viña del Mar, obteniendo una respuesta tan favorable por parte de los viñamarinos, como lo fue en su época de parte de los porteños. Tenemos los mejores recuerdos de la apertura de nuestro primer local de Viña, incluso recordamos el primer cliente que atendimos, que estaba ahí esperando desde temprano para que abriéramos (ríe).

Y luego se lanzaron a los mall…
(Gian Paolo) Es cierto, es que de ahí en adelante la recepción fue fantástica y eso nos llenó de gratitud y nos motivó con el tiempo a abrir otros locales como el del tercer nivel del Mall Marina Arauco, a fines del noventa, y la apertura del local en el Boulevard, con concepto de atención en mesas. Esta expansión no hubiese sido posible sin la instalación de una planta productora donde se centralizaron algunas líneas de producción, asegurando a nuestra clientela la uniformidad y calidad de todo lo que ahí se elabora.

¿A qué atribuyen el éxito por tantos años?
(Pier Luigi) Se debe a que nos caracterizamos por ser una fuente de soda única en su estilo, que mantiene viva la experiencia de entregar beneficios diarios para el organismo. Esto a la gente le ha dado como resultado una vida más saludable tras beber nuestros zumos y jugos, comer nuestros sándwiches de miga y preferir nuestros postres, tortas, helados y smoothies. Todos nuestros productos son exquisitos, frescos y elaborados de manera artesanal, especialmente para cada cliente.

PRODUCCIÓN ARTESANAL

¿Hay productos favoritos por los clientes?
(Pier Luigi) Hay algunos imperdibles, como el clásico ave palta con una tradicional leche con fruta o zumo o jugo de papaya, por dar un ejemplo. Hoy, pequeños clientes dirían que el jugo de naranja y un rico helado de chocolate, son sus favoritos. Esto ocurre porque son muchas las familias de jóvenes que se acercan con sus padres e hijos a consumir Bogarín y ofrecemos una variedad de alternativas acorde a la edad para compartir a cualquier hora del día.

¿Qué caracteriza sus insumos?
(Gian Paolo) Con orgullo podemos decir que nuestras frutas son de producción propia, donde el cuidado por su cultivo mantiene la filosofía natural de nosotros como Bogarín.

¿Los helados también son artesanales?
(Gian Paolo) Sí, y también están ligados a nuestra historia. En el caso de los postres y helados, nuestro nonno materno, Giacomo Queirolo, fue uno de los pioneros en Valparaíso en la fabricación de helados artesanales en la década del cincuenta. De hecho, él fue unos de los primeros en incorporar el barquillo dentro de la gama de productos. Luego tuvimos la grata posibilidad de integrar a un gran maestro heladero, don Bruno Tavelli (Q.E.P.D), quien por más de quince años estuvo a cargo de la gelatería, mejorandnuestras recetas y creando productos estrella, que ya son clásicos que distinguen a Bogarín.

DISEÑO DE ESPACIO

Los hermanos Costa recalcaron que durante estos años han crecido junto a un grupo de colaboradores “con la camiseta puesta”, que también se han apasionado de la esencia de Bogarín. “Nos sentimos una familia, en la cual destaca el apoyo de gente que está con nosotros desde hace muchos años y han hecho carrera en Bogarín. Tenemos eficientes administradores, como operarios en cada sección, dispuestos a enseñarles a jóvenes que quieran trabajar”, comenta Pier Luigi, y agrega que también han incorporado a una experta en calidad para que les asesore y controle sus procesos, especialmente en certificaciones en la línea de jugos bajo la norma chilena 2861, “asegurando nuestra conocida calidad y también su inocuidad”, especifica el empresario.

¿Quién está a cargo del diseño de espacio en los locales?
(Pier Luigi) Nuestros locales de Viña y el mall fueron diseñados —como el de Valparaíso, que fue remodelado— por el arquitecto Carlos Bianchetti. El profesional logró mantener su estilo clásico, combinando materiales nobles con elementos modernos, incorporando en su diseño la continuidad de un mesón, donde puedes atender al paso y en la barra cómodamente. Se consiguió rescatar el concepto “de servicio al paso”, que es la principal imagen que preservamos del apreciado local de Valparaíso.

¿En todos estos años han salido copias a su empresa, cómo luchan contra eso?
(Gian Paolo) Consideramos que la competencia es sana y hay mercado para todos. Lo principal es que tenemos lealtad por parte de nuestros clientes, sentimos que somos simples y clásicos, por lo tanto, la comunidad siempre nos tiene como una alternativa en su ruta gastronómica. En este sentido, agradecemos el aprecio y cariño de generaciones de nuestros clientes, los cuales con su lealtad nos han motivado a continuar y, sobre todo, a mantenernos preocupados de entregarles productos de primera calidad con el sello de siempre.

¿Qué novedades hay para los próximos años?
(Pier Luigi) Siempre está la tentación de abrir nuevos locales, la verdad es que hemos sido muy cautos en nuestro crecimiento, no obstante la alternativa de seguir creciendo es siempre analizada. (Gian Paolo) Hoy estamos a la espera que se integren nuevas generaciones, actualmente los hijos de Pier Luigi están terminando sus estudios universitarios y esperamos que algún día se incorporen con nuevas fuerzas, visiones y experiencias.

¿Sienten que Bogarín es parte de la historia de la gente de la Región de Valparaíso?
(Gian Paolo) Sin duda, de hecho es un orgullo para nosotros cómo nuestros clientes nos comentan que tienen hermosos recuerdos de haber pasado por Bogarín con su abuelo o sus papás, a la salida del colegio, algunos mayores en su época de cadetes de la Escuela Naval y en sus años de universitarios. Es así como Bogarín se ha convertido en patrimonio de todos, no solo por los productos sino por los recuerdos que evoca. Son sentimientos positivos y sanos que se atesoran en la mente de las personas y eso es muy gratificante.

 

Sentimos que somos simples y clásicos, por lo tanto, la comunidad siempre nos tiene como una alternativa en su ruta gastronómica”.

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