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Entrevistas

EDICIÓN | Julio 2015

Viviendo sin llavero

Alfonso Bravo Lavín, “El Ñaño”
Viviendo sin llavero

Abandonó Santiago y una vida donde todo estaba resuelto para radicarse en la ruta a las Termas El Flaco en la precordillera de San Fernando. De acarrear treinta y seis llaves en subolsillo hoy despierta junto al río Tinguiririca sin ninguna. Este desprendimiento simboliza el acto que redefinió su norte; “nada en mi casa vale la pena de ser robado. Debemos regresar a vivir solo con lo esencial”. Un programa de televisión lo sacó del anonimato y actualmente debe ser el anti-gurú más visitado de Chile.

Por Maximiliano Mills fotografía Andrea Barceló A.

Es fines de diciembre de 2011 y estoy viajando con mi padre a las Termas El Flaco para celebrar su recuperación de un melanoma. De pronto, comienzo a reconocer el paisaje —que nunca había visitado— y me viene el recuerdo del programa Cara & Sello de Mega-Tv que vi en el invierno… “por aquí vive el ‘Ñaño’”, le menciono a mi papá —“¿quién es?”— “es un abogado de Santiago, antiguo vecino de Emeterio Ureta, que se vino a vivir solo a este sector de la cordillera”. En ese momento, miro a la izquierda unas personas que están afuera de una casa y… ¡ahí está “Ñaño”! Me detengo y le grito “¡hola ‘Ñaño’!” —“holaaa, pasa pa’ la casa”—, me responde. “Tengo que llegar a las termas, le replico”… “¿Veí’?, ¡siempre andai apurado!”, retándome con amabilidad. “Nooo, si a la bajada paso con más tiempo. Mi papá ya quiere llegar al hotel. Nos vemos el lunes”. Pasaron los días y antes de bajar fui a un almacén del villorrio, llené una caja con provisiones y vinos para “Ñaño”, además de varios kilos de comida para sus perritos.

Ya dejando atrás las montañas comenzamos a bajar con mi papá hacia el valle, con toda la calma y relajo que nos impregnaron las aguas termales… y ahora sí paramos a ver a “Ñaño”. Pasamos con mi papá a su terraza y nos sentamos con vista hacia la cordillera. Cuando pongo en la mesa las cajas con provisiones me pregunta “¿y tú siempre eres así?”. Nos ofrece refrescos y galletas con una amena y bien matizada conversación del derrotero que ha sido su vida… con mi padre aún impresionado por la energía que rodea el jardín de “Ñaño” (el río Tinguiririca pasa al lado de su casa) y con la felicidad del buen humor que irradia… este fue el día que lo conocí con sus siete perritos. Inolvidable.

Alfonso Bravo Lavín nació en Santiago hace sesenta y siete años, siendo el segundo de seis hermanos. Estudió en el colegio San Ignacio de Pocuro e inspirado por su padre abogado, cursó algunos años de leyes en la Universidad de Chile, “pero me cabrié, así que me puse a trabajar y estuve muchos años en la gerencia de El Tattersal. Tenía mi propia oficina con estacionamiento en el centro. En las tardes disfrutaba de las tertulias en el Club de Polo”. Después de ser descubierto por el diario La Cuarta en un reportaje, fue invitado al programa Cara & Sello para realizar un contrapunto de vidas opuestas —pero con origen común— reencontrándose con su antiguo vecino de El Arrayán, Emeterio Ureta. De aquí su popularidad creció a pesar de ser percibido erróneamente como un ermitaño. “Si yo no soy ermitaño ¡yo soy solitario!”, es la frase que lo define. “Un ermitaño odia al ser humano y le tiene desconfianza. Yo, en cambio, soy muy sociable, conversador y amistoso”. Su hogar se encuentra en el kilómetro 38, pegado a la ruta que une San Fernando con las Termas El Flaco, y durante el verano y fines de semana largo es recorrido por un alto tráfico de visitantes.

Esto sumado a los trabajadores y contratistas de la empresa que está construyendo la central hidroeléctrica La Higuera (que le envía su almuerzo todos los días), hace que los bocinazos de saludo al “Ñaño” y las personas que se detienen a compartir con él un momento de conversación sean algo incorporado a su cotidianidad ¡la palabra  “Ñaño” reverbera todos los días en la cuenca del Tinguiririca! —“¿Y qué indica esta?”— “’Ñaño’ significa hermano en aimara y es así como considero a todas las personas del planeta”. En la actualidad existe un grupo en Facebook llamado “Mi Amigo Ñaño - Página Oficial”. Es administrada por su amigo Atilio y tiene 4.681 seguidores que suben sus fotos y filmaciones mostrando los alegres momentos compartidos cuando lo visitan. “Ñaño” se ha casado tres veces y tiene un hijo de cada relación; Alfonso Pedro, de treinta y seis años, que reside en Estados Unidos, María Gabriela, de veinticinco años, que vive en Brasil y el menor de quince años, Pedro Pablo, que vive en Chile.

¿No te complica que llegara un momento en que te visitaran doscientas, trescientas, ¡quinientas personas al día!?
“Nooo, para nada. Me voy pa’ otro lado nomás y que ellos se queden aquí en mi casa haciendo un asado”.

“Ñaño” vive sin luz, agua, gas, señal de celular o de Internet. Cocina con leña, recibe agua de vertiente y un cargador solar que le obsequiaron le permite escuchar las noticias por la radio. Está al día en toda la actualidad del país y el mundo. Desde revoluciones en África hasta el accidente aéreo de Germanwings; el valor del dólar comparado con el euro y la estafa de Caval. Aunque algunas veces te pregunta “¿qué día es hoy?”, porque es el ejemplo vivo del Carpe Diem y no tiene calendario. Nunca hace planes. Una salud de montañés hace que jamás visite un hospital: “hace tres años me vacuné contra la gripe y parece que todavía me dura, ja, ja, ja”.

Y en el caso de que te enfermaras justo en invierno cuando quedas aislado por las nevadas ¿qué pasaría?
Yo no me enfermo ¡a mí la salud no me falla! Hace décadas que no visito un médico y cuando vivía en Santiago casi nunca me hacía exámenes para controlar mi salud. Fumo bastante, siempre estoy bien alimentado y tomo vino porque lo disfruto muchísimo. Soy muy sanito. Estar inmerso en la cordillera me nutre y energiza… me levanto cuando me despierto. Como cuando tengo hambre y duermo cuando tengo sueño.

¿Y cómo viniste a dar con este rinconcito?
Con un cuñado se nos dio la oportunidad de comprar en la zona 480 hectáreas. Lo hicimos pensando en desarrollar un hotel de montaña, pero sin aguas termales ni pistas de esquí. Aunque hay camino, el acceso al fundo que compramos más arriba era complicado. Así que no llegó nadie. Mi cuñado se regresó a Estados Unidos y yo me quedé viviendo en la casa patronal que había, tratando de vender este fundo. Pero no apareció ningún interesado. Allá arriba sí que estaba aislado y no veía gente… hasta que después de unos años, un día pasó un viejito y me dijo que bajara, que en el valle encontraría un lugar mucho más armónico para vivir. Así llegue a este lugar junto al camino donde estoy viviendo ahora.

¿Nunca sales de aquí?
Bajo una vez al mes a San Fernando para cobrar mi pensión. Me voy a almorzar a un buen restorán y el resto de la plata se la regalo a los que vea necesitados en la calle.

En diciembre de 2013 me encontraba muy abatido por la muerte de mi padre. Y se me ocurrió ir a pasar el último fin de semana del año donde “Ñañito”, ya que los lindos momentos que pasamos juntos con mi papá en las Termas El Flaco se volverían más cercanos. En cuanto aparecí, “Ñaño” me dio un abrazo y me preguntó “¿y tu papá?”. Siempre me había visto con él y a pesar de que había pasado un año y de los miles de visitantes que recibe “Ñaño”, no se había olvidado de mi papá y se extrañó que no estuviera conmigo. “Falleció en julio pasado”… “Aaah, cuánto lo siento amigo. Tu papá era un gran caballero. Se le va a extrañar”.

“Ñaño” es quizás nuestra versión chilena de los santones que existen en la India. Dedicado a la contemplación como una forma de elevación espiritual, y quien por renunciar a las posesiones materiales pasa a ser un protegido de la comunidad. Nunca le falta nada. Una vez llegó un amigo con un generador Diesel de regalo y se lo rechazó. “Me habría jodido la vida. Con electricidad me hubiera comprado un televisor, un microondas y un refrigerador. Si tengo estas cosas y quiero salir tendría que poner chapa con llave en la puerta y una reja alrededor de la casa para que no me los roben… y esta no es la vida que ahora quiero llevar. Entre estas montañas no tengo ningún problema. En Santiago tenía treinta y seis llaves. Aquí no tengo ninguna ¿y tener plata? ¿¡Pá’ qué tener plata!? Ya tuve plata, auto, casas, viajes, comodidades… ¡y son puros problemas! Ahora ni siquiera tengo carnet de identidad, ja, ja, ja… y paso lleno de gente todos los días que paran o suben a visitarme. Me vienen a ver puras personas transparentes, lindas, cariñosas. Vienen con otra intención. Porque conmigo no hay negocio; solo amistad, afecto y cariño”.

¿Y con tus conocimientos de las leyes no se te ha ocurrido asesorar judicialmente ad honorem a tus vecinos del campo que lo pudieran necesitar?
Nooo, para nada. Sería un retroceso. Yo me siento realizado y útil compartiendo mi cariño, mi mesa y mi techo.

El año 2013 fue entrevistado en vivo por el programa de Tv Primer Plano de CHV, el que lo invitó a Santiago para seguir conversando en el estudio. Se negó a ir. Pero los productores de Primer Plano cedieron y regresaron en septiembre para grabar un programa especial llamado La fonda del ‘Ñaño’, el que fue un éxito de sintonía que lo convirtió en un personaje ahora conocido a nivel nacional. Desde esa época que jamás pasa solo y el día de su cumpleaños se ha transformado en una peregrinación tradicional para las “Ñañas y Ñaños” de su grupo en Facebook. Estos suben a cantarle “cumpleaños feliz”, con varias tortas, vinos y un delicioso asado.

A los que suban a visitarte después de leer esta entrevista, ¿qué necesitas habitualmente?
Yo estoy siempre bien y abastecido por los amigos, pero mis nueve perritos necesitan recibir esos sacos de comida en pellets que se venden ahora. En estos cerros la cacería no es abundante ni fácil. Así mis “cachupines” no pasan hambre.

“Ñaño” atrae y cautiva porque representa a ese ser que se liberó de las máscaras y de las clases sociales que se utilizan para clasificarte en la ciudad. Comparte su conocimiento, autenticidad y falta de prejuicios con quien llegue a visitarlo ¡Te recibe como si fueras un gran amigo que no ha visto en treinta años! Nada lo intimida ni le disminuye la autoestima. Como ya conoció la vida en la clase alta de Santiago, se cansó de su frivolidad, decidiendo alejarse para re-conectarse con el bosque, la lluvia y el sol. Se transformó en Mapu y Che —en “gente de la tierra”— manteniendo un contacto permanente con la energía viva que lo rodea… profesando una constante prédica de invisible agradecimiento. Esta atmósfera palpable atrajo al documentalista Christian Pino para efectuarle un seguimiento que fructificó en el recién estrenado documental Yo soy el Ñaño. El avance de dos minutos que hay disponible en YouTube es una total quebradura de esquemas y condensada sabiduría empírica, que termina con su frase más conocida, hoy casi una marca registrada: “vengan a verme. No traigan vasos ni carbón porque yo tengo… el resto ustedes se lo imaginarán”.

 

“Ñaño” atrae y cautiva porque representa a ese ser que se liberó de las máscaras y de las clases sociales que se utilizan para clasificarte en la ciudad. Comparte su conocimiento, autenticidad y falta de prejuicios con quien llegue a visitarlo.

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