Directora del Departamento de Ingeniería Metalúrgica y Minas de la Universidad Católica del Norte, no solo lidera equipos académicos y de investigación, sino que ha debido afrontar importantes desafíos en medio de una época marcada de cambios. Trabaja bajo la convicción de que no hay imposibles y a la hora de los reconocimientos señala que la familia es un pilar fundamental para el desarrollo profesional femenino.
Por Soledad Meléndez R. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
En la mesa de la oficina de Lilian Velásquez hay una foto de la Selección Chilena de Fútbol, los flamantes campeones de América, pero con los rostros de sus alumnos. A un lado de la foto, un galvano de su reciente premio “Investigación o Creación Artística Relevante 2015”, entregado por su casa de estudios por el proyecto “Lixiviación de minerales sulfurados de cobre en medios clorurados”.
Estos pequeños símbolos reflejan cómo Lilian enfrenta la vida: con humor e inteligencia. Está convencida de que es posible soñar en grande y alcanzar metas mostrando hechos concretos. Apostó por trasladarse a Australia con toda su familia para realizar su doctorado en una línea de investigación basada en la extracción de cobre utilizando agua de mar, algo impensado en la década del noventa y que hoy es toda una realidad.
¿Cómo fue la experiencia de partir a Australia?
Mi marido y yo somos ingenieros civiles metalúrgicos de la Universidad de Concepción y, en 1995, nos vinimos a vivir a Antofagasta por una oportunidad de trabajo de mi marido. El año noventa y nueve comencé a trabajar en la Universidad Católica del Norte y, el 2003, tuvimos la posibilidad de irnos con toda la familia a Perth, en Australia, para realizar un Ph.D. en Mineral Science en la Universidad de Murdoch. Me fue muy bien en esa institución, donde me ofrecieron seguir trabajando como postdoctor y académica. Después regresamos a Antofagasta para continuar mi labor como docente e investigadora en la UCN.
¿Continuaste en la línea de investigación que comenzó en Australia?
Sí, trabajé en un proyecto que tenía mi profesor, Mike Nicol, junto con BHP, que estaba ligado con Chile. Entonces era muy atractivo trabajar en algo que pudiera servir a mi país y así lo hice. Cuando volví a Chile, seguí con mi línea de investigación y BHP me siguió apoyando. Creo que eso fue un pilar importante en mi vida profesional, porque ellos me apoyaron con un proyecto de doscientos millones de pesos, que me permitió implementar un laboratorio, crear mi propio equipo de investigación, primero con estudiantes de pregrado de Ingeniería en Metalurgia y después con estudiantes de magíster de Metalurgia Extractiva.
¿Cómo podrías explicar esta innovación?
Lo que hacemos, que no es usual, es tratar los minerales sulfurados por vías hidrometalúrgicas, al contrario de lo tradicional que es por flotación y fundición. Nuestra investigación apunta a utilizar esta vía que es más amigable con el medio ambiente, trabajando con temperaturas ambientales y utilizando el agua de mar. Sabemos que el recurso hídrico es escaso y de ahí que sea tan importante usar el agua de mar para el tratamiento de minerales. Es una respuesta concreta a una urgencia real y eso es lo atractivo de este proyecto.
¿Fue muy difícil incorporar un concepto tan novedoso como utilizar agua de mar en minería?
Al comienzo fue muy difícil, muchos decían que no era probable reutilizar el agua de mar, por los costos involucrados, pero hoy en día esto es una realidad que nos insta a continuar con las investigaciones y avanzar en los tratamientos minerales por vías hidrometalúrgicas, usando agua de mar, que debido a los iones de cloruro ayudan a acelerar el proceso.
DESAFÍOS
La carrera profesional de Lilian Velásquez está cargada de desafíos, no sólo en materia de investigación, sino que también como académica en una época marcada por los cambios, donde los jóvenes ingresan a la universidad con nuevas demandas educativas, un mercado laboral cada vez más competitivo y con una incorporación de la mujer al sector de la minería cada vez más creciente. Hechos que hacen mirar el futuro con nuevos enfoques y soñar en grande, como con una mina propia para los alumnos, para un aprendizaje cada vez más real.
¿Cuáles son los desafíos para formar a los futuros profesionales?
Las nuevas generaciones deben tener una mentalidad ganadora. Saber que son capaces de alcanzar sus metas y para eso, ya no basta con enseñarles solo teoría, pues hoy en día existen demasiados estímulos como para pretender que los estudiantes solo aprendan de los libros y, en ese sentido, las empresas mineras son claves.
“Las universidades tienen la obligación de que los nuevos profesionales tengan las herramientas necesarias para satisfacer los requerimientos del sector productivo. Pero esto no es solo una tarea de las universidades; el sector productivo, y en particular el mundo minero, tiene mucho que decir. Por eso es de suma importancia que el sector minero sea parte de este proyecto educativo. El llamado es que las empresas mineras se integren cada vez más, mostrando a los estudiantes cómo funcionan las faenas, mostrando en terreno de qué se tratan los procesos”.
¿Cómo se ha vivido la incorporación de la mujer en el mundo laboral?
Actualmente se reconoce que tener una mujer en cualquier área minera es indispensable, por su confiabilidad, capacidad de organización, logro de resultados y su liderazgo. Entonces es algo positivo, ya se ha demostrado que podemos competir con un hombre, no esperando un trato especial, sino con nuestras propias capacidades; es un fenómeno que viene en aumento. Existe una disposición distinta que nos permite jugar un rol más protagónico en la industria minera.
¿Cómo considera que sus logros académicos y profesionales han aportado a su desarrollo personal?
Mi mayor satisfacción es ver cómo mis estudiantes crecen en conocimiento, se titulan y continúan con sus mentes abiertas y llenos de ganas de aprender cada día más, eso me hace feliz. Es muy importante que nuestros estudiantes se valoren a sí mismos, que sepan que pueden competir con profesionales de otras universidades, que ellos tienen todas las competencias técnicas para hacerlo.
“También destaco que la universidad ha reconocido estos esfuerzos. Hace poco gané el premio a la investigación más relevante, lo que fue una sorpresa, porque mi único objetivo era tener mi grupo de investigación, poder difundirla y tener colaboración de universidades internacionales y eso estaba bien para mí. Este reconocimiento me sorprendió, porque nunca habíamos ganado un premio como este en nuestra facultad. Este es un logro de todos, porque es un equipo el que trabaja en esta investigación, que debió demostrar con evidencias y hechos de que era algo posible de hacer”.
Su carrera está marcada por metas ambiciosas, ¿cuál es su próximo sueño?
A lo que aspiro ahora es a tener una mina de verdad para los alumnos, no sé cómo lo vamos hacer, quizá comprar una o si alguna minera nos quisiera donar una faena abandonada, no lo sé. Pero nos gustaría tener un terreno para que los muchachos palpen lo que nosotros les estamos enseñando, quizás una idea loca, pero no imposible.
GRAN APUESTA
La ascendente carrera de esta investigadora no ha estado exenta de sacrificio. Tuvo que partir a un país desconocido cuando su hija Camila tenía seis años, su hijo menor, Matías, sólo tres y justo estaba enfrentando posibilidades de ascenso de su esposo, Raúl Méndez. Fue una difícil decisión, pero que hoy considera como un gran acierto, pues su familia cumple un rol fundamental en su desarrollo profesional y personal.
¿Cómo evalúa hoy la decisión de trasladarse a Australia, considerando las dificultades que presentó esta opción en su momento?
Para nosotros fue bien difícil los primeros años, sobre todo porque teníamos dos hijos pequeños. El idioma fue complicado. Mi marido tenía un buen puesto en Chile, pero pensamos que sería una buena oportunidad el vivir nuevas experiencias y creo que no nos equivocamos. Eso nos sirvió mucho para unirnos.
¿Cuáles fueron las mayores dificultades?
Mi esposo se quedó a cargo del cuidado de nuestros hijos durante dos años. Fue difícil en un principio; en un momento nos faltó el dinero, ya que Australia es un país caro y había que pagar el colegio de nuestros hijos. Él, en las noches, trabajaba limpiando buses interurbanos, lo que demuestra su gran valor como persona. Cuando salía a trabajar, yo cuidaba a los niños. Después de esos dos años, él logró que la misma empresa donde trabajaba en Chile lo contratara en Australia como ingeniero y pese a las barreras de idioma logró ir ascendiendo y le fue muy bien. Cuando nos teníamos que venir, él había llegado muy alto dentro de la empresa, pero teníamos que regresar. Nuevamente tuvo que partir de cero en la misma organización.
¿El apoyo de su familia ha sido clave en su carrera?
Él siempre se sacrificó y si soy la profesional que hoy soy, en gran parte es por él, porque no creo que muchos maridos hagan lo que él hizo. Ha sido un pilar fundamental. Para una mujer casada y profesional el apoyo de su marido y de sus hijos es primordial. Si nuestra mente está bien, todo funciona bien. A mis hijos les va muy bien, muchos piensan que como madre y profesional uno no les da la atención que ellos merecen, pero eso no es así, se puede estar presente en su proceso de crecimiento. Todos sacamos algo de nuestra experiencia en Australia y cuando digo todos yo, mi esposo, mi hijos y la universidad; estoy convencida de que fue una buena apuesta. Estoy esperando la respuesta de un nuevo proyecto que une la universidades de Australia, Sudáfrica y empresas de mediana y gran minería; es una gran iniciativa que espero sea aceptada porque tengo ganas de seguir soñando y abrir nuevas investigaciones.
"Para una mujer casada y profesional el apoyo de su marido y de sus hijos es primordial. Si nuestra mente está bien, todo funciona bien”.