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EDICIÓN | Julio 2015

Por una educación más flexible

Ricardo Baquero catedrático argentino
Por una educación más flexible

Mayor elasticidad puede hacer más viable la trayectoria escolar de un alumno y no solo potenciarlo, sino que sacarle de encima el estigma del fracaso impuesto por un sistema académico que le resulta imposible de cumplir. Para este investigador y docente, esta es la clave.

Por Carolina Vodanovic G. / fotografía Alexis Yáñez V.

Si algo está claro es que la educación es vital para mejorar la calidad de vida de las personas. No sólo abre un abanico de posibilidades reales, sino que, gracias a ella, se logra un desarrollo muchísimo más integral para la persona, lo que redunda en un mayor progreso personal y, por consecuencia, para el país.

Es así como cobran cada vez más importancia términos como educabilidad, escolaribilidad y los gobiernos de turno e instituciones hacen esfuerzos incansables por sumar más y más niños a las salas de clases. En 2003, en Chile pasamos de ocho a doce años de escolaridad obligatoria y gratuita para cada uno de nuestros niños. Desde entonces, la educación no sólo persigue una cobertura para todos los niños y niñas de Chile, sino además propicia calidad y equidad en sus aprendizajes durante los doce años de estudio.

¿Pero qué pasa cuando un alumno no logra cumplir con los objetivos propuestos para su nivel o edad?, ¿qué sucede cuando un adolescente deserta de sus estudios e ingresa al mundo laboral sin haber terminado cuarto medio? Se habla entonces de fracaso y de deserción y surgen miles de dudas y críticas que incriminan a los niños, a los establecimientos, al sistema educativo imperante.

En el marco de la charla “Fracaso Escolar y Sistema Educativo: Dificultades y riesgos del concepto educabilidad”, organizado por el Centro de Desarrollo Cognitivo de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales, tuvimos oportunidad de conversar sobre el tema con el catedrático argentino Ricardo Baquero.

Baquero es psicopedagogo, profesor e investigador de la FLACSO Argentina; realiza docencia en la Universidad de Buenos Aires y, además, es académico y co-director del programa “Sujetos y Políticas en Educación” desarrollado por la Universidad Nacional de Quilmes.

“El concepto de educabilidad es altamente controvertido; si bien contaba con un relativo acuerdo en la tradición pedagógica donde no se dudaba que se tratara de un atributo humano, con la modernidad redujo la categoría a un problema de escolaribilidad, es decir, aquella posibilidad de ser escolarizado”.

¿Y no es lo mismo?
Indudablemente, la educación amerita formas y ámbitos muy diversos. Lo escolar ha colonizado otras formas de educación que habitualmente llamábamos no formales; aún más, ha impuesto sus criterios de acuerdo con las edades de los sujetos o la estandarización de ciertas reglas de evaluación.

Baquero lo explica de la siguiente manera: “suele haber una trampa, una confusión entre ser educable y ser escolarizable. Ser escolarizable significa ser educado o poder ser educado bajo condiciones que son altamente artificiales, “contraintuitivas” para los sujetos, tanto en su contenido como en su forma. Luego del auge de las políticas neoliberales en la región, pasamos a discutir si los sujetos, sobre todo de sectores populares, eran o no educables. Me parece urgente recuperar la confianza en las posibilidades de aprendizaje de los alumnos de sectores populares, y ser extremadamente prudentes en evitar la irresponsabilidad de juzgar sobre la supuesta educabilidad de los sujetos. Porque eso es equivalente a negar su humanidad”.

¿Pero no corren en desventaja los alumnos de sectores más pobres?
Que un alumno esté bien alimentado y sano, con buena “estimulación”, por supuesto que favorece su aprendizaje, pero no es una condición necesaria. Si afirmamos esto, estamos olvidando algo bien triste: la mayor parte de los pobres de nuestra región son niños y la mayor parte de nuestros niños son pobres. O sea, si ponemos en duda el potencial de aprendizaje y educación de estos niños, corremos el riesgo de cometer una suerte de genocidio social.

DELIMITANDO RESPONSABILIDADES

Si de establecer responsabilidades se trata, es difícil generalizar respuestas de acuerdo con los niveles educativos y los sujetos que estén implicados, pero para Baquero la responsabilidad recae, principalmente, en el Estado.

“Suele mencionarse una suerte de corresponsabilidad entre la sociedad civil y el Estado, y si bien es cierto que una educación que amplíe los horizontes de vida de los estudiantes, amerita una acción conjunta, de todos modos no disminuye esa responsabilidad. Es muy riesgoso cuando esta culpa simplemente a la familia. El Estado tiene un poder de decisión con la que no cuentan las familias y, por lo mismo, su grado de responsabilidad no es equivalente”.

¿Y qué responsabilidad les cabe a los niños y jóvenes en su educación?
Claramente tienen responsabilidad. Establecemos como meta y no como condición de partida que los alumnos puedan incrementar su comprensión, pero además su responsabilidad.

FALENCIAS DEL SISTEMA

“Probablemente entre las falencias que uno puede reconocer de los sistemas educativos usuales, hay una inmensa deuda en las políticas de inclusión, no solo con respecto a la diversidad en atención a las necesidades educativas especiales, sino en generar condiciones relativamente justas en el acceso a buenos niveles educativos”.

¿La falta de flexibilidad es una carencia del sistema?
El formato escolar moderno no solo es poco flexible, sino que muy disciplinador. Se basa en una organización que agrupa a los alumnos por edades y con cierta idea de una enseñanza simultánea, frontal, que obliga a los estudiantes y a los docentes a marchar bajo un mismo método y a un mismo tiempo. Esto se traduce en poca flexibilidad para responder, no solo a los diversos ritmos y estilos de aprendizaje, sino también a formas más dinámicas de organizar los grupos escolares.

¿Cómo se favorece una práctica más flexible?
En la educación media es evidente que necesitamos oxigenar el currículo y las formas de organización escolar. Los alumnos deben asistir diariamente y durante toda la jornada, sin posibilidad de cursar de manera más flexible por ramo o por asignatura, sin necesidad de que sea toda la jornada y todas las materias a la vez.

FRACASO ESCOLAR

El término “fracaso escolar” es poco feliz, porque connota que, en principio, fracasa el alumno, y en otros casos, fracasa el colegio, colocándolos en un parámetro de éxito-fracaso que no debiera existir si hablamos de educación. Cuando hablamos de fracaso estamos hablando de deserción, de bajo rendimiento y de niños matriculados que superan la edad promedio.

¿Qué debería cambiar en nuestro sistema para que este patrón se modifique?
Es difícil indicar algo genérico que permita modificar estos índices. Si algo hubiera que arriesgar es, sin duda, el intento de prácticas más flexibles: computador, por ejemplo, o asistencias o inasistencias por ramo y no por día, o cursar ciertos ramos y no todos los ramos, porque materialmente es es imposible para muchos alumnos de sectores populares. Estos son claros ejemplos de intentos, no solo de modificar las condiciones materiales para hacer más viable la trayectoria escolar de un alumno, sino también de no hacer sentir al estudiante que está en déficit frente a una situación escolar estandarizada y artificial, cuyos efectos pueden colocar a los sujetos en una posición de fracaso, es decir, que sientan que son ellos los que están en déficit cuando lo cierto es que muchas de las exigencias que se les plantean son imposibles de cumplir.

 

"Los alumnos deben asistir diariamente y durante toda la jornada sin posibilidad de cursar de manera más flexible por ramo o por asignatura, sin necesidad de que sea toda la jornada y todas las materias a la vez”.

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