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EDICIÓN | Agosto 2015

Jóvenes y solidaridad, más allá de la generosidad ocasional

Leticia Becker L. Antropóloga y docente Universidad Católica del Norte
Jóvenes y solidaridad, más allá de la generosidad ocasional

En 1994, el Congreso instauró el 18 de agosto como “Día de la Solidaridad”, en memoria de San Alberto Hurtado Cruchaga. Y a partir de 2001, agosto pasó a ser el “Mes de la Solidaridad”, estableciéndose así un periodo para practicar de manera especial, aunque sin excluir el resto del año, este valor que parece encontrar su mayor expresión en momentos de crisis nacionales.

Colaborar en colectas, donar el vuelto, participar en un voluntariado, regalar tiempo; diversas son las formas en que se entiende y se manifiesta la solidaridad. Y distinta es también la visión que los chilenos tenemos de nuestra sociedad y de nosotros mismos respecto de ser solidarios. Así lo comprobó, por ejemplo, una encuesta realizada, en el 2011, por la Fundación Trascender en Santiago y otras doce ciudades, cuyos resultados mostraron que, si bien percibimos a Chile como un país solidario, no nos auto percibimos como tales a nivel personal.

Datos similares obtuvo un reciente estudio efectuado entre 409 alumnos de primer año de las diversas carreras impartidas en la sede Coquimbo de la Universidad Católica del Norte, en el marco de un proyecto financiado por ICALA (Intercambio Cultural Alemán– Latinoamericano), y dirigido por la autora de esta  columna.

Entre las conclusiones del estudio destaca que más de un setenta por ciento de los jóvenes encuestados valora la solidaridad como una acción de entrega de tiempo, más que ayuda material, lo que nos hace replantearnos el sentido de la ayuda solidaria. Vale decir, sin desatender el siempre necesario apoyo material que necesitan los más desposeídos, los jóvenes entrevistados nos dan un mensaje de ayuda al prójimo, con un énfasis en la entrega de sí mismos.

Las respuestas de los alumnos dejan entrever, además, una percepción de la solidaridad, primariamente, como un acto de empatía personal con quienes lo necesitan, expresado como un acto de dedicación de tiempo y atención o de donación desinteresada de bienes o dinero. La solidaridad entendida como apoyo material es valorada cuando ella se plantea en forma altruista, exenta de condicionamientos personales, teniendo valoraciones similares a las observadas para la dedicación de tiempo o atención Sin embargo, esa aprobación decae a valores inferiores al cuarenta y cinco por ciento cuando se incorporan restricciones de orden personal, como donar lo que no se necesita, disponer de recursos suficientes, la existencia de campañas organizadas, o si el acto es percibido como denigrante, por ejemplo, limosnas.

Los jóvenes no esperan que estructuras organizadas mayores de la sociedad, como el Estado, las instituciones religiosas o los grupos socioeconómicos más pudientes, deban ser los agentes de solidaridad; más bien la consideran un atributo de las personas o de organizaciones menores de la estructura social.

Otro dato interesante del estudio es la valoración relativamente alta de la solidaridad como un factor de felicidad personal, de preocupación por los que sufren o como un elemento relevante en la formación profesional. No obstante, quienes asignan importancia a practicar la solidaridad, un alto porcentaje de los alumnos considera que los jóvenes tienen poco compromiso en acciones solidarias. Diversos estudios demuestran que esta percepción se acerca bastante a la realidad, ya que, por ejemplo, la alta valoración que reviste la participación en algún voluntariado se traduce más bien en acciones esporádicas. Sumado a lo anterior, habría desconfianza hacia personas e instituciones que solicitan dinero, lo que justificaría la falta de solidaridad.

Por otra parte, los jóvenes encuestados se muestran favorables a entregar gratis horas profesionales y a formarse profesionalmente para contribuir a la solución de los problemas sociales. “Dar hasta que duela”. Ese era el llamado de San Padre Alberto Hurtado, aludiendo a una solidaridad que iba mucho más allá de regalar ocasionalmente algo material. Respuestas como las de nuestros alumnos parecen recordarnos este llamado, cuando celebramos un nuevo Mes de la Solidaridad.

 

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