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EDICIÓN | Agosto 2015

A cambiar la historia

Henrik Von Appen, esquiador alpino
A cambiar la historia

Necesita entrenar doscientos días al año para mantener su nivel. Para eso viaja buscando la nieve por el mundo. Por estos días, representa a Chile en la Copa Sudamericana y no solo espera resultados, también mostrar un camino para las nuevas generaciones.

Por María Jesús Sáinz N. / fotografía: Andrea Barceló A y Russ Wiley. / Agradecimientos a Bikeworld & Mountain.

Para Henrik Von Appen un segundo es una unidad de tiempo muy grande. “En una carrera apretada pueden llegar diez personas en una décima de segundo y si hay un tipo muy fenomenal puede, incluso, ganar por la diferencia de uno”.

Pero un segundo no es nada…
Un segundo es un margen muy grande.

Definitivamente, lo suyo es un mundo que cuesta dimensionar, porque aunque la cordillera está a nuestra vista como algo cotidiano, descender la montaña en esquí de manera competitiva sigue siendo algo que pocos chilenos conocen. De hecho él, para poder mantenerse a nivel mundial, debe pasar siete meses del año esquiando en Europa, Canadá y Estados Unidos.

Es agosto y está cerrando el primer y único semestre de ingeniería comercial que cursará este año y por eso lo encontramos en Santiago. Nos regala muchos de esos segundos que ahora se vuelven cortos, cuando apremian los compromisos de la ciudad; ha vuelto la nieve a la montaña y una nueva gira lo espera.

¿No es prioritaria la universidad para ti?
Yo encuentro que es importante tener un plan: qué es lo que uno quiere hacer, a dónde quiere llegar y cómo llevarlo a cabo, y para mí el plan es ser el mejor del mundo. Y para eso la universidad pasa a un segundo plano.

¿Vas a congelar la carrera, como hiciste para ir a la olimpiadas, cuantas veces sea necesario?
Sí, o tomar menos cargas. Para poder hacer un buen trabajo tengo que ir a todas la copas del mundo planificadas. Tengo que esquiar entre ciento cincuenta y doscientos días al año.

Durante este mes estará corriendo las fechas de la Copa Sudamericana que lo llevarán por San Martín de los Andes, Bariloche, Antillanca, Valle Nevado, Colorado y La Parva, para terminar en Ushuaia en septiembre. En octubre iniciará una nueva gira por Francia, Estados Unidos, Italia, Suiza y terminará la temporada a fines de marzo.

EL INICIO

Henrik es el hijo del medio del empresario Dag Von Appen y miembro de una familia muy deportista, pero que no tenía mayor vinculación con el esquí competitivo. A pesar de eso, partió muy pequeño. “Desde que tengo memoria”, dice, y se recuerda a sí mismo como un niño que se la pasaba en el suelo.

Sin embargo un amigo de su padre que sí era esquiador se empecinó en enseñarle algunas cosas. “Yo odiaba intentar un buen giro, por ejemplo, pero en algún momento me gustó y seguí”. Tanto que se convirtió en el primer chileno en debutar en unas olimpiadas de invierno con sólo diecinueve años.

“Hoy estoy feliz, llevo cinco años en el equipo nacional, como nueve inviernos seguidos y siete meses fuera de la casa, pero es lo que más me gusta”.

¿Y ha valido la pena?
El año pasado gané la Southamerican Cup. Fui el primer chileno en trece años que la ganaba y accedí al beneficio de poder ir con mi entrenador a la Copa del Mundo. Fue muy bueno para mí y logré bajar mi ranking.

¿Dónde quieres llegar?
Ahora estoy 206 del mundo en mi disciplina y mi meta es estar, en dos años, en el top sesenta para, en tres, llegar a los Juegos Olímpicos, ojalá top treinta, y tener alguna chance de medalla.

Eres joven todavía…
Tengo veinte años, pero este es un deporte longevo en velocidad. Hay medallistas olímpicos hasta los treinta y nueve años.

Las disciplinas que practica son gigante, súper gigante y descenso. Dependiendo de la pista y la especialidad, puede alcanzar los ciento cincuenta kilómetros por hora en una bajada. También hace saltos que llegan a los cinco metros y da giros donde puede recibir hasta tres veces su peso. Es su pasión.

“Lo entretenido es tener que ir rápido en una situación incómoda. Muchas veces en el descenso se tiende a tomar una actitud defensiva, porque hay partes del terreno con mucho movimiento, pero es justo ahí cuando el impulso natural es bajar la velocidad, donde hay que acelerar, ni siguiera contener. Ir más rápido. Se siente un poco de miedo, de adrenalina”.

EL FUTURO

Está plenamente consciente de que este es el deporte de unos pocos y lo lamenta. Hace unas semanas, en una carta al director publicada por un periódico en Chile, un esquiador se quejaba porque en las canchas se habían multiplicado las personas que subían por el día con “sándwiches y termos con café”. Las redes sociales explotaron con personas furiosas y a Henrik le parece bien que así haya sido. “Si la sociedad discrimina este tipo de conductas y comentarios, es un avance”.

Y es que para él hay que hacer todo lo contrario. Acercar la nieve a la gente, pues considera que el principal impedimento para tener más deportistas nacionales es el primer acceso. “Parte del mundo del esquí es tocar la nieve, es el contacto del pueblo con la montaña. No es sólo que sea asequible en términos económicos, sino también en cultura de montaña”.

Luego, dedicarse al deporte es otro tema, también complejo, pero no imposible de resolver. “En el equipo nacional tenemos dos casos de mucho esfuerzo, dos hijos de entrenadores de esquí que han llegado muy arriba. Les ha costado mucho, especialmente ahora que estamos en vacas flacas y los auspicios no llegan como quisiéramos. Es difícil, pero el que sigan luchando y siendo muy competitivos para mí es gigante”.

Aunque estos ejemplos son casos aislados, piensa que es posible soñar con un país que tenga más representantes en los deportes de montaña. Él mismo ha ido innovando en la manera de conseguir recursos que le permitan financiar su actividad. Si bien recibe un aporte del IND y ayuda de su familia, sabe que con eso no basta. Por eso se ha “acoplado” al equipo de Francia “en una especie de adopción”.

¿En qué consiste?
Entreno con ellos y en las carreras compito por Chile. La competencia engrandece, como dice mi viejo. Uno no se da ni cuenta y va mejorando día a día.

¿Y qué ganan ellos?
Un entrenador más en la pista y un compañero para las prácticas.

¿Crees que ese es el camino?
Hay dos opciones. Una es fortalecer las federaciones, buscar niños prodigio y armar planes propios con muchos recursos, y otra es sumarse a las grandes potencias que tienen ligas competitivas, ver lo que hacen ellos e intentar siempre entrenar un poco más. En eso estoy yo.

Pero sin renunciar a correr por Chile.
Por ningún motivo. La verdad es que no tengo ningún lazo con otra nacionalidad, pero además me siento chileno y me gustaría hacer algo por mi país para entregar un camino, ojalá marcar, mostrar un modelo a seguir, como pudo hacerlo Tomás González en la gimnasia.

Quieres ser un referente….
Sí, pero ¡todavía no he logrado nada! Estoy empezando a destacar. Yo no quiero ser solamente bueno, que es la meta de muchos chilenos. A mí me gustaría ser recordado como alguien que llegó a un top mundial y decir que un chileno lo pudo hacer. Que se puede.

Incluso, cree que en nuestro territorio, aún con el invierno corto, hay mucho por hacer. “Tenemos veinte centros de esquí en Chile, en muy buenas condiciones, y también la cercanía de Argentina. En nuestra Cordillera de los Andes hay pistas muy exigentes”. Y recuerda que el único mundial que se ha realizado en el hemisferio sur fue en Portillo, en 1966: “La roca Jack tiene un descenso maravilloso en que se agarran ciento veinte kilómetros por hora en tres segundos”.

Piensa que un camino de desarrollo, que además puede ayudar a la generación de nuevos deportistas, es diseñar proyectos destinados a la competición, como en Estados Unidos, donde son muy rentables, pues reciben mucha demanda de equipos que no pueden entrenar en ninguna otra parte en esa época del año. “No hay comparación entre practicar en un glaciar europeo en verano y trabajar con hielo natural, en un sitio austral de perfectas condiciones”.

De todos modos, ya habrá tiempo para soñar. Por ahora, lo de él es realizar trabajo fuera de pista para fortalecer la musculatura y luchar contra una hernia lumbar que no le da tregua. Viajar, preparar sus esquíes, descender por la pista en el lugar del mundo que sea necesario estar, correr a toda velocidad y ganar aquellas centésimas de segundo que pueden hacer la diferencia entre ser bueno y ser un campeón.

 

Lo entretenido es tener que ir rápido en una situación incómoda. Muchas veces en el descenso se tiende a tomar una actitud defensiva, porque hay partes del terreno con mucho movimiento, pero es justo ahí, cuando el impulso natural es bajar la velocidad, donde hay que acelerar”.

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