Tell Magazine

Entrevistas » Cultura

EDICIÓN | Agosto 2015

Salvada por el color

Paulina Beyer, artista plástica
Salvada por el color

Pequeñas cajitas de colores clavadas en un cerro. Tonos vibrantes que nacen desde el desierto. Colores, colores y colores. Además de lindos, los paisajes de esta artista viñamarina son sanadores. Y nada de eso es casualidad.

Por Mónica Stipicic H. / fotografía Andrea Barceló A.

Pintora, ceramista, escultora, pero también triatleta y coach espiritual. Risueña, divertida y extrovertida, Paulina es una mujer de carácter, multifacética y apasionada. Tanto le gusta pintar que prefiere vender sus cuadros baratos; le encanta verlos colgados en todas partes y obligarse así a seguir produciendo. Como lo ha hecho desde siempre, desde que creció en Viña del Mar.

Estudió diseño en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad jardín. Después aprendió cerámica, pintura y restauración. Era la menor de ocho hermanos y empezó a componer muebles antiguos para ganar algo de plata. Pero fue el nacimiento de su segundo hijo el que gatilló su decisión de dedicarse por completo al arte. “Tuve una depresión posparto y decidí usar la pintura para sanarme”.

¿Qué influencias recuerdas de esa etapa?
Me separé después de que nació mi tercer hijo y me metí a un taller maravilloso en Cerro Castillo. Ahí tuve clases con Augusto Barcia, que fue uno de los primeros en creer en mí, muy jugado. Fue mi mentor. También fue muy importante en esa etapa José Basso, quien me mostró el mundo del paisaje.

Un par de años después, Paulina volvió a casarse y, como ella dice, “cambió el mar por el campo”, porque se trasladó con toda la familia a vivir a Chicureo, lugar que, se apura en aclarar, “no es equivalente a vivir en Santiago”. Ahí descubrió que el circuito artístico en bastante más extenso en la capital e, incluso, firmó contrato con la galerista Carmen Gloria Matthei, quien la llevó a mostrar sus obras alrededor del mundo: “estuvimos en la bienal de Florencia, Japón, República Dominicana, Nueva York. Trabajamos juntas hasta hace un año y medio y estoy muy agradecida de todas las puertas que me abrió”.

CAJITAS DE COLORES

El color es lo más importante para Paulina. Como el arte tiene para ella un componente terapéutico no concibe una tela oscura ni lúgubre. Lo suyo es buscar el color a como dé lugar. Incluso, hace algunos años realizó un taller de arte para internas de la Cárcel de Valparaíso y no descansó hasta lograr que ellas cambiaran el negro y los barrotes por el sol, el mar y la libertad, aunque fuese sólo en el lienzo. “El color ha sido mi salvación”, repite.

¿Cómo definirías la evolución de tus temáticas?
Lo primero siempre son los paisajes. Al principio muy influida por obras como las de Cezanne y Gauguin. Después empecé a abstraerme y a pintar desde arriba, planos y cartografías inventadas. Cuando volví a bajar llegué al horizonte, a estas casas que son como cajitas habitadas por personas. Me gusta que sean entretenidas, ojalá que detrás exista un cuento, que tengan historia. Y en eso el color lo es todo, pues siento que a través de él voy limpiando el cielo y el agua.

La influencia de Valparaíso es evidente.
Es una ciudad que tiene dos miradas: la del color y la de la nostalgia. Pero como el arte es mi forma de acercarme a lo espiritual, no puede haber tristeza en mis cuadros. Por ejemplo, cuando decidí pintar paisajes del norte me costó mucho, no fue fácil encontrar el color que me llevara a darles un toque más luminoso. Sólo pude conseguirlo abstrayéndome de la realidad para entregar atmósferas alegres.

En cuanto a los materiales, todos los cuadros parten con láminas de oro y con acrílicos, pero el remate siempre es con óleo. Como buena deportista, es bastante disciplinada para pintar; si necesita terminar una serie para una exposición lo hace, aunque eso implique largas jornadas de trabajo. Está pintando tres o cuatro cosas en paralelo, principalmente porque siempre tiene ganas de hacerlo. “Trabajo todo el rato, necesito hacerlo”, explica la artista, que acaba de terminar su exposición en Casa Chicureo 2015 y que tiene una muestra permanente en el salón VIP del Aeropuerto de Santiago.

¿Eres muy aprensiva con tus obras?
Para nada, soy súper desprendida y me encanta que lleguen a otras manos. Me compra mucha gente joven, para regalos de matrimonio. Lo que hago mucho es llevar mis cuadros a casas y oficinas para que los cuelguen y los prueben. Cuando los voy a buscar, un par de meses después, nadie quiere desprenderse de ellos.

 

"Como el arte es mi forma de acercarme a lo espiritual, no puede haber tristeza en mis cuadros”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación4+2+2   =