Este año ha sido movido para este creador local que participó de la obra La Tierra está viva de La Favorecedora, creando enormes estructuras de material reciclable. También estuvo en FILZIC, mostrando todo su trabajo, marcado fuertemente por el norte. “Todo el territorio me provoca”, declara, dispuesto a abrir espacios para una escena artística ansiosa de crecer y avanzar.
Por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V. y gentileza Renato Heck.
Describe su trabajo como una experimentación constante en materiales y líneas de trabajo. “Rescato los códigos del desierto y de los minerales, las texturas de la rocas… es como si estuviera transitando siempre entre el desierto: en lo macro como el paisaje y en lo micro de las texturas”. Así se refiere Julio Morales a su obra. Diseñador de profesión, docente por vocación, este año decidió dar un golpe de timón a su vida y dedicarse de manera exclusiva a crear.
¿Cómo ha sido este paso a la independencia?
La verdad es que ha sido el curso natural. Se fueron dando las cosas en términos de que mi trabajo, en todos los ámbitos de mi quehacer, están siendo reconocidos y, por tanto, el esfuerzo actual está en crear. Siento que mi obra está más madura y que ya hay un camino construido, claro que la exigencia ahora es mayor para no sentir que me copio a mí mismo.
¿Cómo describirías tu trabajo?
He estado abocado a formatos relativamente pequeños, dejando un poco de lado las grandes instalaciones, por una cosa logística más que por gusto. De todas maneras, hoy estoy trabajando para una instalación que está bastante avanzada, además de seguir con joyería y micro esculturas.
¿Qué significa para ti el concepto de instalación?
Es un medio que me permite ir construyendo experiencias en el observador, logrando que se sientan parte y, por ende, gozar espiritual e intelectualmente. Para mí, la instalación representa un espacio artístico vivencial y no solo contemplativo y por eso la relevancia de la materialidad, que es capaz de hacer al cuerpo sentir. Esta conexión está implícita en mi formación profesional que tiene que ver con la creación y construcción de ambientes. Es como hacer escenografías y que también es otra área en la que estoy llamado a crear.
¿Cómo podrías explicar a alguien que no entiende nada de arte el impacto de una instalación?
Los códigos que emplean las intervenciones e instalaciones son múltiples, no es solo la visualidad que se activa, no es como contemplar una pintura… Es el cuerpo del observador que participa en el proceso porque la idea es que el espectador explore y experimente de modo integral. En la intervención, todos los elementos me permiten crear una obra porque cada “cosa” tiene una carga simbólica muy fuerte y combinadas entre sí, construyen un discurso lleno de significaciones. Es como leer un poema. Y de acuerdo con los elementos puede ser un poema de Neruda o uno de Huidobro, de acuerdo con la resignificación que el observador haga de la obra.
¿Cómo se representa nuestra nortinidad en la escena artística?
Creo que hay un código genético que nos marca. Entiendo el territorio como un nicho ecológico donde uno comienza a funcionar. Pienso que está presente en todos los creadores de esta zona. Quizás en mi obra está más presente, pero en otros artistas donde los códigos visuales están más universalizados, también se percibe el desierto, porque es tan potente que lo atraviesa todo, como paisaje y como luz y color, los que se evidencian en ciertos códigos gráficos de algunos artistas extraordinarios de la zona.
¿Cuál es tu relación con este territorio en que te desenvuelves tanto en lo creativo como en lo humano?
Creo que es un matrimonio de largo aliento. A veces estoy aburrido del peladero y a veces me peleo con la “ñora tierra”, pero el desierto me abriga, me acoge, me contiene y logro acurrucarme y recoger las fuerzas para volver a levantarme. El territorio hoy ha cambiado, no es el mismo de mi niñez, aunque igual de interesante.
¿Cuáles son tus siguientes proyectos?
Tengo tres líneas o series de trabajo y, en cada una de ellas, un banco de proyectos que no he podido desarrollar por falta de tiempo, pero estoy generando todas las condiciones para que ello ocurra. Quiero crear una serie de intervenciones urbanas, casi todo vinculado a la relación agua-vida. Me interesa convertir las calles en vitrinas, en galerías del arte mediante una acción constante y sistematizada, para provocar un movimiento artístico.
“La otra línea es la de las instalaciones, definidas como intervención de espacios interiores y con temáticas que son patrimoniales. Siempre he trabajado con el tema hombre desierto y lo que implica ser desértico, pampino y cordillerano y las temáticas se refieren al movimiento social obrero y rescate de los orígenes del movimiento sindical chileno. Esta propuesta es autobiográfica, basada en el relato de mi abuelo paterno que llega enganchado a trabajar a la pampa y aquí se alfabetiza y como él decía: “mi silabario fue el manifiesto comunista”. Y lo que falta en mi relato estará en las instalaciones que tengo proyectadas y que espero realizar, la primera de una serie, a fin de año o los primeros meses del 2016”.
“Finalmente, aparece la línea cobre. En principio, en toda mi obra está presente este material que es fuente de una alta significación. Siempre está en mayor y menor medida, pues busco rescatar las inagotables propiedades que presenta. Aquí la obra se trasforma, es más abstracta y puede ser de diez por diez centímetros hasta el gran formato de dos metros por un metro o más. Esta línea es muy amplia y es una fuente inagotable de propuesta artística”.
¿Cómo crees que continúa esta historia?
La historia continúa en la proyección de mi obra y la sistematización de mi trabajo. Pretendo exponer más y ser un actor relevante en la escena artística local y nacional y con un gran interés de internacionalizar mi propuesta. Me queda mucha tarea por delante y poco tiempo ¡ahora estoy siempre apurado!
"Siento que mi obra está más madura y que ya hay un camino construido, claro que la exigencia ahora es mayor para no sentir que me copio a mí mismo”.