Aunque no en todo Chile se pasa un invierno igual de frío, en muchas ciudades las mañanas amanecen con la temperatura más baja. Los que viven en el norte lo pueden corroborar, por eso siempre está la excusa para cocinar algo calentito. Qué mejor que llevar todo a la olla y hacer esos caldos milenarios que nos hacían cuando chicos: una sopa de pancutras o pantrucas, carbonada, sopa marinera, etc.
Pero antes hablemos de las ollas… dicen las leyendas que fueron “los gigantes” quienes las utilizaban para transportar agua y luego cocinaban en ellas. Estos eran buenos para trabajar el fierro fundido y de ahí fueron creando estas vasijas que, además de llevar el agua, se podían poner al fuego. Aunque la historia real data de cuando el ser humano deja de ser nómada y se transforma en sedentario. Al descubrir el fuego, comienzan a cocinar sus alimentos. Mientras el hombre estaba de cacería o recolección, las mujeres comenzaron a trabajar el barro dándole forma a vasijas donde llevaban al fuego agua, carnes, vegetales y así comenzaron las cocciones, por horas, de muchos alimentos.
Esto fue un gran avance y mantener siempre la comida caliente. Con los años comienzan a perfeccionar estas ollas, que podemos ver en todas las culturas, pues se han encontrado vasijas de barro enterradas. Incluso los egipcios las hacían de muy buena calidad, aunque era menos común en fierro, ya que esa forma era más avanzada y de conocimientos más profesionales, por eso se las atribuyen a los vikingos. La evolución de las ollas comienza cuando llegan a América, en 1642, con las conquistas, y arriban con ollas de fierro con tres patas, que en muchas ilustraciones se ven cómo las colgaban en los campamentos con el fuego encendido por días (había abundancia de leña).
Ya con las ollas comienza la revolución por las comidas y caldos espesos, gracias a la también reducción de los líquidos. Aumentan los sabores y se aparecen las largas cocciones de huesos con carne, que al dejar enfriar se formaba una gran capa de grasa sólida que servía como protector de los calores y traslados de los productos. Así como la sal fue un gran aliado en la conservación de los alimentos y traslados de las comunidades e intercambios. Además, se ocupaba esta grasa o manteca para hacer pan.
Pero otra gran revolución es la olla a presión. Hay registros de que se inventó en 1679, pero quien la patentó fue José Martínez, de Zaragoza, España, en 1919. Por eso los quiero invitar a probar la nueva generación de ollas, pues personalmente las ocupo y el resultado es óptimo: Royal Prestige, que tuve la suerte de ocupar hace quince años atrás en Estados Unidos.
Se puede cocinar con poco aceite y muy poca agua, son de acero quirúrgico, aluminio y acero inoxidable. Llegaron a Chile hace muy poco, de la mano de unos amigos argentinos y, realmente, se cocina en menos tiempo. Las verduras, como por ejemplo las betarragas, se hacen con muy poca agua y quedan blandísimas, con mucho sabor. Si quieres cocinar una carne, también va a la olla con verduras, menos agua de lo normal. Si quieren una demostración en su casa me escriben a mi mail y les preparo una clase de cocina de regalo (rbaranaog@gmail.com). También les dejo de regalo esta rica receta para el frío, por supuesto, preparada en mis ollas Royal Prestige.
Posta negra a la olla:
-2 kilos de posta negra entera
sin cortar
-3 cebollas
-2 zanahorias
-2 cebollines
-3 tomates
-1/2 litro vino blanco
-Sal, aliños a gusto
Llevar todo a la olla con una cucharada de aceite oliva. Dorar bien la carne con la cebolla Agregar las zanahorias, cebollín y tomates. Aliñar y agregar solamente el vino y cocinar por cuarenta y cinco minutos con la tapa. A disfrutar y acompañar con pasta o arroz. Que les quede rico y acuérdense de escribirme. Un abrazo.