En agosto, Los Pellines cumplirá veintiún años desde su creación. Lo que comenzó con un pequeño terreno y solo dos cabañas para atender a un reducido grupo de niños, hoy es un complejo de doscientas cuarenta hectáreas por donde han pasado más de veintiocho mil visitantes. Marcelo Ruiz, su fundador, relata los orígenes y evolución de este centro de entrenamiento emplazado en plena cordillera y cuyo modelo de trabajo es ampliamente reconocido
Por Cristóbal Montecinos C. fotografía Sonja San Martín D.
La vida de Marcelo Ruiz Penros (50) ha estado ligada a la naturaleza desde que tiene uso de razón. Hijo de Waldo y Ercilia, pasó gran parte de su infancia en la Villa San Martín de Talcahuano, rodeado de árboles y cerros. Sin embargo, su niñez estuvo marcada por la cordillera. Hace más de ciento cincuenta años, su familia llegó desde Irlanda al Valle Los Pellines, a los pies del Nevado de Chillán, y adquirió un fundo de amplias dimensiones en medio de un paisaje único al que Marcelo y su familia se arrancaban apenas podían, en invierno, verano o fines de semana.
Así, el arraigo por los espacios naturales y especialmente por este lugar no solo es un tema personal, sino familiar, para este licenciado en Educación y profesor de la Universidad de Concepción. Además, posee un diplomado en desarrollo de habilidades directivas en la Universidad de Chile, fue profesor de ecoturismo en diversas universidades en Chile y también es instructor de montaña.
“Mi carrera docente siempre estuvo ligada al trabajo al aire libre, desarrollo de habilidades para la vida y todo lo relacionado con buscar una mejor manera para vivir. Siempre quise hacer algo distinto con el tema de la educación. Por eso, nunca hice docencia en colegios, porque pensaba que era posible hacerles vivir una experiencia distinta y en contacto con la naturaleza”, explica Ruiz, casado y padre de tres hijos.
ORÍGENES
Con un grupo de amigos creó la primera empresa de turismo aventura en la zona, llamada Andes Expediciones, con la que, incluso, trabajaron un tiempo en Pucón. “Fue un fracaso. Me quedé trabajando solo e hice clases de montañismo”, recuerda.
Entre las excursiones y cabalgatas que ofrecía en esa época, uno de los servicios que Marcelo Ruiz prestaba era el llamado “Campamento Los Pellines”. Su objetivo era llevar a niños y jóvenes a la cordillera, para que vivieran una experiencia al aire libre.
“Fue entonces cuando comencé a darme cuenta de que esta actividad podía ser atractiva para un mayor número de personas”, rememora.
De esta forma, comenzó a planificar un programa de experiencias al aire libre para alumnos de colegios. Era el año 1992. Presentó el proyecto a diversas instituciones que lo rechazaron por diferentes razones. No estaba resultando como él lo había planeado, pero en una ocasión llevó a pasear a Los Pellines a Terrence Martin, rector del colegio The Wessex School. “Recorrimos el valle mientras le contaba mi idea y recuerdo una frase suya que marcó el inicio de Los Pellines: ‘Si logras hacer lo que tienes planificado, me comprometo a traer a mis alumnos’”.
Fue el impulso que Marcelo tanto esperaba y comenzó todo. “Conseguí un préstamo en el banco y, en un pequeño terreno cedido por mi abuela, construí dos pequeñas cabañas para que alojaran los alumnos. En agosto de 1994, llevamos el primer grupo de niños. Eran dieciocho estudiantes de The Wessex School. Luego se sumaron muchos más establecimientos”.
Con el paso de los años, el número de participantes fue aumentando y, actualmente, atienden a cerca de ochenta grupos de niños al año en doscientos cuarenta hectáreas de terreno, sumando más de veintiocho mil alumnos visitantes en el transcurso de la historia de Los Pellines.
PROYECTO ÚNICO
¿Qué diferencia este proyecto?
Los Pellines es un espacio no intervenido que permite que los aspectos más simples del ser humano aparezcan. Los niños pueden reforzar su autonomía y libertad en un espacio acogedor, seguro y confiable.
¿Alguien más hace lo mismo?
No hay otra institución que haga en Chile lo que hacemos, aunque no nos molestaría que se replicara. Sería ideal que todos los niños vivieran una experiencia como esta y no solo una vez en la vida. Las habilidades relacionales no solo tienen que ver con un único evento, sino que es necesario reforzarlas varias veces.
A su juicio, para lograr que los niños entiendan y aprendan estas habilidades, es necesario que los profesores también estén preparados para enseñarlas. Por eso, han comenzado a impartir talleres para los docentes, para lo cual se ha habilitado un segundo centro en Los Pellines.
“Trabajamos con niños, jóvenes y adultos. Estamos convencidos de que la vida de las personas está determinada por la calidad de las relaciones que sostienen consigo mismas, con otros cercanos y también con la comunidad y espacios naturales. Los estudiantes, hoy en día, están insertos en el modelo del competir, no del compartir”, asevera Marcelo Ruiz.
CUIDADO DE LA NATURALEZA
Los Pellines también nació como una preocupación acerca de cómo se pueden cuidar los espacios naturales. “Sabemos que la única manera de cuidarlos no tiene que ver con hacer reservas forestales o cerrar espacios para que la gente no los dañe, sino que tiene que ver con educar a niños, jóvenes y adultos en la relación con estos espacios naturales. Por tal razón, Los Pellines es un centro de aprendizaje al aire libre donde generamos experiencias significativas para nuestros visitantes, ocupando un modelo de educación relacional”, expone.
Para lograr implementar ese modelo de educación relacional, trabajaron en conjunto con el Instituto de Educación Relacional de Barcelona, en España, desde donde les extendieron un certificado, en 2012, que acredita la preparación del equipo de Los Pellines al respecto.
Otro de los logros de este centro de aprendizaje, fue el patrocinio entregado por decreto ley, en 2004, por parte del Ministerio de Educación. “Además, fuimos los primeros en crear un manual de procedimiento para trabajar al aire libre. Esto permite que los padres confíen plenamente en nosotros, ya que la seguridad es muy importante. Asimismo, diseñamos un modelo de entrenamiento para nuestro equipo, porque en el mercado no existen los profesionales para trabajar en nuestro proyecto”, detalla Ruiz.
RECONOCIMIENTO
En Los Pellines existe un equipo estable de diez personas y un grupo de cuarenta facilitadores o colaboradores, en su mayoría estudiantes o egresados de diversas carreras. Atienden colegios de todo el país e, incluso, han recibido delegaciones de establecimientos mexicanos, brasileños y argentinos.
“Varios colegios nacionales han incorporado nuestras actividades en su proyecto educativo y envían a sus alumnos tres o cuatro veces durante su ciclo educativo. Incluso, un establecimiento de Concepción trae a sus alumnos de kínder”, dice.
En los Pellines no existe señal de teléfono móvil y trabajan con teléfono e internet satelital. “No hay espacio para acordarse de los padres y menos para los ipad, teléfonos o cámaras fotográficas. En Los Pellines se privilegia lo simple, el ser más que el parecer. Los implementos que llegan acá se guardan en la ‘maleta del tiempo’ hasta que llega el momento de regresar. De esta manera, los niños están atentos a las actividades y no pensando en la hora, solo en el disfrutar y ser felices”, cuenta Marcelo Ruiz.
Su gran desafío, comenta, es perpetuar este proyecto. “La idea es que si otros se atreven a imitarlo, nosotros colaboremos, porque sería fantástico ver a otros Pellines en Chile”.
"No hay espacio para acordarse de los padres y menos para los ipad, teléfonos o cámaras fotográficas”.