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EDICIÓN | Septiembre 2015

Pobre China

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports smcarrasco@vtr.net
Pobre China

Parece políticamente correcto echarle la culpa a China porque ya no caminan, sino que casi se arrastran, algunas economías. Desde el taxista bien informado, al analista del noticiero, todos señalan a China por su precario desempeño. Mas, sería interesante saber qué opina un chino de su aparente súbita mala suerte.

Para el grueso de la población de China, la vida sigue igual. Quizás haya algunas diferencias de precios, pero hay trabajo, el sueldo les alcanza y hasta pueden ahorrar, lo que ya sería causa de sana envidia. Para el ciudadano chino promedio, la devaluación del yuan y el desacelerado crecimiento del país, no es un tema. Ni siquiera aparece en las conversaciones diarias; aunque sí es decisivo para compañías exportadoras que se han visto beneficiadas por la devaluación. Tanto así, que para acentuar el impulso exportador, China redujo muchas tarifas aduaneras y sigue liberando servicios relacionados con el comercio exterior a fin de dinamizar la economía.

Conversamos con varios economistas chinos, que señalaron que China no tiene ninguna culpa por el caos de los mercados. Los causantes de las desdichas son los mismos manipuladores de valores que desatan temores irracionales. La confusión que ha hecho caer el valor de papeles y monedas es la misma ignorancia y hasta desprecio por los procesos que vive China. Los analistas occidentales hablan de “volatilidad e inseguridad” y acusan un fracaso de planificación del Estado chino en el ajuste de su paridad; acusación que es injusta e infundada, porque el problema tiene más que ver con la errada lectura y la ansiedad de parte de quienes han usado los mercados de valores.

Lo decíamos, el país chino sigue igual. Y la razón es que su población vive muy aislada de lo que pasa en el resto del mundo (y eso ha sido por milenios así). Los inversores chinos tienen prohibido negociar de manera directa, sino que deben hacerlo a través de medios institucionales; los operadores externos son inversores autorizados y controlados. No hay posibilidad de jugar a las especulaciones en el Stock and Exchange de Shanghái, o el de Hong Kong.

Los fundamentos económicos de China son estables; el país sigue creciendo pero para sí mismo. Puede expandir el gasto apoyado en sus sólidas reservas. Siendo que el yuan no es totalmente convertible, las compañías chinas deben usar dólares a través de las regulaciones del Central. Para Occidente, el ideal sería que las arcas chinas dejaran fluir un río continuado de dólares, o sea, que sigan comprando como lo hacían hasta hace poco. Pero no lo harán. Porque se han abocado a reestructurar y recomponer sus instituciones. Por ejemplo, el sector de los servicios en plena renovación, amplió sus capacidades en un 9% en el primer semestre de 2015. El sector de los servicios representa el 49.5% del PIB chino. No toquemos los amplios planes de renovación de las FF.AA. Eso lo he reservado para otro artículo. La economía china crece, pero hacia adentro; se moderniza, se automatiza, se hace interconectada y virtual. Ya desarrolló bastante bien la infraestructura básica; ahora viene la fase de la sofisticación.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), midió el aporte de China al crecimiento económico mundial en el 2014, en un 27.8%, mucho más que la contribución hecha por Estados Unidos (15.3%). Para este 2015, la pobre China aportará al crecimiento del mundo con un 28.5%. El PIB de China ya supera los 10 trillones de dólares; si sólo crece al 5%, su aporte se traduce en una enorme riqueza y grandes oportunidades. Con ese creciente poder económico, China seguirá influyendo en un grado sin precedentes.

Entonces, si China no es responsable de la desaceleración, ¿quién lo es? Desde la crisis del 2008, muchos países inyectaron una irresponsable cantidad de liquidez (billetes) a sus mercados, lo que significó abundancia de dinero dulce, con tasas de interés casi cero. El capital llegó a los mercados emergentes y creó espuma, burbujas y toda una serie de fenómenos que ahora hacen ¡pop! Y como la economía estadounidense se está recuperando, y considerando que se ve venir un aumento de tasas de interés, el capital internacional ahora fluirá a Estados Unidos, lo que presionará muchas monedas, y hará estos últimos meses del 2015 aún más turbulentos. Súmese a eso las deudas europeas, situaciones sociales y políticas, que aumentan la incertidumbre en la economía mundial. La crisis financiera actual refleja los problemas occidentales, no los chinos.

Dejemos a los chinitos tranquilos. Aún nos compran casi la mitad de todo lo que producimos en Chile, y sin fijarse en la enorme distancia, ni en las treinta horas de vuelo para venir a vernos Aprovecho de saludar a los chinos, que estarán de cumpleaños dos semanas después que los chilenos.

Para más información, escribir a smcarrasco@vtr.net

 

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