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EDICIÓN | Julio 2015

Optimismo a toda prueba

Frances Hardy
Optimismo a toda prueba

La fortaleza, la paz y la tranquilidad irradian del rostro y las palabras de esta joven de apenas veintiún años de edad. A pesar de que tuvo un accidente que casi le costó la vida y que le dijeron que nunca más sería igual, hoy cursa con éxito segundo año de Ingeniería Comercial en la Universidad Adolfo Ibáñez, hace un mes participó de una corrida en bici, pronto partirá a su primer viaje sola y, por si fuera poco, está a punto de aprender a manejar. Así es Frances hoy, dos años y medio después del accidente, igual como era antes, activa, inquieta e independiente, la única diferencia, quizás, es que hoy es aún más fuerte.

Por Macarena Peri R. / fotografía Teresa Lamas G.

La madrugada del 17 de febrero del 2013, cambió la vida de Frances para siempre. Durante la tarde del día anterior había estado ayudando en el incendio de Valparaíso; estaba cansada, pero con su mejor amiga decidieron salir para despejarse. Fueron al cumpleaños de un amigo y aunque todos querían salir a algún lugar cercano, ellas quisieron hacer algo distinto y partieron las dos solas a Ritoque. Lo pasaron increíble. El problema fue a la vuelta.

Todos habían tomado y Frances no se subiría a ninguno de esos autos, pues estaba consciente del peligro que eso significaba. Buscaron taxis, pero no había, hasta que por fin, a las cinco de la mañana, lograron que alguien sobrio las llevara. “Me subí al auto junto a cuatro amigos más y yo me senté en el asiento de atrás, al medio. Estábamos detenidos en la línea del tren de Concón, cuando de repente se sintió un fuerte golpe, un tipo curado nos había chocado por atrás. La verdad es que de eso no me acuerdo, todo me lo contaron”.

Esa mañana de domingo que ya mostraba sus primeros rayos de luz, se tiñó de angustia, gritos e incertidumbre. “Me desperté en el auto y empecé a preguntar por la Maca, mi amiga, quería saber si estaba bien. De fondo escuchaba que todo el mundo estaba ayudando, yo pedía que por favor me sacaran del auto, pero mis amigos me decían que no, que me quedara tranquila, que debíamos esperar a que llegara la ambulancia, que no podía moverme. No entendía muy bien lo que pasaba hasta que el Nico, mi amigo que venía manejando, me pidió que le apretara fuerte la mano, y no pude. Ahí entendí, lo supe de inmediato y se lo dije, había quedado inválida”.

¿Qué pensaste?
Nada. Empecé a rezar.

Llegaron los bomberos, la ambulancia y comenzó una cruzada para mantener despierta y con vida a Frances. En solo horas supo que debía operarse y que sería trasladada en helicóptero a Santiago. Los doctores no se explicaban cómo estaba viva, su lesión era tan grave y los riesgos tantos que, antes de entrar a pabellón, sus papás tuvieron que despedirse. “Para mí, estar viva es un milagro y eso lo voy a agradecer por siempre”.

ACTITUD

Tú serenidad frente al tema impacta. ¿Siempre fue así?
Sí, desde un principio supe que mi actitud era esencial para mi recuperación, pensé: si me amargo, todo saldrá mal hacia adelante. Antes del accidente, pensaba que si me pasaba algo así, prefería morirme a quedar en una silla de ruedas. Pero ahora lo pienso y la verdad es que saqué una fuerza muy grande. De hecho, en la clínica todo el mundo me decía que al visitarme salían con mucho ánimo, porque yo estaba mejor que todos.

¿No sentiste en algún momento que te habían robado algo?
No, siento que soy una ganadora. Mucho más fuerte, más madura; antes todo me afectaba, ahora, en verdad, disfruto todo. Puede que me hayan quitado caminar, pero gané muchas otras cosas.

Como el caso de Frances hay muy pocos en Chile. El impacto fue muy fuerte, porque el auto no contaba con el “apoya cabezas” y se generó un efecto “latigazo”. “Cuando me lo explicaron fueron muy claros: “La columna te pegó en la médula y sufriste una lesión C5. Eso significa que vas a estar en esas sillas que tienen apoya cabezas, que nunca más podrás escribir, ni ir a la universidad, ni manejar”.

Pero su actitud fue desafiar esas “sentencias”. “Cuando me dijeron lo de la silla alta, yo les dije: perdón, pero tengo el matrimonio de mi hermana y no voy a ir con esa silla. Es más, iré con vestido y tacos”. En ese momento llamaron a una sicóloga, pero la especialista le encontró toda la razón.

Fue un año de intensa recuperación, pero sus amigas y familia estuvieron siempre presentes. “Yo sabía que tenía buenas amigas, pero nunca tanto. Mi grupo cercano ha sido un pilar para mí. Imagínate que nos fuimos de viaje juntas al norte”.

¿Cuál ha sido tu máximo logro?
Que sigo haciendo mi vida muy parecida a lo que era antes. Ahora puedo hacer las mismas cosas, solo que más lento.

¿Tienes algún objetivo por cumplir?
Estoy aprendiendo a manejar. Ese es mi próxima meta. Me va a dar mucha independencia y eso me tiene muy motivada.

Lo que se produjo en torno a tu accidente en relación con la fe fue bien impresionante…
Sí, cuando desperté de la operación, entubada entera, le dije a mi mamá que por favor le contara a mis amigos que había tenido un accidente y mi mamá me dijo: “Fran, quédate callada, hay miles de personas afuera rezando por ti”. La fe unió en torno a mi recuperación a gente que ni siquiera conocía.

Durante el tiempo que la Fran, como le dicen sus amigos y su familia, estuvo en Santiago, hubo un grupo de gente que se juntó a rezar y a pedir por su recuperación todos los días, a las ocho de la noche en el Santuario de Schoenstatt. El sábado 13 de abril, en la tarde, Frances volvía a Viña por primera vez después de su accidente, y antes de llegar a su casa, quiso pasar al Santuario a rezar y agradecer. “Yo pensaba que iban a ser unas cuarenta o cincuenta personas como máximo, pero cuando llegué no podía creerlo, pues eran más de trescientas; el santuario estaba repleto y todos cantaban por mí. Fue muy emocionante, apenas podía hablar porque me cansaba mucho, pero les agradecí y también les pedí que siguieran rezando, porque el regreso a la realidad iba a ser muy fuerte. La fe es lo más lindo que he vivido”.

¿Fue muy difícil volver a la rutina en tu casa?
A veces me dan bajones, no puedo estar feliz siempre, me da rabia, pero conmigo misma. Yo me hubiese muerto si esto le hubiera pasado a la Maca, mi amiga que iba al lado mío, pues sentía que estaba más preparada que ella. Siempre lo supe.

Qué fuerte...
Sí, y desde el principio que lo siento así, fui yo por algo, qué lata que me haya tocado a mí, pero me siento fuerte para superarlo.

¿Qué ha sido lo más difícil del proceso?
Saber si he hecho todo lo posible para que mi recuperación sea la óptima. Soy muy autoexigente y me muero llegar a vieja y darme cuenta de que había más cosas por hacer. Por eso me fui en el verano al mejor centro de rehabilitación del mundo en Atlanta, Estados Unidos, a un programa intensivo de tres semanas. Los especialistas no podían creer que con mi lesión tuviera tantos avances. Eso me sirvió para darme cuenta que lo estábamos haciendo bien, gracias al trabajo y apoyo de Francisco Vergara y todo su equipo del centro de rehabilitación Luis Krebs de Viña del Mar.

¿Piensas volver?
Sí, volveré este verano nuevamente. Ellos tienen las mejores máquinas y todos los deportes imaginables para hacer.

EMPRESARIA DE LAS PALABRAS

¿Cómo fue la vuelta a los estudios?
Feliz, con nervios al principio, pero todo ha salido bien hasta ahora. De hecho, ahí conocí a Diego, mi pololo, con quien estoy muy feliz. También conocí a la Consu, una amiga de Coyhaique, que ha sido mi partner en la carrera. Los dos me acompañan y apoyan en todo.

¿Y cómo te ha ido?
Bien, el año pasado para el Proyecto de Emprendimiento, que es un ramo esencial, junto a cinco compañeros formamos una empresa que se llamó FAMPRO, que buscaba crear instancias que unieran a la familia en torno a entretención y al aire libre. Para ello organizamos una feria en Los Pinos. Nos fue increíble, se llenó. Había stands que vendían cosas entretenidas para todos, juegos infantiles, puestos de comida, música en vivo. Todos nos preguntaban cuándo lo volveríamos a hacer.

¿Piensan hacerlo de nuevo?
Sí, queremos repetirlo. Resultó tan bien que todos nos felicitaban y, en verdad, puede ser un real emprendimiento.

¿Te proyectas viviendo en Viña?
Me encantaría, pero la ciudad está muy poco preparada para la gente discapacitada. Dicen que es la ciudad de la tercera edad, pero yo no puedo andar sola una cuadra en las veredas de Viña, en cambio, en Santiago, me puedo mover sin ayuda. Me da mucha lata porque amo mi ciudad, pero sé que terminaré en Santiago, ahora entiendo por qué dicen que la capital es Chile.

¿Qué le dirías a quienes lean esta entrevista?
Que manejar con trago es lo peor, que la gente debe tomar conciencia. Si ellos quieren morir que se maten, pero no salgan a matar a otros. Me encanta el fútbol y respeto mucho a Arturo Vidal, pero creo que ahí se actuó mal, debió ser castigado. Hace un mes se murieron dos personas de mi entorno, hace seis meses otro conocido, ¡hasta cuándo! Estamos en una sociedad alcoholizada. El trago ha tomado un valor más importante que la vida misma y eso tiene que cambiar.

¿Algún consejo para alguien que esté pasando por un momento similar al tuyo?
Que el mundo no se acaba; un problema, un accidente, una crisis, puede ser el comienzo de una nueva vida. Es verdad que no seguirás con la misma vida, pero uno puede rescatar tantas cosas positivas, que quizás esta sea mucho mejor. Uno pierde algo, pero gana mucho más.

 

"Hace un mes se murieron dos personas de mi entorno, hace seis meses otro conocido, ¡hasta cuándo! Estamos en una sociedad alcoholizada. El trago ha tomado un valor más importante que la vida misma y eso tiene que cambiar".

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