Madre adoptiva de un hermoso niño, lidera, junto a otros voluntarios, una cruzada para evitar la interrupción del embarazo, pues desean educar a la población y mostrar que hay otras alternativas menos brutales y dañinas para esas madres, que, además, deben ser acompañadas y apoyadas en este importante camino
Por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P.
Una gran fortaleza y pasión por la vida son las palabras que podrían definir a Paulina Arellano (45), una abogada santiaguina que se trasladó a la región del Maule hace, aproximadamente, siete años para acompañar a su marido, Francisco Concha, quien se radicó en la zona para continuar su actividad como agricultor.
Los primeros años no fueron fáciles, pues llegaron a vivir a un campo cercano a la ciudad de San Javier. Pese a que ella ejercía su carrera, le faltaba vida social, echaba de menos a su familia y todavía no lograba tener hijos, por lo que los vacíos en la cotidianeidad se notaban más.
Después del terremoto del 27 de febrero de 2010, su marido y ella se trasladaron a Talca, porque su casa se vino abajo, lo que fue beneficioso para Paulina, pues su estadía en la capital regional del Maule le permitía tener una vida más activa.
Entre su vida en San Javier y Talca, Paulina y su marido intentaron un tratamiento de fertilidad, que fue terrible para ella, ya que las hormonas la afectaron síquica y físicamente. Despertaba llorando y no sabía por qué, su organismo no lo toleró bien y no hubo resultados favorables. Un tiempo después, su esposo le dijo que lo intentaran de nuevo y aunque le costó acceder lo hizo, pero tuvieron que suspenderlo, pues su cuerpo reaccionó aún peor que la primera vez.
En ese minuto, Paulina llegó a su límite y dijo “no más”. Se alejó de sus amigas, porque ellas, al igual que sus hermanos pequeños, comenzaron a tener guaguas, pero al mismo tiempo le permitió pensar en la adopción como una alternativa.
EL ANHELO DE UN HIJO
¿Cuánto se demoró el proceso de adopción?
Nos demoramos once meses desde que fuimos decretados idóneos, pero antes hubo otro periodo en el que se hacen las entrevistas, las terapias y las evaluaciones, así que, en total, fueron dos años y medio, que es harto.
¿Cómo se prepararon?
Hicimos la pieza con colores neutros, porque no sabíamos si era niño o niña, lo vivimos sanamente, pero había fechas en las que caía… como en las fiestas de fin de año, cuando veía que todas mis amigas corrían para hacer los disfraces y yo nada… esas fechas eran macabras, pero pensaba en que ya iba a llegar, fue una espera linda.
¿Cómo fue la llegada de tu hijo?
Me llamaron por teléfono y me dijeron ¿estás manejando?, porque es muy impactante la noticia. Mi reacción fue tan fuerte, que mi marido pensó que se había muerto alguien y yo estaba en mi escritorio llorando de felicidad.
¿Cómo es esa llamada?
Cuando contestas te dicen: “nació tu hijo, ven mañana a conocerlo”, y comienzan una serie de visitas en las que estás conociendo a tu guagua. A los pocos días, un tribunal te dice, llévatelo, y vuelves con él a tu casa.
En febrero de 2013, Tomás, de cinco meses, llegó a sus vidas, llenándolas de felicidad; y desde octubre del año pasado se encuentran en un segundo proceso de adopción, en el que los evaluarán como padres.
LA LUCHA POR LA VIDA
La experiencia ha sido maravillosa, y la llevó a cofundar la agrupación Amigos del Maule por la Vida, pero ella aclara que el detonador fueron las palabras de la Presidenta Bachelet en su discurso del veintiuno de mayo de 2014, cuando aseguró que “cada aborto que se realiza en Chile es una señal de que como sociedad estamos llegando tarde”, frase que le dolió y la motivó.
¿Cómo se agrupan?
Con un grupo de cincuenta personas, nos dimos cuenta de que queríamos manifestarnos en contra de la Ley de Aborto y trabajar por las mujeres que están en conflicto con su embarazo, así que nos formamos, entre comillas —aún no tienen estatutos—, en julio de 2014.
¿Cuáles fueron las primeras acciones?
Partimos reclamando con pancartas y protestando, pero por detrás empezamos a trabajar y nos unimos, como red de apoyo en la región, a la Fundación Chile Unido, que nos facilitó una línea gratuita con el número 800 572 800, así que las mujeres que llaman son atendidas en Santiago y derivadas a nosotros inmediatamente.
¿Cómo ha sido el trabajo?
Ha sido maravilloso.
¿Cómo se han organizado?
Amigos del Maule es una jungla (bromea). Tenemos el grupo de apoyo, que trabaja directamente con las jóvenes y está conformado por una gran cantidad de ginecólogos, pediatras, psicólogos, asistentes sociales y voluntarios, que siempre están disponibles cuando llega una mujer; y después está el equipo de educación, que capacita y da charlas en los establecimientos educacionales o comunidades que lo solicitan, para informar sobre la ley y dar a conocer las opciones que hay para una mujer.
¿Cuántos casos llevan en este año de trabajo?
Llevamos diecisiete casos en un año y sin marketing.
¿Cómo fue el primer caso?
Complicadísimo… Era una joven que había tratado de abortar tomando misoprostol y no le resultó, por lo que tomar contacto con una persona decidida a interrumpir el embarazo fue súper desgastante. Si ella lo hacía uno se sentía un poco responsable de no lograr convencerla de que esa acción tiene consecuencias brutales e irreversibles, y que existen otras alternativas.
¿Qué pasó después?
Le conseguimos hora para una ecografía, vio a su guagüita, escuchó los latidos y le dijimos que no iba a estar sola. Ella tenía pánico de contarles a sus padres, pero finalmente les dijo y hoy todos están fascinados con su guagua.
¿Cuándo notas el cambio?
Con la primera o la segunda conversación, que a veces es por Whats- App, notas el cambio. Es impresionante, porque sienten tu compañía y cariño desinteresado.
¿Hasta cuándo apoyan a estas mujeres?
La Fundación Chile Unido las acompaña hasta que la guagua cumple un año, pero nosotros tuvimos una reunión a principio de año y no nos pusimos plazo, sino que pensamos en dejarlas cuando sintamos que pueden volar solitas. Por eso, ahora les estamos enseñando oficios, para que generen sus propios recursos. No podemos ayudarlas a no abortar y después abandonarlas.
SER ESCUCHADOS
Paulina tuvo la bendición de acompañar a una de estas mujeres a su primera ecografía; las dos lloraban a mares, pues ninguna había pasado antes por ese proceso. Esa mamá, finalmente, tuvo a su hijo y lo entregó en adopción, por lo que esa guagua está haciendo felices a otros papás que esperaron mucho por cumplir el sueño de la paternidad.
¿Cuáles son las razones para dar en adopción a los niños?
Principalmente, razones económicas, además, algunas no se sienten capaces de ser madres.
¿Y para abortar?
La primera es el abandono de la pareja, luego, el miedo a los padres, las razones económicas y, al final, las violaciones y las malformaciones fetales letales, en lo que nos ha tocado vivir a nosotros, que refleja la realidad nacional.
¿Qué pasa con los casos de malformaciones fetales letales?
Nos ha tocado escuchar a mamás que no fueron acompañadas por nosotros, pero que tuvieron a sus guagüitas. Ellas se acercaron para contar su testimonio, cómo las sanó el no interrumpir esas vidas, pues pudieron darles sepultura y vivir el duelo. Además, dicen que es peor no saber qué era o tener la incertidumbre de si hubiese venido sano, porque el diagnóstico médico errado es una realidad.
¿Cuál crees que es la clave para evitar el aborto?
La educación, pero también desarrollar programas de acompañamiento, para que las mujeres no se sientan solas. Por ejemplo, en el caso de las violaciones, la mayoría de ellas ocurren al interior del núcleo familiar, entonces qué sacamos con facilitar la opción de abortar, si esa niña volverá a vivir esa misma violencia.
¿Por qué estás en contra de la ley de aborto?
Porque no es ninguna solución. Nosotros ayudamos a las mujeres con síndrome post-aborto y es muy difícil, porque uno siente que las saca a flote y vuelven a caer… ellas no logran perdonarse.
Ustedes llegaron al Congreso. ¿Cómo fue la presentación?
Fue súper decepcionante. La primera parte la hizo Magdalena Rodríguez, la jefa del equipo de apoyo, que habló de nuestro trabajo, y la segunda me tocó a mí, así que me centré en críticas al proyecto, junto con entregar una batería de propuestas,
¿Qué proponían?
Trabajar juntos en evitar que las mujeres tuvieran que pasar por la dramática realidad de un aborto, dejando de lado los colores políticos, aunque sonara utópico; y nos dimos cuenta que fuimos invitados a exponer, no fuimos escuchados. Había cuatro diputados cuando hablamos. Nos autodenominamos las Leonas del Maule, porque terminamos furiosas,
¿Y qué harán para ser escuchados?
Presentamos un reclamo formal, que fue acogido, pero no pasó nada, así que ahora estamos enviando por correo electrónico nuestra presentación a todos los parlamentarios. Además, vamos a agendar reuniones con ellos. Queremos mostrar nuestras estadísticas, porque, hasta el momento, el ciento por ciento de las mujeres que hemos acompañado no ha abortado, sabemos que eso puede cambiar, pero hasta ahora vemos que la soledad y el miedo son determinantes, entonces ofrezcamos algo mejor, que no las dañe para siempre.
¿Cuál es la proyección?
Esperamos tener luego nuestros estatutos, porque necesitamos delegar los trabajos y establecer responsables por equipo, así que lo primero es constituirnos legalmente. Luego ver la posibilidad de gestionar una sede para atender a las jóvenes, porque necesitamos tener un lugar para conversar tranquilos con ellas. Nuestro sueño es tener una casa de acogida, pues hay varias jóvenes que tienen miedo de que las echen de sus casas, otras no quieren pasar el embarazo en su casa o no quieren contarles a sus papás.
Hasta el momento, el ciento por ciento de las mujeres que hemos acompañado no ha abortado, sabemos que eso puede cambiar, pero hasta ahora vemos que la soledad y el miedo son determinantes, entonces ofrezcamos algo mejor, que no las dañe para siempre”.