A sus sesenta y ocho años, nada la detiene. Entre el teatro, la pintura, su programa radial, los viajes y las diferentes actividades que gestiona hace veintiún años en la Alianza Francesa de La Serena, Angela Domas ha construido una historia de vida apasionante y todo de manera absolutamente voluntaria. Su mayor retribución: el conocimiento y la gratitud.
Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
Cuando toma un avión y traspasa las fronteras, su única intención es ir detrás del arte, de la cultura e historia de los cientos de lugares que ha visitado por el mundo. Tuvo este privilegio al trabajar durante treinta años en aviación comercial, primero en Air France, luego en Varig y, finalmente, en Avianca. Su principal habilidad para entrar a este rubro fue su dominio de los idiomas francés e inglés, más tarde se sumó algo de italiano y portugués.
Siendo muy pequeña, Angela Domas Tudezca (68), le escribía cartas a una tía abuela que vivía en Auvergne, en el centro de Francia. Al poco tiempo, le envió los pasajes para que la visitara y con tan solo catorce años, se fue para conocer sus raíces. “Siempre he sido muy curiosa e inquieta, la verdad más atrevida. Mis padres fueron muy generosos al dejarme ir, porque ambos eran de origen europeo y tenían otra mentalidad, mucho más abierta y menos aprensiva. Estuve casi dos años en Francia. Una experiencia extraordinaria, hice amistades, viajé y me regalonearon mucho, pero también, extrañaba a mi familia. Me llegaba una carta al mes y la esperaba ansiosa… la leía diez veces”, recuerda Angela.
A su regreso a Santiago, retomó el colegio y decidió trabajar. Encontró un aviso en el diario, donde la única condición que solicitaban era ser joven y hablar fluidamente francés. Se trataba de la línea aérea Air France. A los diecisiete años, la contrataron y capacitaron como auxiliar de tierra. “Yo estaba en el colegio, llegaba al aeropuerto con uniforme y me lo cambiaba por un traje maravilloso, con guantes, carteras… diseñados por Dior.
¡Imagínate!, me creía lo más importante y me pagaban muy bien, lo gastaba con mis hermanas y le hacía regalos a mi mamá”, afirma Angela. Pasó por diferentes departamentos y se fue especializando, hasta llegar a un puesto de jefatura en la línea aérea Avianca. Durante esos años, contrajo matrimonio con un norteamericano y tuvo dos hijos: Michael (42), abogado, y Katherina (41), intérprete en danza y escenógrafa.
Al poco tiempo se divorció y varios años después se casó con un compañero de trabajo. Una inminente reestructuración de la empresa, hizo que Angela dejara de pertenecer a Avianca y eso significó tomar la decisión de irse de Santiago. En 1993, llegó a La Serena. Años atrás había venido de vacaciones y le encantó. “Recuerdo que, en esa oportunidad, dije: “aquí me gustaría pasar el resto de mi vida”, acota.
ORDENAR LA CASA
Ya instalada en la ciudad, comenzó a buscar espacios de integración y a hacer amigos. Un nuevo quiebre matrimonial la llevó a cuestionarse si permanecer en esta ciudad, sin embargo, optó por quedarse. Así llegó a la Alianza Francesa Instituto de Cultura Chileno Francés (ITC), ubicada en esos años en una pequeña oficina en calle O’Higgins. “En 1994, entré como socia y me puse a trabajar de manera activa. Como estaba jubilada tenía tiempo y me daba el lujo de trabajar voluntariamente. Ya llevo veintiún años en esta institución”, agrega Angela, quien se convirtió en la responsable de la acción cultural de la Alianza Francesa de La Serena.
¿Qué recuerdos tienes de esos años?
Cuando llegué a esta institución me di cuenta de que estaba muy en pañales y que se podían hacer muchas cosas, entonces, partí por ofrecer mis conocimientos de administración y experiencia general de lo que había conocido en mis viajes por el mundo. Además, vengo de una familia de artistas…
¿Tus padres lo son?
Por el lado materno, los Tudezca, son todos músicos y cantantes. Mi sobrina, Cristina Gallardo Domas, es una reconocida soprano y vive en Europa.
¿Cuál fue tu aporte concreto en el instituto?
Partí con una reestructuración física del lugar y, luego, comencé con la gestión cultural. Me relacioné con diferentes artistas y ofrecía este espacio para desarrollar teatro, pintura, música, etc. Hice un trabajo más bien sistemático, todos los meses organizábamos diferentes actividades culturales. Creamos una biblioteca y crecimos; hace diez años el Instituto se cambió a calle Matta, donde permanece actualmente.
SOBRE LAS TABLAS
Cuando niña, Ángela tuvo su primer acercamiento con el teatro. “Me gustó mucho y de un día para otro, me hice popular en el colegio porque aparecí en una obra. Esto formaba parte de las miles de inquietudes que yo tenía en aquellos años. Ahora pienso que debí estudiar teatro”, comenta. Pero lo has podido desarrollar libremente Sin duda. Estando en la institución, hace ya varios años, me contacté con un joven actor y le propuse organizar talleres. Comencé a promoverlo y todos mis amigos me decían: “si tú te inscribes en ese taller de teatro, yo voy”. Después, un amigo actor, Héctor Álvarez, me propuso hacer un monólogo, eso fue hace diez años y, hace cinco, montamos la obra teatral Gabriela y Pablo.
Donde tú interpretas a Gabriela Mistral
¡Así es! Esta es una obra escrita por Yolanda Varas Ojeda y es un trabajo maravilloso que realizó a partir de los monólogos de nuestros Premios Nobel: Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Es la postura de ambos frente a la vida, pasión, naturaleza, amor, muerte, sociedad, etc. Yolanda estudió toda la biografía de estos poetas y buscó las semejanzas que existían entre ellos. La puesta en escena son monólogos paralelos y la escenografía es muy atractiva. ¡El resultado es muy interesante!
¿Qué ha significado para ti personificar a Gabriela?
Un tremendo descubrimiento, porque lo que yo sabía de ella era muy básico. Tuve que estudiar y aprender de ella y la verdad es que me fui encantando con este personaje extraordinario. Me siento muy orgullosa de representarla. Además de esta obra, hago un monólogo de Gabriela que lo presento en los colegios y si asisto en un encuentro poético, dramatizo su poesía ¡eso me encanta! Todo esta vinculación con el teatro, que me fascina, no estaba en mis planes ¡pero lo hice! y lo mismo me pasó con la pintura…
¿Te dedicas también a pintar?
Hasta el día de hoy. He pasado por el óleo, pastel, acrílico y dibujo, pero hace tres años que aprendí la técnica de pintura con un pigmento que se llama grana, que sale de la cochinilla. Estudio esto con una profesora que vive en México. Cuando viene a Chile, aprovecho de profundizar la técnica y, además, organizamos exposiciones. También hago artesanía…
¿De qué tipo?
Pinto calabazas decorativas con personajes ficticios creados por mí. Las calabazas las cultivo en una parcela y con ellas formé La familia calabaza del Valle del Elqui. Tengo esta muestra publicada en Facebook, pero es solo para exposición, no las vendo, a pesar de que siempre me las quieren comprar. Tienen colores muy llamativos y además de los sesenta personajes que conforman esta colección, pinto espacios físicos, como plazas o iglesias. Como tengo un departamento en Vicuña, me encierro a pintar en mi taller. Ahora trasladé las calabazas a La Serena, porque estamos haciendo una sesión de fotografía para mi sitio web.
ENCUENTRO CON LA LÍRICA
Parte del camino recorrido por Angela en esta ciudad, tiene un sello más que especial. Su vida tomó un vuelco inesperado cuando conoció al fundador y presidente del Instituto Chileno Francés y ex presidente de la Corte de Apelaciones de La Serena, Alfredo Azancot Vallejo. “Ese hombre maravilloso que ves en la foto (señala hacia uno de los muros de la biblioteca del instituto) marcó la etapa más hermosa de mi vida. Nos enamoramos y estuvimos casados quince años. Alfredo falleció en el 2012…”, afirma entre lágrimas.
Un hombre muy especial…
¡Mucho!… no he logrado superar su partida. Además de mis hijos y mis seis nietos, él ha sido lo más importante. Una pausa marca la entrevista. Angela se repone y continúa con su relato: “el trabajo voluntario aquí ha sido maravilloso y me ha dado la posibilidad de generar diversas actividades. Ciclos de cine, galas gastronómicas, exposiciones, obras de teatro, charlas, convivencia asociativa y espectáculos”.
Es que además de su incondicional labor en la Alianza Francesa, Angela es la productora y conductora de su propio espacio en la radio de la Universidad de La Serena. Hace más de veinte años dirige el programa Encuentro con la lírica. “Una vez a la semana, presento una ópera completa, su historia, compositor, intérpretes y en cada uno de ellos relato el argumento. El programa es de dos a tres horas, es decir, lo que dura una ópera”.
¿Todo lo que haces es ad honorem?
Así es, pero me hace muy feliz.
¿La vida te lo retribuye?
¡Claro! He vivido momentos maravillosos en torno a todo lo que hago. La gente me lo expresa, lo agradece y con eso ya me siento más que satisfecha.
Hago un monólogo de Gabriela que lo presento en los colegios y si asisto en un encuentro poético, dramatizo su poesía ¡eso me encanta! Todo esta vinculación con el teatro, que me fascina, no estaba en mis planes ¡pero lo hice!”.