Más que falta de identidad, creo que en Antofagasta sufrimos de mala memoria. A la hora de hablar de arte se habla de falta de espacios, cuando espacios existen de sobra, es solo cosa de gestionarlos. Se habla de falta de recursos, cuando estamos en una de las zonas más ricas de Chile, se habla de escasez de panoramas, cuando en Antofagasta existe una nutrida cartelera de espectáculos, muchos de ellos gratuitos y sobre todo, se habla de falta de identidad cuando está muy claro quiénes somos: hijos del trabajo, herederos de una lucha incansable contra el desierto y soñadores buscavidas que somos capaces de enfrentarnos a todo, con tal de cumplir nuestros sueños. Aquí la vida no regala nada. Aquí le ponemos el hombro a la vida.
Por eso, la recuperación del Muelle Salitrero Compañía Melbourne & Clark, nuestro tradicional Muelle Histórico, es un hito más allá de lo urbanístico. Que este lugar vuelva a la vida es como resucitar los sueños de miles de inmigrantes que alguna vez llegaron a estas desérticas tierras con sus maletas cargadas de ilusiones. En esta tierra tranquila, echarían sus raíces.
Construido cerca de 1872 también fue testigo directo de cómo las tropas chilenas ocuparon sin miedo un territorio ya habitado por cientos de compatriotas que se venían a trabajar al norte, buscando prosperidad. Y hace no muchos años atrás, también albergó a niños y niñas que corrían descalzos por sus agrietados durmientes y lanzándose al vacío, disfrutaban sus vacaciones como en el mejor de los balnearios, nadando confiados y trepando una y otra vez por las antiguas estructuras.
Hoy, después de años de planificación, meses de trabajo y más de seis mil millones de pesos de inversión, el Muelle nos invita a todos a recorrerlo y disfrutar de los increíbles atardeceres que nos regala la ciudad. Porque es nuestro. Porque somos parte de esta historia y nuestros hijos merecen conocerla, disfrutarla y quererla.