Para ella, ingeniero civil en minas, hablar de esta industria es como hablar de su propia vida. Se abrió paso con éxito en una carrera dominada por hombres, pero no solo en lo laboral ha mostrado su fortaleza, pues en su vida sus principales triunfos han sido en sus luchas para ser madre y superar un cáncer de mama. Hoy lidera, con visión social, una de las secretarías ministeriales asociadas al sector productivo más importante del país y aunque las evaluaciones son constantes, ella acepta gustosa el desafío de ser una de las pocas mujeres que ha logrado esta posición.
Por Soledad Meléndez R. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
Vivió hasta los seis años en la localidad del Melón, muy cerca de la Compañía Minera Disputada de Las Condes, de donde tiene los más bellos recuerdos. En esa época, ya mostraba sus habilidades como ingeniera, aunque por aquellos años ni sospechaba que se transformaría en una profesional del área, empresaria y, muchos menos, que llegaría a ser la Secretaria Regional Ministerial de Minería de la capital minera del país.
Excelente alumna desde muy pequeña, siempre supo que los objetivos se cumplían con trabajo, esfuerzo y mentalidad positiva. Esta consigna no solo la aplicó durante sus estudios, sino que en todos los aspectos de su vida, como mujer, profesional, emprendedora y madre.
¿Cuáles son sus principales recuerdos de infancia?
Nací en el hospital de La Calera y viví mis primeros años en la localidad de El Melón, “mi meloncito querido”. Mis recuerdos más lindos eran de niña el salir a caminar con mi papá y mi hermana a comer tomates de las haciendas que estaban en nuestro camino y en el trayecto al “Cristo” llegábamos al cerro cantando. Mi infancia es lo más maravilloso que tengo como recuerdo.
“La vida era muy sencilla. En nuestro pueblito no había banco, ni supermercado. Estudié en el colegio de monjas Santa Isabel, muy estricto, con formación católica y sólo de mujeres. Las monjas percibieron mi habilidad matemática y comenzaron a potenciar mi interés. Luego me fui al Internado Internacional Femenino, donde estudiaba mi hermana, pero sólo duré quince días. Lloré todos esos días. Ahí decidieron cambiarme al Colegio Inglés de Quillota, donde tuve una tremenda experiencia humana”.
VOCACIÓN
¿Cuándo parte su interés por el área de la ingeniería y que gatilló la decisión de estudiar Ingeniería Civil Industrial en Minas?
Mi interés parte desde pequeña. Vivíamos al lado del trabajo de mi papá, que era jefe de la bodega industrial de la minera. Entrar ahí era lo más maravilloso porque encontrabas desde una tuerca chiquitita hasta unas muy grandes. La idea de ser ingeniera en minas fue una verdadera lucha, ya que mis padres no estaban de . Ellos querían que estudiara medicina, porque consideraban que estar “en el cerro” era peligroso; además, era la menor y las más enfermiza de los hermanos. Dos años tuve que insistirles a mis papás, hasta que conseguí estudiar lo que tanto quería.
¿Cómo describe su paso por la universidad?
Fue difícil. En esos años aún había un machismo enorme, estamos hablando del año ochenta y siete, cuando los profesores eran muy machistas y hasta groseros. Una de las frases que más me marcó fue queme dijeran “anda a estudiar educación parvularia, porque esto es para hombres”. Luchar contra ese sistema fue complicado, de cien alumnos, éramos seis mujeres. Tres se fueron y de las que quedamos solo yo opté por Ingeniería Civil Industrial en Minas. Tuvimos que sacar mucha fuerza, luchar por salir adelante, sumado a que fui la típica estudiante universitaria de esfuerzo en materia económica. Vivía en el hogar universitario y para tener plata, trabajé haciendo aseo y dando clases de matemática, donde cobraba quinientos pesos la hora.
ROLES
En todas las etapas de su vida siempre ha habido una batalla. Posicionarse como estudiante y profesional en un mundo laboral dominado por hombres, crear su propia empresa y luchar contra un cáncer de mama, donde su motivación principal fue no dejar solo a su hijo, Juan Paulo. Hoy los desafíos son aún mayores, pues debe visualizar el futuro de unos de los sectores productivos más importantes a nivel regional y nacional, pero todo mirado con una visión armoniosa con el medio ambiente y pensando en la calidad de vida de la comunidad.
Dentro de su experiencia profesional, ¿cómo fue su ingreso al mundo laboral, que se caracteriza más por la presencia masculina?
¡El año noventa y cuatro fue terrible! Un año sin encontrar trabajo y en todo momento sentí que fue por ser mujer en una profesión que era vista para hombres. Sin embargo, cuando cumplí un año, me llamaron y me dijeron que necesitaban un cubicador en la ciudad de Vicuña, para el proyecto del Tranque Puclaro. Eso sí, me dieron quince días para demostrar que podía ejecutar mi trabajo y sin problemas pude estar durante todo el proyecto. Pasé por un par de empresas y después decidí dedicarme a microempresaria.
¿Cómo ha conjugado los distintos roles de su vida como profesional, mujer, esposa y madre?
Me casé con alguien del mismo rubro y, además, trabajábamos en la misma empresa, por lo que hubo un momento en que todo giraba en torno a la pega. Tomamos la decisión de estar en trabajos distintos porque si no, perdíamos el matrimonio. Logramos mejorar en un ciento por ciento nuestra comunicación y decidimos ser padres. Me costó mucho ser mamá y cuando llegó mi hijo se convirtió en lo más importante de nuestra vida. Junto a Óscar, mi marido, formamos un trío muy especial.
¿Cómo fue la experiencia de independizarse y formar su propia empresa?
Fue una gran decisión, pues logré coordinar la vida de madre y profesional, generando así un lazo tan fuerte con mi hijo y con mi sistema de vida que él hoy va a las faenas de pequeña minería conmigo y disfruta el compartir con las personas, hace sus presentaciones de comediante y me hace tremendamente feliz. Me doy cuenta de que no me equivoqué, que decidí bien y que él es toda mi fuerza, por él sigo adelante. Juan Paulo me dice cada día que soy la mejor mamá del mundo, que me entiende y que es feliz porque me mejoré gracias al amor que siento por él.
DESAFÍOS
La carrera de Amanda Pérez se ha caracterizado por su capacidad para abrir caminos. Tras crear su propio proyecto laboral como empresaria, su conocimiento del sector la llevó a su próximo gran paso en su carrera: liderar la Secretaría Ministerial Regional de Minería, con todos los desafíos que este cargo implica, no sólo en materia productiva, sino que por su impacto en la comunidad.
¿Qué es lo que más le apasiona de este cargo?
No hay rutina en este trabajo, todos los días debes tratar mil temas del rubro, viajes, visitas, reuniones, ceremonias y recorridos por la pequeña minería. Pero lo que más me apasiona es ir a terreno, estar inmersa en la realidad de los mineros para saber personalmente cuáles son las inquietudes y necesidades que tienen, sumando la gestión por las mejoras, fijándome plazos para poder otorgarles las soluciones. En este cargo, la responsabilidad de la toma de decisiones es importante, el compromiso social al momento de asumir, más el análisis y la claridad de los objetivos son claves a la hora de hacer surgir el sector de la pequeña minería.
¿Cómo vivió el paso del sector privado al público, asumiendo el cargo de la Secretaría Regional de Minería, en la región reconocida por ser la capital nacional de este sector productivo?
Fue una decisión que tuve que tomar en diez minutos. Lo consideré en conjunto con mi marido y acepté la propuesta. Con el pasar de las semanas recién pude asimilar el gran orgullo que representa ser parte de un equipo de gobierno regional y ministerial.
¿Cómo ha sido el desafío de trabajar dentro de un área productiva que no sólo se centra en los números, sino que también contempla aspectos sociales de gran impacto, como la incorporación de una mayor dotación de mujeres al sector, la mejora de los estándares de seguridad, junto con el desarrollo de la mediana y pequeña minería?
El mayor desafío fue difundir en nuestra propia zona qué es la minería y las diferencias entre la pequeña, la mediana y la gran minería. Hemos logrado articular beneficios para que la pequeña y la mediana industria se proyecten de manera sustentable. Además, lucho por lograr la inclusión de la mujer, tema que viene desde que estuve en la universidad. Otro punto fundamental en nuestra agenda son los estándares de seguridad que deben ser parte de la vida diaria.
¿Cómo debiera aportar la minería a la comunidad?
La minería va a seguir siendo el futuro de esta región, porque aunque la ley de cobre está bajando contamos con grandes pórfidos que van a seguir vigentes por cincuenta, sesenta, setenta años. Si trabajamos en mejorar la productividad de manera sustentable y logramos el sueño de “agregar valor” a los minerales, vamos a lograr un gran cambio. La industria no sólo puede aportar entregando empleos, sino también debe contar con tecnología para que la comunidad tenga un mejor vivir. Un tema importante es ponerse la chaqueta de Antofagasta, sin colores políticos, sin resentimientos, abogando por nuestra región y por quienes vivimos en ella. Estamos en la región más cosmopolita de Chile y debemos aprender a valorarla y cuidarla.
¿Cómo es la rutina de Amanda Pérez, fuera de la esfera minera? ¿Cuáles son sus gustos y pasatiempos?
Hoy en día, con la agenda laboral que tengo, no me queda mucho tiempo libre, pero al llegar a casa disfruto al máximo compartir con mi hijo, mi marido y mi perro. Juntos escuchamos buena música y saboreamos las comidas que les preparo. Cocinar es mi refugio y por eso lo hago cada vez que puedo. Los fines de semana estreno nuevos platos vegetarianos y preparo mermeladas de tomate, naranja, damasco, entre otros frutos. Como familia nos gusta estar en casa, en nuestro hogar, que es donde pasamos el mayor tiempo compartiendo, creando cosas nuevas y regaloneando.
Hemos logrado articular beneficios para que la pequeña y la mediana industria se proyecten de manera sustentable. Además, lucho por lograr la inclusión de la mujer, tema que viene desde que estuve en la universidad”.