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EDICIÓN | Julio 2015

Waldo Valenzuela

María Canihuante Vergara
Waldo Valenzuela

Lo curioso es que este joven pintor, y gracias a que su padre era dueño de una librería en Ovalle, ya el año 1951 había leído y se había encantado con Norte Grande, La novela del salitre, obra de Sabella.

Como todos los años, recibo una invitación: Cristo en el Arte, 2015. Waldo Valenzuela, profesor, académico, maestro de maestros, es el creador de esta muestra tradicional en nuestra ciudad.

Conversando con don Waldo, me cuenta: Cristo en el Arte es una muestra colectiva que nació, en 1978, en la Universidad del Norte y que duró hasta el año 1980. Y, el año 1987, ejerciendo docencia de arte en el Liceo Experimental Artístico y por la visita a Antofagasta de su Santidad Juan Paulo II, la reiniciamos con el patrocinio del liceo. Considerando estas fechas, la exposición Cristo en el Arte lleva ¡treinta y dos años!

Sabella también comenta la muestra:
Waldo Valenzuela es un esforzado compañero en el desarrollo de nuestras artes plásticas. La exposición Cristo en el Arte, noble tarea de Valenzuela, lo demuestra, sobradamente; a través de estos eventos de espiritualidad, de gran calidad de las obras, para beneficio de la cultura del Norte.

Continúa don Waldo: Esta muestra gira en torno a la Vida, Pasión y Muerte de Cristo que acaeció hace más de 2.000 años, pero que prosigue a través del dolor provocado por los desastres de la naturaleza o por las estructuras de inequidad e injusticia en la sociedad. Es por eso que el tema recurrente en los artistas plásticos es la detención, tortura y ajusticiamiento de Jesús, estando su vida, además, enriquecida por acontecimientos de gran belleza. Los protagonistas debaten con entusiasmo y talento, en torno al Misterio siempre nuevo del Mensaje de Cristo que, al igual que el símbolo de la Cruz, nos tensiona hacia lo alto desde su vertical bien hincada en tierra y desde su horizontal con los brazos bien abiertos. En un pasado reciente exhibieron en este salón el padre Gustavo Le Paige, que también pintaba; Nemesio Antúnez, quien participó con un grabado. Claudio di Girólamo, con reproducciones de un montaje que realizó en el Museo de Bellas Artes en Santiago.

Dice Valenzuela:
Es sabido entre los pintores de íconos de la iglesia de Oriente, los artistas de la Iglesia Ortodoxa, que el primer pintor que dibujó y pintó el rostro de Cristo fue el Evangelista San Lucas, quien además de ser médico era pintor. San Lucas habría pintado directamente del natural un retrato de María la Madre de Jesús, a quien conoció, sobre una placa de mármol. A Jesús le hizo un retrato en base a los datos que le fueron dando los apóstoles que compartieron su vida. De estas primeras imágenes pintadas no hay rastros. Estas serían las fuentes de inspiración de todas las imágenes de Jesús, especialmente en el Arte Bizantino, del cual se alimentó todo el arte del Pre Renacimiento Italiano.

Respecto al artista, Andrés Sabella dijo: Valenzuela es de aquellos que hicieron del Norte una vocación, dejando tentaciones de moda y ventajas de taller ‘a gusto de’, para intentar la hermosa aventura de expresar a la tierra y al hombre de nuestra Región. Waldo nació para el arte, batallando con estas fuerzas. Este ha sido su mérito y su definición. Hijo de Ovalle, Waldo intima con sus verdes y no teme encuestar a los ocres y los grises que nos hechizan y nos conmueven en la austeridad de nuestras pampas.

Es interesante saber desde cuándo se conocen Andrés y Waldo:
desde el Vagón Cultural que recorrió el Norte de Chile, desde Calera a Iquique (1951), dirigido por Sabella. Se detuvo en Ovalle y allí Andrés conoció a un delgado y moreno estudiante de secundaria, pero que pintaba muy lindo, era Waldo Valenzuela. Fue Sabella quien le organizó la primera muestra individual.

Lo curioso es que este joven pintor, y gracias a que su padre era dueño de una librería en Ovalle, ya el año 1951 había leído y se había encantado con Norte Grande, La novela del Salitre, obra de Sabella.

El destino les tenía guardada una grata sorpresa: una larga y entrañable amistad en que compartieron arte, literatura, cultura y, por sobre todo, un inmenso amor por el Norte Grande.

 

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