“Esta niña llora por todo”. “¿Aún no te sabes vestir solo?”. “¡Apúrate!”. “Pero si vive chocando con todo”. “Es muy regalón, por eso todavía no camina... por esotodavía no habla”. Estas son solo algunas de las frases que los niños con trastorno de integración sensorial han escuchado y no una, sino mil veces. Baja autoestima, problemas de aprendizaje y comportamiento son parte de las consecuencias que podría traer el no tratarlo. Acá les entregamos una pequeña ventana a ese mundo que, en nuestro país, recién comienza.
Por Macarena Peri R.
Fernanda tuvo un embarazo complejo, por lo que su hijo Diego (dos años nueve meses), estuvo desde siempre en la mira de todos y, al contrario de lo que se pueda pensar, ella lo agradece. “Diego estuvo sometido a tratamientos desde que nació, ya que sabíamos que tenía un problema de huesos y que, por ende, iba a necesitar kinesioterapia desde el primer día. Y así fue”.
Al principio, para Fernanda y su familia fue difícil aceptar, entender y asumir, siendo Diego tan pequeñito, pero ahora saben que fue gracias a esa temprana intervención, que como papás pudieron ser guiados en su desarrollo. “Es quizás por eso que Diego está tan bien ahora y si pudiera darles un consejo a las mamás, sería la detección precoz. Que mientras antes detecten ciertas dificultades, lo lleven a control e inicien el tratamiento, el niño tendrá muchísimas más posibilidades de revertir su problema. Un diagnóstico precoz hace toda la diferencia”, asegura.
DESCONOCIENDO EL MUNDO
Toda la información que recibimos sobre el mundo nos llega a través de nuestros sentidos. Además del gusto, el olfato, la vista, el tacto y el oído, nuestro sistema nervioso recibe e integra otras experiencias sensoriales, como el sentido del movimiento, la percepción corporal y la fuerza gravitacional.
El óptimo uso de la información sensorial nos permite tomar, organizar e interpretar información que recibimos de nuestro cuerpo y del exterior. Así es como conocemos el mundo que nos rodea. Pero ¿qué pasa cuando algunos niños malinterpretan estos estímulos sensoriales? Tendremos niños irritables, torpes motrizmente, muy inquietos, temerosos. Pequeños que reaccionan de manera desmedida o inadecuada ante ciertos estímulos y su relación con el mundo, en vez de ser placentera, se transforma en un caos.
Y aquí viene la pregunta obvia, ¿cómo sé si mi hijo tiene una disfunción sensorial? La terapeuta ocupacional, Rosita Yuivar, asegura que si bien el ojo de los papás es esencial, pues son ellos quienes mejor conocen a sus hijos, los niños, normalmente, son derivados por su pediatra desde muy pequeños, a veces por retraso en el desarrollo psicomotor y/o en el habla y que al ser evaluados, se puede evidenciar que hay signos de integración sensorial que son la base de ese retraso.
¿Cómo saber si estamos frente a niños con trastorno de integración sensorial?
Cuando tenemos niños irritables, que lloran y se sobresaltan con sonidos fuertes como la aspiradora o la juguera, niños con poca coordinación, hipotónicos, niños temerosos a las alturas, al movimiento y cambio de posición de su cuerpo, niños que exploran poco el ambiente. Niños que no saben cómo jugar, niños con rechazo alimenticio o a los cambios en la etapa de la alimentación, niños muy inquietos.
LA EVALUACIÓN, EL SIGUIENTE PASO
¿Cómo es el pronóstico de estos niños?
Generalmente, los niños ingresan a un tratamiento por un período de seis meses, con frecuencia de dos veces a la semana. Ahí se evalúan los avances y se ve si continúa en tratamiento o se da el alta. Los avances generalmente son significativos y en conjunto con los padres y profesores, los niños pueden mejorar mucho.
¿Existen grados de esta disfunción?
No hay grados, sino distintos tipos de disfunciones, por ejemplo, niños buscadores de sensaciones, niños hiperactivos, niños dispráxicos, etc.
¿Son niños que presentan problemas durante su escolaridad?
Se pueden observar niños con diferentes dificultades sensoriales, los que pueden ser confundidos con problemas conductuales.
Hace poco estuviste en el colegio Albamar de Viña del Mar dando una charla, ¿cuál era el propósito?
Buscaba entregar conceptos básicos de integración sensorial para que los profesores supieran qué tipos de disfunciones podrían presentar sus alumnas. Por ejemplo, la niña que no se mantiene sentada, que se para todo el tiempo, que le cuesta controlarse, que no pone atención, o que no se organiza en las tareas escolares, pudiera estar procesando de manera ineficiente la información sensorial en su cuerpo y eso explicaría las conductas.
Según un ensayo publicado por CERIL (Centro de Desarrollo Infanto Juvenil), la teoría de la Integración Sensorial podría explicar la mayoría de los problemas de aprendizaje y comportamiento, exceptuando aquellos derivados de una lesión o enfermedad neurológica. Señalan que hay muchos factores que pueden causar fracaso escolar y conductas problemáticas, pero según los expertos, el setenta por ciento de estos casos está relacionado con disfunciones en la integración sensorial.
Es por ello que concluyen que estas disfunciones sensoriales están detrás de la mayoría de los casos de déficit de atención, dislexias, digrafías, dificultades con las matemáticas, la conducta, el desarrollo y la descoordinación motriz, la hiperactividad, la mala inserción social, disfunciones relacionadas con el autismo o problemas con la alimentación. Según los diferentes criterios, se considera que del cinco al veinte por ciento del total de la población infantil padece algún tipo de disfunción en la integración sensorial.
En países como Canadá, Estados Unidos, Australia o Suecia, los tratamientos con terapeutas ocupacionales infantiles son comunes hace décadas para superar ese tipo de problema. En Chile estamos lejos de eso.
TERAPIAS Y MÁS TERAPIAS
Fernanda es ingeniera comercial, pero se ha hecho una experta en el tema de integración sensorial y sabe que aun cuando hoy se gasta la vida y las energías en las diversas terapias de Diego, es por un futuro mejor. “Mi hijo, actualmente, va a nueve terapias a la semana, entre terapia ocupacional, fonoaudiología, kinesioterapia y sicomotricidad. Aparte de llevarlo sagradamente al jardín infantil todos los días. No podría decir con certeza cuál es la que más le sirve, pero sí podría decir que ha pasado por cerca de treinta terapeutas hasta llegar a los que tiene. Y no me arrepiento. Hoy está con los mejores y ha logrado lo que muchos pensaron nunca iba a lograr”.
Esta mamá guerrera tiene claro que nuestro país está en pañales en el tema; por lo mismo, ha querido asumir esto con responsabilidad y se ha informado más que muchos de los especialistas a los que ha visitado en estos casi tres años. “Mi hijo, según nos han dicho cuatro neurólogos a la fecha, no está dentro del espectro autista, que obviamente es la sombra que sigue a todos los papás con niños con algún grado de desconexión, conductas repetitivas, retrasos o dificultades en el habla. Es lo que todos temen, pero que nadie toca, por miedo a equivocarse en el diagnóstico. En Chile no se sabe casi nada del tema. Por lo mismo, como mamás, lo que hay que hacer es ocuparse, hacerse cargo, y dedicarse completamente a la minimización de esos síntomas”. Y Fernanda lo ha logrado. De hecho, hace poco postuló a su hijo al colegio y este quedó sin ningún problema. Sabe que esto no se ha terminado, que ahora empiezan nuevos desafíos, pero ella dice estar preparada y se le nota.
"En Chile no se sabe casi nada del tema. Por lo mismo, como mamás, lo que hay que hacer es ocuparse, hacerse cargo, y dedicarse completamente a la minimización de esos síntomas”.