Tell Magazine

Entrevistas » Deporte

EDICIÓN | Agosto 2015

Conseguir lo imposible

Adolfo Almarza ciclista profesional
Conseguir lo imposible

La determinación de que todo lo que uno se propone se logra con trabajo y disciplina, ha convertido a este joven, de veintisiete años, en el único ciclista en el mundo que pese a haber perdido ambas piernas compite a nivel profesional, destacándose en el circuito como uno de los grandes.

Por Bernardita Watkins V. / fotografía Margarita Landeta R.

Desde niño siempre fue muy inquieto, deportista y motivado. Estudió en un colegio rural hasta tercero básico y luego se cambió a estudiar a la ciudad de Melipilla, muy cerca de la localidad de San Manuel, donde ha vivido toda la vida junto a su familia. Desde muy pequeño practicaba deportes. A los nueve años era uno de los jinetes más chicos del rodeo.

Recuerda su infancia como una etapa muy feliz, en la que jugaba con animales, en un ambiente campestre, construyendo casas en los árboles, comiendo ciruelas, jugando con hondas, trompos y cosas con las que los niños de hoy en día ya no juegan. “Fue una infancia muy linda. Me retaban harto, era bien desordenado, pero nunca fui falta de respeto. Desde chico el respeto fue un valor que me inculcaron y que tengo muy arraigado”.

A los doce años, en diciembre del 2000, un accidente cambió su vida para siempre. Regresaba junto a sus compañeros desde la ciudad de Rosario, Argentina, junto a una delegación de basquetbol y el chofer del bus se quedó dormido. En el accidente perdió ambas piernas y a tres compañeros de equipo. Uno de ellos, un gran amigo de infancia. “Estuve a punto de morir, pero gracias a Dios salió todo bien y tuve la oportunidad de viajar desde Argentina a Chile para mi recuperación. Llegué al hospital Luis Calvo Mackenna, donde me operaron e hice mi terapia”.

¿Cómo se levanta un niño de un dolor tan grande?
Mi forma de ser me ayudó mucho y también mi familia que en ningún momento me demostró tristeza o amargura. Además vi el ejemplo de una persona que también perdió sus piernas y salió adelante, eso me ayudó a hacer un cambio de mentalidad y decir si él pudo, yo también.

¿A qué edad comienzas con la bicicleta?
Desde chico, pero mi pasión por la bicicleta comienza después del accidente, en la rehabilitación. Subirme a la bicicleta estática fue una posibilidad de integración, me subía y me olvidaba de todo. Cuando me di cuenta de que avanzaba mucho más rápido que el plazo que los doctores me habían dado para volver a caminar, no paré más. Me ponía metas a diario y las iba alcanzando una a una. La bicicleta fue un pilar fundamental en mi recuperación.

SIEMPRE DE PIE

¿Cómo fue tu recuperación?
Tuve que aprender a tomar decisiones. A los doce o trece años, la mayoría de los niños quieren jugar. Yo decidí salir adelante y hacía terapia cinco o siete horas diarias. Los doctores me exigían dos, pero yo seguía en mi casa. Así todo empezó a funcionar más rápido y ya en marzo estaba caminando con prótesis. Eso me ayudó mucho... Mis primeros pasos me mostraron que iba a conseguir mucho más. En cuatro meses ya estaba caminando y, en un año, estaba haciendo una vida totalmente normal, lo que me motivó muchísimo.

¿Tuviste ganas de no seguir adelante?
Sabía que era un camino difícil y que debía adaptar algo material a mi cuerpo, pero nunca me eché a morir, nunca retrocedí, siempre avancé, siempre miré hacia adelante. En esos años, no existía la tecnología de hoy, eran prótesis absolutamente básicas. Fue una recuperación de mucho esfuerzo y trabajo. Estaba afiliado a la Teletón, iba a controles con fisiatras, pero en ese entonces esa institución no era tan grande como hoy.

¿Cómo te apoyó tu familia en este proceso?
Siempre me apoyaron con cariño y sin demostrarme tristeza por lo que me había pasado.

¿Quién fue tu entrenador en aquel momento?
Mis papás.

¿Tus primeros pasos en la bicicleta?
Mi primera bicicleta me la regaló mi papá más o menos un año después del accidente. Al principio, una prima me prestaba la suya, alguien me ayudaba a subir, me ponía los pies en los pedales, yo pedaleaba y otra persona me esperaba quinientos metros más allá para recibirme y ayudarme a dar la vuelta. Fue como aprender a caminar de nuevo.

¿Cómo siguió el proceso?
Empecé a andar junto a unos chicos que subían al cerro, todos los días, cerca de mi casa. Pedaleando de a poco, ellos subían mi bicicleta y me subían a mí, practicaban descenso y empecé a practicar con ellos hasta que llegó un punto en que aprendí a saltar y a hacer varias cosas... Me costó mucho, no tenía sensibilidad ni percepción en mis pies.

¿Tu primera barrera?
Mi familia se opuso porque consideraban que estaba atentando contra mi integridad física y bueno… he tenido varias fracturas… no hay ciclista que no se haya quebrado la clavícula, por ejemplo… Esa fue la primera barrera que debí enfrentar: mi familia. Me costó dos o tres años convencerlos, pero con logros y muchísimo trabajo les demostré que la bicicleta es lo mío y comenzaron a apoyarme.

¿Qué sientes al pedalear?
Pedalear en circuito es difícil, al principio mis pies se salían de los pedales. Practiqué años y hoy puedo decir que soy el único deportista en el mundo, sin piernas, que está practicando descenso a nivel profesional. Ejerzo varias ramas de ciclismo: enduro, cross country, ruta.

¿Por qué dedicarse en forma profesional a la bicicleta?
La bicicleta me ayudó a darme cuenta de que puedo lograr lo que me proponga, me permitió tener confianza en mí mismo. Creo que todo lo que aprendí, lo aprendí por necesidad. En mi primera carrera realicé un salto de diez metros de largo a cincuenta kilómetros por hora, y salió todo bien. En cada competencia subía más mi nivel y mi bicicleta era básica. Desde chico me gustó la adrenalina, manejar mis límites, confiar en mi precisión... La bicicleta es un deporte en el que si comentes un error, es sólo tuyo. La llegada de mi hija Isabel (4), ha calmado un poco mis aventuras. Ella es lo más lindo que me ha pasado en la vida y con mi pareja, Solange, estamos hace cinco años apoyándonos.

LA REINSERCIÓN

¿Cómo fue el trato de tus compañeros y profesores los primeros años tras el accidente?
Siempre fui el revoltoso, el desordenado, quizás por eso no me molestaban. Tal vez de otros cursos me miraban raro, pero no me importaba.

¿Alguna vez te sentiste marginado?
Quizás sentí timidez de enfrentar a la sociedad, pero fue un tiempo. Me di cuenta de que tenía que hacerlo. Durante una época también siempre tapaba mis prótesis. Después entendí que no podía ser. Definitivamente, ninguno de mis amigos me miraba en menos. De hecho, me hacían correr muchos riesgos, yo siempre fui uno más.

¿Cuánto influye el tener recursos en una persona lisiada?
Vengo de una familia trabajadora. Mi recuperación fue en un hospital público, con prótesis básicas, las mismas que dan a todas las personas, y trabajé muchísimo para salir adelante. No se necesitan recursos, se necesitan ganas…

¿Cómo trata la sociedad chilena a los minusválidos?
Nos miran en menos, pero en todas partes del mundo es así. Creo que por falta de cultura y conocimiento.

¿Qué piensas de la Teletón?
Es una fundación admirable, que nos hace ser reconocidos y nos une como chilenos. A la gente que la critica y dice que muestran pura pena, le digo que muestran realidad, logros, alegría y también tristeza. Eso es lo que se vive. La Teletón da sonrisas a miles de niños que la necesitan. Invito a quienes critican, a unirse y a hacer algo que apoye y reinserte a personas con discapacidad.

¿En qué categoría compites?
Categoría Elite, y soy el único en el mundo al que le faltan las dos piernas.

¿Por qué te gusta el riesgo?
Me llama la atención que las personas puedan manejar sus límites y hacer cosas que dependan de su propio control. Eso es también lo que disfruto día a día en la bicicleta.

¿Qué valores entrega la práctica de la bicicleta?
Concentración y disciplina. Me ha enseñado a apreciar, a disfrutar y a desconectarme. Con ella, he aprendido cosas que quizás no hubiese aprendido solo, y son cosas que aprendí por necesidad. Quizás por eso, no se me olvidará nunca. Aprender por necesidad, es como comer con hambre.

Hoy haces charlas motivacionales, ¿qué mensaje transmites?
Mi historia de vida y cómo he aprendido a ser un líder por necesidad, cómo he aprovechado las oportunidades que se me presentaron. A mí me dan la mano y yo agarro el codo. Aprendí a dar lo mejor de mí, a tener confianza en mí mismo, a mirarme al espejo y a decir: “me quiero”. Aprendí, también, a conocer mis debilidades y fortalezas. Aprendo a diario de las críticas de las personas.

 

"Compito en la categoría Elite, y soy el único en el mundo al que le faltan las dos piernas”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación5+3+4   =