Tell Magazine

Entrevistas » Aniversario

EDICIÓN | Agosto 2015

Tradiciones que traspasan las fronteras

Colonias de La Serena y Coquimbo

El orgullo de pertenecer a tantas familias de inmigrantes que anclaron su vida en el puerto de Coquimbo y esparcieron sus semillas en las tierras de La Serena, hace un par de siglos, es el sentimiento profundo de vascos, británicos, italianos, franceses y árabes. Cada uno, con su particular estilo e idiosincrasia, comparten en estas páginas el recuerdo de sus orígenes y de cómo a través de la cocina, música, cultura, baile y religión reviven las costumbres de sus antepasados y nos invitan a formar parte de ellas. Los cinco años de Tell Magazine La Serena-Coquimbo los celebramos con un homenaje a estas cinco colonias y a su aporte innegable al desarrollo de estas ciudades.

Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

Los Argaluza
Tenacidad vasca

La casa de la familia Argaluza Guerrero, en el mirador de La Herradura, sobresale por su arquitectura. Su estilo vasco es la proyección de quienes la habitan, porque aquí se respira y se vive la herencia de Martín Argaluza Amezaga, inmigrante vasco que llega a Valparaíso, en 1912 y años después se radica en Coquimbo, lugar donde nacen sus hijos: Agustín, Begoña y Manuela, quien fallece siendo pequeña. “Mi abuelo Martín se casó con María Manuela Fano, también vasca. Ellos crean un próspero negocio en el puerto, que duró cerca de cuarenta años: el Depósito de Lanas e Hilos, ubicado en Aldunate. Al morir mi abuelo, mi abuela tuvo que hacerse cargo del negocio, de mi padre Agustín (exitoso ingeniero comercial) y de mi tía Begoña (reconocida profesora de castellano)”, comenta Martín Argaluza Olaeta.

La amplia mesa de los Argaluza está tapizada de deliciosas recetas vascas: tapas, jamón serrano, tortilla de papas, puchero de garbanzo, caldo y leche asada. Sentada a la cabeza, está la tía Begoña Argaluza y la acompañan su hija Roxana, sus sobrinos Martín y Marivi, la esposa de Martín, María Ignacia Guerrero, y tres de sus cuatro hijos. Brindis, alegría y una grata conversación marcan este auténtico escenario familiar. “En general, el vasco es muy trabajador, perseverante, obstinado, directo y con un gran sentido por la familia”, comenta Marivi Argaluza.

La tía Begoña no tarda en agregar “mi madre decía que para prosperar había que ahorrar la mitad de lo que se ganaba. Esa austeridad es una característica muy propia de los vascos y de nuestra familia”.

Familia McNab
Orgullo escocés

“Que el temor esté lejos de nosotros” es el lema de este clan escocés y el abogado serenense, Patrick McNab lo muestra orgulloso, junto al escudo familiar y luego, relata su origen. “Mi bisabuelo, Alexander McNab viaja a buscar fortuna en el Oriente y luego, llega a Chile. El era comerciante y fotógrafo y se radicó en Valparaíso, al igual que la gran mayoría de la colonia británica. Él es el primer MacNab que llega a este país con algunos hijos ya nacidos y mi abuelo, John McNab, nace en Chile, en 1889. De todos los hijos, fue el único que se radicó acá. Se casó con mi abuela escocesa Alice y siempre mantuvieron una vida de tradición británica. Vivieron en Concepción y tuvieron dos hijos: mi tía Elizabeth y mi padre, Ian McNab. Mientras mi padre estudiaba medicina en Concepción conoció a mi madre, Loreto Martin, que era de La Serena. Esta es la razón de porque llegaron a esta ciudad”, afirma Patrick, quien comparte esta historia de tradición escocesa, junto a seis hermanos.

Entorno a una mesa finamente decorada, Patrick, su mujer Adriana y su hijo Andrés, quien viste el traje escocés, herencia de su bisabuelo, disfrutan del tradicional English Tea. La familia McNab se dispone a compartir una taza de té, acompañada de brownies, scones, mermelada de naranja casera y galletas. “La tradición inglesa continúa a través de la comida. Mi abuela cocinaba muy bien y mi señora heredó todas sus recetas”.

“Del carácter de los escoceses yo destacaría la austeridad. Mi padre era una persona muy estoica, nunca se quejó, siempre se preocupó de las cosas más de fondo y eso como familia lo hemos cultivado. La puntualidad es genética. Sin duda, siento mucho orgullo de mis antepasados”, afirma Patrick.

Stefania y Bruna Rizzoli
Dolce Italia

Desde Trento, en 1951, desembarcó en el puerto de Coquimbo, Luigi Rizzoli, y un año después, lo hizo Giuseppina Cova. A los pocos meses de conocerse se casaron y tuvieron siete hijos, entre ellos, Stefania y Bruna. Ambas heredaron las deliciosas recetas italianas que comparten en cada encuentro y fiesta familiar, que sin duda, son muchas y bien “achoclonadas”.

“El canto coral, el baile trentino y los platos típicos como la polenta con chucrut, salchichas, costillar y jugo de carne forman parte de la alegría y entusiasmo que vive la colonia italiana en La Serena, en especial, cuando celebramos nuestro aniversario”, agrega el empresario, Luigi Rizzoli.

En el amplio jardín de la casa de Stefania, la mesa luce esplendorosa. Ella y su hermana Bruna crecieron viendo a su madre y a sus tías cocinando para todo el clan. Con el tiempo, fueron incorporando sus propios secretos. Grostoi, tiramisú, zelten, strudel, torta de gradela y galletas son solo algunas de sus dulces preparaciones que cautivan no solo a los integrantes de la colonia. “Un día mi hija Gisela me dijo: ¿porque no haces tiramisú para vender? Lo publicamos en Facebook y después de diez minutos tenía quince pedidos”, comenta orgullosa Stefania.

Bruna agrega “mi especialidad es el zelten y las galletas. A la gente le gusta mucho, porque son recetas caseras… la idea es que nuestros hijos sigan manteniendo estas tradiciones culinarias… que no se pierdan nunca”.

Madame Fraugnaud, Eugenia e Iris Cazaux
Elegancia francesa

Ana Fragnaud Henry tiene noventa y cuatro años, hija de inmigrantes franceses y profesora de francés. Es conocida en La Serena como madame Fragnaud, ya que por años fue subdirectora de la Universidad de La Serena y directora del Colegio Inglés. Se casó con el fundador del teatro en Chile, Emilio Martínez y tuvieron tres hijos: Cristian, Carla y Blas. Al enviudar, conoció a Ives Ferratfiat, especialista en cocina francesa y experto en elaboración de licores y quesos. “Cuando vivíamos en el Molle, preparábamos diversas recetas francesas y celebrábamos el aniversario de Francia, todos los 14 de julio. Hoy, ya no cocino como antes, pero la elaboración de paté, quiches, mermeladas caseras, quesos, licores de almendra, pasas y anís eran típicas en nuestra cocina”, recuerda madame Fragnaud.

Eugenia Cazaux, comparte con madame Fragnaud su origen francés y es la pareja de su hijo Blas. Afirma que el primer inmigrante de la familia Cazaux, llegó a Chile a principios del siglo XIX. De sus orígenes más cercanos, recalca que su abuelo, Alfredo, tuvo diez hijos, entre ellos, su padre Guillermo (97). “Nosotros vivimos nuestras tradiciones a través de la cocina francesa. Me encanta preparar quiche, crepes y de postre, como costumbre, sellamos la cena con quesos. El champagne y el vino tampoco pueden faltar”, afirma Eugenia.

“Rescato de nuestras tradiciones culinarias el paté de tórtola, el quiche de cebolla y el clafoutis. En materia de cultura, me encanta la música, el teatro y el cine francés”, agrega la tía de Eugenia, Iris Cazaux.

Tamam Zeran y Salma Raslan
Pasión árabe

“El sentido de familia está por sobre todo, por eso los árabes somos tan “aclanados” y las casas siempre están llenas de gente. Crecí entorno a la comida, a la religión musulmana, a la danza, a la música y a las largas tertulias sobre el conflicto árabe. Nuestras tradiciones son muy potentes”, enfatiza Tamam Zeran Sukni, nieta de Ahmad y Helhue Sukni, quienes llegaron desde Palestina a nuestro país, en 1933 y formaron una numerosa familia con trece hijos.

Hace veinte años, Tamam se casó con su primo hermano, Mahadma Sukni y junto a sus cinco hijos viven intensamente las costumbres e identidad palestina. En todos los encuentros y reuniones familiares es infaltable la comida. Tamam se afana preparando keppe, hojitas de parra, repollo, morrón, papas, zanahorias y ajíes rellenos. De los dulces: mamul, aristelos y baklava, todo coronado con un delicioso café o un té con hoja de menta. Su mesa siempre luce radiante, cálida y tentadora. “Soy orgullosa de ser palestina y quiero que nuestras tradiciones se prolonguen por siempre”, recalca Tamam.

La danza árabe es otra de las costumbres que se traspasan de generación en generación y Salma Raslan (21) lo lleva en su ADN. Nació en Siria y llegó a Chile, cuando tenía seis años. Su padre Abdullatif se casó con una serenense y eso los llevó a radicarse en esta ciudad. “Nunca he tomado un curso de danza, porque lo llevo en la sangre. Bailo desde pequeña y cuando hay algún evento especial o familiar. De carácter soy una guerrera, muy apasionada y orgullosa de mi origen”, afirma Salma.

 

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación2+7+5   =