Los cambios del organismo, propios del embarazo, pueden enfrentarse a través de ejercicios, técnicas y disciplinas que promueven una mejor calidad de vida para la mujer y fortalecer el vínculo con su hijo que está por nacer. Darse un momento para asumir el proceso de traer al mundo una nueva vida, aprendiendo, además, a respirar y dejar fluir
Por Soledad Meléndez R.
La espera de un hijo es un proceso único e irrepetible. Planificado, imprevisto, con molestias o relajado, cada uno es una vivencia que debe sentirse y disfrutarse semana a semana. El estado de salud, la edad de la mujer, el entorno, entre otros factores, inciden en el desarrollo y crecimiento del bebé. Menor estrés, dieta balanceada y actividad física adecuada y controlada, pueden garantizar un mejor vínculo entre la madre y su pequeño o pequeña, que además tendrían un mejor paso por la vida intrauterina.
El kinesiólogo deportivo de HW Center, Aldo Cornejo Surjan, explica que la gran mayoría de las mujeres embarazadas comienzan con molestias en la zona lumbar. Esto es ocasionado por cambios que se van produciendo naturalmente a nivel lumbo pélvico para aumentar el espacio para el bebé y facilitar el futuro parto. “Estos mismos cambios van afectando la biomecánica de los músculos de esta misma zona y eso termina ocasionando contracturas en la zona lumbar. Además del cambio del centro de gravedad que exigen de mayor forma la musculatura antigravitatoria”, advierte.
Agrega que los beneficios son muchos entre los que destacan: mejora en la corrección postural lo que previene el dolor lumbar, favorece la capacidad cardiovascular, prepara a la embarazada para enfrentar en mejores condiciones los trabajos de parto y de forma más segura. Además, previene el aumento de peso excesivo y la diabetes gestacional, disminuye el estreñimiento y la ansiedad.
El profesional sugiere que, actualmente, existe un sinnúmero de actividades para embarazadas, como yoga, gimnasia para embarazadas, hidrogimnasia y más. Prácticas que siempre pueden realizarse con previa autorización del médico y dirigidas por un profesional de la salud o de actividad física, capacitado en esta área. “Mientras la actividad cubra los puntos importantes a tratar en estos casos, todas son recomendadas”, aclara.
OPCIONES
Las posibilidades varían entre el impacto y la cercanía de la mujer frente a la actividad física. En el caso de mujeres sedentarias se aconseja partir con actividades de menor impacto que progresen de acuerdo con sus necesidades, como el yoga o la hidrogimnasia. Una vez que el cuerpo vaya asimilando el trabajo y entrenamiento, puede ir incrementando la exigencia.
En el caso del entrenamiento funcional, que es una actividad física basada en el movimiento del cuerpo en todos sus planos, también puede ser practicado por mujeres embarazadas, siempre y cuando sean autorizadas por un médico y dirigidas por profesionales calificados, capaces de adaptarse y abordar de mejor forma las necesidades de la embarazada.
Para el caso de mujeres deportistas, el especialista asegura que, en gran parte de los casos, pueden continuar con sus actividades con normalidad hasta bien avanzado el embarazo, momento en que se debe disminuir la carga. Pero siempre existen las excepciones, como embarazos de alto riesgo o que presenten algún tipo de problema durante el ejercicio, los que deben tomarse en cuenta a la hora de realizar la práctica.
BENEFICIOS DEL YOGA
El yoga es una técnica milenaria que, a través de los años, ha mostrado sus beneficios en torno al mejoramiento de la salud y su aporte al proceso del embarazo es indiscutido, siendo una opción tanto para mujeres que nunca han practicado actividad física, como para quienes ya conocen esta técnica o practican algún deporte.
La kinesióloga e instructora de yoga, Paulina Antivilo, recomienda esta disciplina por la serie de beneficios y aportes dentro de este proceso, que ayudan a enfrentar de mejor forma los cambios que experimenta el organismo, como los cambios de humor, que se generan por la alteración de los niveles hormonales, la falta de aire provocada por la disminución del espacio dentro del cuerpo o la hinchazón de los tobillos.
“El yoga prenatal ayuda a mantener a la futura madre en paz, equilibrada, tanto mental como emocionalmente, incrementando el bienestar integral de la mujer, que a través de distintas posturas y el control de la respiración en forma consciente puede aliviar la tensión, aportar a la flexibilidad de los músculos para el momento del parto, junto con la estimulación de la circulación que permite una mejor conexión del bebé”, indica la profesional.
La práctica constante de esta disciplina aporta al aprendizaje de una respiración consciente, que consiste en una inhalación profunda que llena los pulmones y una exhalación controlada. Una buena respiración es la base de esta práctica, que permite sostener las posturas, aportando a la tranquilidad de la futura madre y preparándola para el momento de las contracciones y el parto.
“El yoga ayuda a aliviar el estrés y reduce las preocupaciones. Una mujer embarazada que está en equilibrio transmite su tranquilidad a su hijo, porque el bebé absorbe todas las emociones de la madre”, recalca la instructora.
Paulina Antivilo enfatiza que cuando la mujer logra relajarse alcanza una mejor conexión con su bebé; al entender y conectarse con su propio cuerpo, eje central del yoga, puede asumir y vivir de mejor manera el proceso. A esto se suma el beneficio que trae el contacto con otras mujeres que viven el mismo proceso, pues al compartir sus experiencias van entendiendo sus emociones y los cambios que atraviesan, se sienten más acompañadas y comprendidas, lo que fortalece la confianza en sí misma, lo que se traduce en un mejoramiento integral gracias a la armonía entre la mente y el cuerpo, que sin duda incidirá en niños más sanos, concluye.
Una buena respiración es la base de esta práctica, que permite sostener las posturas, aportando a la tranquilidad de la futura madre y preparándola para el momento de las contracciones y el parto.