Para esta artista, pintar y enseñar son un todo. Desde que descubrió la técnica de la cromoterapia y la habilidad para transmitir sus conocimientos, no ha dejado de dar clases a quien llega a su taller. Colores, volumen, textura y formas dan vida a sus dinámicas e intensas creaciones.
Por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.
En un salón continuo al living de su casa, casi a los pies del Cerro Grande en La Serena, está su taller. Es un espacio luminoso, pulcro y en extremo ordenado. Mesas, atriles, cientos de pinturas, pinceles, espátulas y telas se confabulan para crear un escenario armónico e inspirador. Sugerente no solo para la artista, sino además, para las alumnas que encuentran, aquí, un momento sublime de máxima expresión y libertad.
En Río de Janeiro, hace ya varios años, Beatriz Larraín realizó un posgrado de pintura avanzada en la Escuela de la Barra de Tijuca. Aquí se convirtió en la profesora de sus compañeros de curso y, al mismo tiempo, constató su facilidad para enseñar. Cuando regresó a Chile, junto a su familia, hizo un curso especializado de pintura en la Pontificia Universidad Católica; sin embargo, no duró mucho tiempo, pues sabía mucho más de lo que le estaban enseñando, incluso, los alumnos de ese curso decidieron continuar sus clases con Beatriz.
“Siempre tuve habilidad con el arte y creo que uno lo trae en el disco duro. Me dediqué a educar a mis hijos y cuando terminé esta tarea me enfoqué de lleno a pintar y, por sobre todo, a enseñar. Descubrí una técnica de enseñanza propia, a través de la cromoterapia. Así transmito el conocimiento a mis alumnas”, afirma.
¿Y en qué consiste?
La cromoterapia es una técnica aplicada. Es un juego de colores y esto es lo que da el volumen, la perspectiva y las dimensiones. Enseño a pintar en volumen y esto se logra a través del color y la forma. La base de mis clases es el óleo y la técnica es la cromoterapia. Visualizamos los colores, los llevamos hacia el cuerpo y entregamos los problemas…
¿Cómo descubriste esta técnica?
Por la experiencia de vida. En momentos complejos necesitas ver las cosas de manera diferente y la pintura me ha ayudado mucho a eso. Comencé a aplicarla hace veinte años atrás, cuando les enseñé a mis compañeros en Río de Janeiro. Cuando descubrí que tenía el don de enseñar se convirtió, con el tiempo, en mi fuente de trabajo.
¿Pintar y enseñar siempre van de la mano?
Para mí, sí. Los maestros aprendemos de los discípulos y es un constante aprendizaje. En cada error que comete un alumno y que debo corregir, también voy aprendiendo.
¿Pintas solo en óleo?
Es que el óleo es el rey del arte y es lo único que la tecnología no ha logrado superar, ni someter. Me gusta mucho el óleo, porque siempre tiene solución y al traspasar esto tan básico a mis alumnas, lo van aplicando en sus vidas.
Yo busco transmitir algo más… no publico mis cuadros en Internet, porque para mí tienen alma, entonces, no puedo encajonarlo en un sistema que no me calza. Mis cuadros son el nacimiento de una creación única.
¿Y que materiales utilizas?
Uso óleos franceses y holandeses de primera calidad. Las telas tienen licencia internacional y utilizo, también, crayones de óleo y diversos tipos de espátulas y pinceles. Para dar volumen uso una pasta o gel que se amolda y da diferentes texturas.
EXPLOSIÓN DE COLORES
Las clases de Beatriz Larraín son personalizadas y para un grupo de no más de cinco personas. En la medida en que el estado anímico y las emociones de sus alumnas lo permiten, la artista va impartiendo sus conocimientos. “Este no es el típico taller, porque yo no pongo una figura para que cada una capte lo que quiera; todo lo contrario, yo trabajo con el color y la forma… que ellas sientan lo que significa una pincelada, la textura o un crayón”, recalca Beatriz.
¿Siempre hay una conexión interna en todo esto?
A través del color voy enseñando no sólo a mirar, sino a ver. Es un trabajo interior y emocional de las alumnas, pero apoyado por mí. Aquí derramas emociones, te liberas, juegas, te relajas. Muchas alumnas llegan con cargas pesadas y se van volando… ¡felices!
¿Pasa que tus alumnas quieren imitar tus creaciones?
Sí, pero yo las guío para que saquen todo su mundo personal. El estudio de la pintura puede durar años, lo principal es tener un buen maestro que haga fluir lo mejor de sus alumnos, que entregue conocimientos y enseñe a plasmar lo que sientes.
CUADROS DINÁMICOS
Beatriz hace un alto en la conversación y va en busca de una pintura tridimensional dividida en varios cuadros. Los pone sobre un atril y como un rompecabezas va formando un árbol con unas coloridas manzanas enteras y otras mordidas que resaltan en un fondo negro. Me invita a tocarlo y a sentir la textura craquelada que sobresale en todos sus elementos.
“Yo digo que mis cuadros son dinámicos porque los puedes poner como quieras y, al mismo tiempo, jugar con las formas… todo coincide”, agrega.
¿Qué significa este cuadro para ti?
El árbol es el ciclo de la vida. Bota sus hojas, crece y sigue… Esta es una serie y nace de una inspiración del momento.
¿Todas tus alumnas llegan aquí por aprender la cromoterapia?
No todas. Algunas vienen porque quieren aprender a pintar con óleo. Tuve una alumna de setenta años y cuando llegó me dijo: “mi sueño es aprender a pintar”. Estuvo dos años conmigo y cada vez pintaba más hermoso… falleció hace un mes. No hay sueños imposibles, solo hay que intentarlo.
"Yo digo que mis cuadros son dinámicos porque los puedes poner como quieras y, al mismo tiempo, jugar con las formas… todo coincide”.