Tell Magazine

Entrevistas

EDICIÓN | Agosto 2015

Sin filtro

Fernando Villegas comunicador y escritor
Sin filtro

Asegura que no se compra el cuento del “personaje público”. Solo es él siendo honesto y transmitiendo su verdad. Aquí el relato de un chileno,como pocos, que no teme decir lo que piensa y que no busca caerle en gracia a nadie. Un auténtico.

Por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló B.

La locuacidad a la que estamos acostumbrados quienes lo escuchamos a diario en radio Agricultura, y lo seguimos cada domingo en Tolerancia Cero, no estuvo presente en esta entrevista. Sí, la irreverencia.

Dispusimos de muy corto tiempo y gran parte de este fue correteando por los pasillos del canal —al más puro estilo de los reporteros de SQP—, con grabadora en mano, intentando conocer sus apreciaciones respecto al acontecer nacional y descubriendo, en parte, a este sesentón despelotado, de metro ochenta y ocho centímetros, que todos reconocen por su cabellera al viento, y que genera en el público reacciones opuestas: amor u odio.

Fernando Villegas ha dado mucho que hablar en el último tiempo, ha sido trending topic en las redes sociales y pareciera que a él poco le importa. “Las redes sociales, al igual que otros ámbitos, están plagadas de imbéciles”. Ha debido, sin embargo, salir al paso por sus desafortunados dichos frente a Carmen Gloria Quintana, del Caso Quemados. Su famoso “pasó la vieja” no ha dejado a nadie indiferente; dio jugo en twitter y hasta una librería capitalina vetó sus escritos.

¿Desde chico fuiste igual de deslenguado?
Desde chico cometí el error de creer que los demás tienen la misma voluntad de ver las cosas claras como son, y me topo con que la gente quiere que le cuenten cuentos. Quedo como un huevón pesado, pesimista, insolente, como sucedió con la niña quemada cuando dije que el tema ya había pasado. Sin embargo son hechos reales y me equivoco siempre en eso, porque creo que la gente tiene la misma honestidad en el sentido de querer ver la verdad, tal como uno la ve. Pero no, la gente quiere escuchar las versiones que les interesan a ellos, que les hacen tilín, que les gustan y esa es una estupidez mía.

Extremadamente realista, por no tildaldo de pesimista, entrevista a diario a un sinfín de personeros públicos y los coloca en aprietos. Definitivamente, él no vino a este planeta a caerle bien a nadie y si acaso tiene seguidores es por su manera indolente de ver el mundo y hacer saber lo que piensa. Un tipo agudo, inteligente, pero que se reconoce con muy poca inteligencia emocional.

¿Te cuesta en general empatizar con tus entrevistados?
La verdad es que no me interesa empatizar con ellos.

Pero Alejandro Guillier, quien compartió contigo en el set de Tolerancia Cero, dijo tiempo atrás que eras un tipo sensible y que escondías ese rasgo mostrándote duro…
Guillier tiene pegado el cliché de que yo soy sensible. Cada vez que aparece un tipo seco, hay quien se vota a psicólogo y dice que no, que en el fondo es muy sensible y tierno. Soy efectivamente tierno con mis hijas y con mis perros, pero no soy especialmente tierno. No ando con el corazón en la mano como el Sagrado Corazón de Jesús.

NO PUDO, NO QUISO Y FINALMENTE ES

Casi sociólogo —porque no llegó a titularse—, comunicador —aunque no se considera tal— y escritor, pese a que asegura que en el ambiente literario no es bien visto que forme parte del mundillo de la tele.

¿De estos tres roles sociales cuál es el que más te acomoda?
Sin duda, el de escritor. No me tengo que mover de mi casa, hago lo que me da la real gana, no tengo que mirarle la cara a nadie y despliego más mis habilidades que en otros ámbitos.

Francisco Ortega, autor de Logia, dice que “el escritor es un sujeto con ego alto pero baja autoestima”, ¿estás de acuerdo?
No sé lo que quiso decir con toda esa fraseología, yo no tengo ni autoestima alta ni baja, escribo no más. Lo que sí, tengo claro lo que sé y lo que no sé.

Autor de una veintena de libros: Memorias dispersas, Juicios erráticos, la novela Muerte a los latinos, El Chile que no queremos —que ya va en su octava edición—, Ruego a usted tenga la bondad de irse a la cresta, además de Memorias de un amnésico, una suerte de autobiografía; Villegas hoy espera se edite en España su más reciente libro, Una novela rosa.

“Aquí no le dieron pelota porque ser parte de este medio —la televisión— te deslegitima ante los “siuticones” y labios apretados del mundo literario. Entonces no te toman en serio, no se molestan. En cambio en España, no saben que trabajo en este medio, por lo tanto, aprecian a un huevón por lo que escribe y lo van a publicar.”

¿De qué trata el libro?
¡Si te lo pudiera contar en una frase para qué lo habría escrito!

Apasionado por el ajedrez, el jazz, la música clásica y el Everton, Villegas asegura que no se compra eso del personaje público. “Soy una persona, eso del personaje suena como que uno se puso a representar a alguien, yo no represento nada, siempre he sido igual, desde chico”.

¿Y cómo te definirías?
Como una máquina pensante. De repente saco problemas de ajedrez, problemas de matemáticas, temas históricos, preparo un artículo para La Tercera, todos los días hago un programa en radio donde debo presentar un tema… y pienso.

Y respecto a tus dichos de que el chileno es pillo, envidioso y chaquetero, ¿tienes algo de eso?
No, yo no ando chaqueteando. Por el contrario, trato de promover a las personas que llegan con sus cosas, con sus libros. Envidioso, ¿qué podría envidiar?, soy tan fantástico que no tengo nada que envidiarle a nadie… (se ríe).

Veo que en tu vida el humor tiene un rol importante…
Total, ¡tú ves que soy un hombre muy divertido! Aunque con poco tiempo. El humor para mí es fundamental, está integrado en mi manera de ser, aunque a veces no se nota mucho. Se trata de un humor más bien contra mí mismo, lo que los gringos llaman self deprecation. No soy de los que anda en los pasillos pelando gente, hablando mal de todo el mundo. El verdadero humor es sonriente, no sarcástico. El sarcasmo es un ataque disfrazado de humor.

¿Y qué cosas de ti mismo te causan risa?
Somos todos unos personajes patéticos y ridículos, ¿o no?

 

EN POCAS PALABRAS

¿Cuál es tu principal crítica a este gobierno?
No tenemos espacio para todas las críticas. En esencia, están actuando sobre la base de un diagnóstico equivocado y una receta peor. Con eso te lo digo todo.

¿Qué notas le pones?
Un uno.

¿Qué es lo mejor y lo peor que le ha pasado a Chile desde que volvimos a la democracia?
Cosas privadas que solo a mí me importan.

Desde tu rol de sociólogo, ¿cómo se supera la crisis de confianza en la que estamos inmersos todos los chilenos?
No tengo idea.

¿Te parece que Camila Vallejos, Giorgio Jackson y Gabriel Boric son un aporte para la política actual?
Está por verse, todavía son muy jóvenes y creen que se las saben todas.

¿Te molesta que la derecha te vea como un abanderado?
No sé cómo me ve la derecha.

¿Qué dirías a quienes te acusan de misógino?
Quienes me acusan de misógino son los mismos imbéciles que me acusan de “facho”.

¿A quién no has entrevistado aún y te resultaría desafiante?
A un extraterrestre.

¿Qué expectativas tienes de Mónica González en Tolerancia Cero?
No tengo expectativas.

¿Qué entrevistados te han resultado icónicos en estos más de quince años que llevas en el programa?
Ninguno.

¿Qué opinión tienes respecto al aborto?
Analizo el asunto y veo que es más complicado que cómo lo plantean. Ahora lo ponen como si fuera un tema de estar a favor o en contra, eres del Colo-Colo o de la Chile. Me parece absurda esa manera de verlo.

¿Pero cuál es tu opinión?
El aborto solo tiene sentido cuando se plantea en toda su pureza, saber que hay una criatura que viene bien, que no tiene problemas y, sin embargo, la mujer podría querer eliminarla; ahí se plantea realmente el tema del aborto. Y en ese caso, no estoy ni a favor ni en contra, a mí me da lo mismo lo que hagan las mujeres con sus guaguas; solamente digo que es un problema complicado porque tiene efectos inerciales en la demografía de un país: empiezas con una razón para abortar y luego se agregan otras razones y pasa como en Europa, que los países empiezan a despoblarse.

¿Y respecto a la eutanasia?
Creo que se trata de un tema personal, si uno se quiere morir en cualquier momento se puede morir. En el caso de una persona que no puede suicidarse porque físicamente no puede moverse, si expresa su voluntad debiera poder facilitársele. Uno es dueño de su propia vida.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación1+4+4   =