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Columnas » Pilar Sordo

EDICIÓN | Septiembre 2015

“Que tengas un buen día”

Psicóloga
“Que tengas un buen día”

Todos, afortunadamente, tendemos a darnos buenos deseos frente a un día, como si este fuera un desafío por el cual hay que atravesar. Desde ahí los buenos deseos nos llenan de buena energía y nos ayudan a tener ánimo frente a lo que este día nos puede traer dentro de los misterios de la vida.

Sin embargo este deseo no es igual en todos los países, y tampoco tiene el mismo sentido y tal vez tampoco la misma profundidad. Para algunos, como e Chile, Argentina y otros, la costumbre es decir “que tengas buen día”; cuando se analiza el sentido de esa frase, se puede concluir que su profundidad está enfocada en el rendimiento y en los resultados de esa jornada, que no haya problemas ni obstáculos en el camino.

En cambio, en Colombia y en algunos otros países centroamericanos, dicen que “tengas un feliz día”. Lo primero que quiero que noten al decir esta frase es lo que les pasa en la musculatura del rostro cuando lo dicen. Cuando uno dice “que tengas un buen día” no hay grandes cambios en el rostro, sin embargo, cuando uno dice “que tengas feliz día”, estamos obligados a sonreír, nuestra musculatura sola se mueve hacia una sonrisa y desde ahí motivamos al otro, casi en el ciento por ciento de los casos, a imitar nuestra sonrisa. Es maravilloso sentir que se mueve una red social a través de la sonrisa, independiente de los problemas que todas las sociedades y personas pueden tener.

Lo otro que es distinto es el sentido de esa frase, al decir feliz día, estamos enfocados en el disfrute, no solo en el rendimiento. Está enfocado en el pasarlo bien además del rendimiento. Tiene que ver con que todo lo que se haga en el día produzca y lleve a una sonrisa y eso cambia la dinámica completa de nuestra programación mental para enfrentar todo, incluyendo las dificultades.

Los quiero invitar a cambiar el buen día, por el feliz día y que vean lo que pasa. Se darán cuenta de que hay una energía distinta, se sentirán raras o raros al hacerlo y, sobre todo, se darán cuenta de la reacción de otros que quedarán sorprendidos de esta nueva forma. Es como si el inconsciente se diera cuenta de que el sentido del deseo va por otro lado y no solo hacia el rendimiento.

Es lo mismo que cuando preguntamos a los niños ¿cómo te fue en el colegio?, en el fondo estamos preguntando por el rendimiento y si a eso le agregamos las tres preguntas clásicas que hacemos todos los días: ¿cómo te fue?, bien; ¿qué hicieron?, nada; ¿tienes que estudiar?, no; es muy complicado pensar que se puede llegar al corazón de nuestros hijos.

Quizás por esto les cuesta tanto decirnos cuando sufren bullying, tal vez si les dijéramos: “dime tres cosas buenas y tres malas que te han pasado hoy y yo te contaré tres mías”, entonces todo sería distinto en la relación con ellos, habría más conversación y más profundidad en saber lo que pasa en la vida de ellos y no solo en chequear rápidamente cómo “supuestamente” están.

Están todos invitados a practicar decir “Feliz día” y a hacer otras preguntas a los niños. Se darán cuenta cómo con estas prácticas provocan muchas cosas dentro y fuera de nosotros. Tal vez nos pueden ayudar a vivir de mejor forma los momentos de dolor que todos vivimos.

 

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