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EDICIÓN | Julio 2015

Máxima velocidad

Joaquín Ruiz de Loyzaga, Piloto de rally
Máxima velocidad

Con diecinueve años, este piloto penquista tiene el récord de ser el más joven que participa en el campeonato nacional Rally Mobil, tanto como navegante como titular, en una carrera promisoria que le abre el apetito hacia desafíos mayores.

Por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.

Nació el 10 de enero de 1996, en Concepción. Joaquín Ruiz de Loyzaga Brevis, estudiante de Ingeniería en Mantenimiento Industrial en la Universidad de Concepción, estaba predestinado a seguir un camino en el deporte tuerca, tanto por herencia familiar como por su temprano acercamiento a diferentes vehículos, que fueron desde las motos a los autos de rally. Su última proesa, acaba de salir tercero en la reciente fecha del Rally Mobil corrida en Concepción.

Hoy, con diecinueve años, posee nada menos que dos récords en la principal competencia automovilística del país, el Rally Mobil: haberse convertido en el navegante de menor edad (quince años), y luego, en el piloto más joven en competencia (dieciocho años).

Esto último fue el año pasado, cuando debió subirse de emergencia al vehículo de su padre, el experimentado automovilista Rodrigo Ruiz de Loyzaga, con el objetivo de completar la segunda fecha que se corría justamente en Concepción, en la categoría R2, y de este modo responder a los auspiciadores y al resto del equipo (Cirkus).

El resultado no pudo ser mejor, pues las dudas iniciales dieron paso a la mejor experiencia de su vida, y supo de inmediato que no podría abandonar jamás las pistas. En aquella oportunidad terminó en el cuarto lugar, sufriendo penalizaciones propias del desconocimiento de la competencia. Pero no claudicó, tomó el volante por el resto de la temporada y no se bajó más del podio, ganando incluso la jornada final (motorshow).

TEMPORADA PROMETEDORA

Como piloto revelación, y con el objetivo de mejorar el cuarto puesto general que obtuvo en su primer año —en el que dio de ventaja la fecha inicial y el descuento del debut—, este año espera seguir acelerando a fondo, con mayores metas, un nuevo vehículo (Ford Fiesta) y el siempre importante apoyo de la familia.

¿Cómo llegas al automovilismo?
Todo partió por la familia. Mi papá es muy tuerca, y viene corriendo desde los quince años, primero en moto y, más recientemente, pasó a los autos. Mi hermano también corría en carreras locales, porque él lo incentivó. Luego, como era de esperar, me miraron a mí.

Pero tu ingreso a la competencia de rally fue casi fortuito...
Sí, porque nunca corrí, solo lo había hecho en cuadrimotos. Mi padre participaba ya en el rally, y el año pasado, en la fecha que se corre en Concepción, me pidió que lo reemplazara de emergencia. Ya nos íbamos de vacaciones, y el auto se debía correr igual, por el tema de los auspicios. No me había subido antes a manejar un auto de carrera. Me convenció, pensando en que, por lo menos, pudiera completar la carrera. Lo hice y más encima salí cuarto. Me quedó gustando, seguí el resto de la temporada y fueron siete fechas en total. El auto al final lo corrí yo.

¿Lo reemplazaste?
En 2014 sí, porque este año volvió, pues vamos con dos autos. Yo con el nuevo. La preparación del auto coincidió con que mi papá quería volver a correr, y el que estoy manejando ahora lo preparamos con otros pilotos, como Jorge Martínez, el campeón local que ha sido de mucha ayuda para mí, y el verano fue de harto entrenamiento.

NACE UNA PASIÓN

Ya tenías otro récord como el navegante más joven... Sí. Cuando tenía quince años tuve que reemplazar a otro navegante que tenía mi papá, y luego al de mi hermano. Fueron dos veces, en La Serena y Osorno. Fue inolvidable, una gran experiencia y un gran aprendizaje.

¿Qué sentiste al lograr estas marcas?
Como navegante, una sensación de mucha confianza en el que va a tu lado. Por las circunstancias del manejo, cuando el auto va de costado o las maniobras. Y como piloto, es la mejor sensación que existe. Sentí, desde la primera vez, que no lo iba a dejar jamás.

Se habla de una armada penquista, por la cantidad de pilotos locales en el rally. ¿Cómo es tu relación con ellos?
Somos todos muy unidos, algo que no se da en otras delegaciones. Reitero que Jorge Martínez a mí me ha enseñado mucho, y más por el hecho de correr en el mismo equipo. Es como una familia y es algo que se advierte en los penquistas, donde están juntos, los mecánicos se conocen y se reparten las cosas. En Santiago, quizás, hay más rivalidad; acá no es tanto.

¿Y en tu equipo?
Somos cuatro pilotos: Jorge Martínez, Samuel Israel, Cristóbal Vidaurre, y yo. En la serie R2, que se dice que es la categoría escuela, voy con Samuel, quien es mi compañero y tiene veintitrés años, por lo tanto, estamos aprendiendo y nuestra competencia es sana. Creo que he ido mejorando fecha a fecha, el rally está muy competitivo, pero casi siempre he estado entre los tres primeros.

CUADRIMOTOS

Desde que era estudiante del Colegio Concepción de San Pedro de La Paz, Joaquín brilló en competencias de motores, claro que en las motos de cuatro ruedas. Incluso llegó a ser campeón nacional de ATV Cross, la serie principal de cuadrimotos, con apenas dieciséis años.

Aunque tiene dos hermanos más, es el único de los tres que sigue corriendo, tanto en las motos como en el automovilismo. Su destacada trayectoria en los cuadriciclos, modalidad de vehículo al que se subió a los cuatro años, lo llevó a competir con los máximos exponentes a nivel mundial de este certamen.

¿Cómo fue ese cambio de las cuadrimotos a los autos de carrera?
Es diferente, pero me ayudó mucho, porque es una sensación similar a la velocidad en cuatro ruedas. En 2012, fui campeón en serie expertos, y siempre fue mi afición, hasta que apareció el rally. Sigo corriendo en cuadrimotos, incluso con buenos resultados, pero los autos exigen mucha más preparación.

¿Quién te respalda?
Siempre he tenido el apoyo de la familia, y también conseguimos el de empresas y auspiciadores. Se hace difícil, como a todos los que están en esto, pero con trabajo y un presupuesto claro, se trata de mantener los números positivos.

ALTO RIESGO

¿Y el Dakar?
Justo cuando cumplí dieciocho años quise incursionar en el Dakar, pero en cuadrimotos. Hice las pruebas, pero era mucho el desgaste físico y no se pudo concretar. Me habría encantado correrlo. No descarto la posibilidad, sobre todo en quads, aunque sé que es exigente, duro y peligroso.

¿Cómo es tu estilo de conducción?
Soy competitivo en el plano deportivo tuerca, no en la calle ni la carretera. Mi estilo de manejo es agresivo, donde se arriesga un poco. Aspecto criticado en los jóvenes, que piensan poco en lo que podría pasar, hasta que pasa.

¿Has sufrido accidentes?
Afortunadamente, nada grave. En la primera fecha de este año me volqué. Iba en una recta y el auto se clavó en una poza antes de meterse en la curva. Cerré los ojos y me afirmé, y comenzamos a rodar. No me pasó nada, porque los autos son muy seguros, por el bloque de fierro, la jaula y los trajes que están hechos para eso. No pude seguir, el auto quedó mal. En el segundo prime, iba ganando y venía confiado, con ventaja, pero me relajé y quise más. En la segunda fecha salí cuarto, iba con un poco de susto, pero ya el domingo se me quitó y pude salir adelante. La adrenalina hay que sacársela en la pista, no en la calle ni en la carretera, como dice mi papá.

¿Cuáles son tus próximos desafíos?
Sumar kilómetros y, más adelante, subir de categoría. Y si se dan buenos resultados, salir a correr afuera, a Europa, por ejemplo, al campeonato mundial. Ya hay un chileno allí, Ramón Torres, donde corren pilotos buenos, se necesita un presupuesto grande, pero se puede soñar.

 

"No me había subido antes a manejar un auto de carrera. Mi papá me convenció, pensando en que, por lo menos, pudiera completar la carrera. Lo hice y más encima salí cuarto”.

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