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EDICIÓN | Julio 2015

Paraíso Canario

Lanzarote

Visitamos Lanzarote, una de las de las siete islas que componen el archipiélago de Canarias. Considerado como uno de los mejores lugares para la práctica del buceo y del kitesurf. Sus aguas tibias y transparentes albergan, para los entusiastas del mundo submarino, una gran diversidad de fauna y flora marinas.

Texto y fotografía Rodrigo Ponce V.

Las Islas Canarias pertenecen a España, pero geográficamente se encuentran frente a la costa noreste del continente africano, más exactamente a la altura de la ciudad de Agadir, en Marruecos. Dada su ubicación, las islas nos reciben con un clima cálido y, por esa misma razón, Lanzarote se ha convertido en un destino muy visitado por turistas europeos, especialmente alemanes y nórdicos, quienes buscan sus soleadas playas y su mar tibio y claro. Este archipiélago está compuesto por siete islas, siendo las más conocidas Gran Canaria, Tenerife y La Palma; lo conforma, además de Lanzarote, La Gomera, El Hierro y Fuerteventura, cada una con sus características propias.

Históricamente, las islas estaban habitadas por los denominados “guaches”, población ligada o emparentada con los “bereberes” del norte de África, que si bien no se sabe con exactitud cómo llegaron a ellas, es posible que los primeros habitantes lo hayan hecho en naves fenicias o romanas, alrededor del siglo IV A.C.. Posteriormente, en el siglo XIV, por el año 1314, fueron “descubiertas” por navegantes mallorquíes, portugueses y genoveses, en un proceso de expansión y conquista vía marítima que tuvo su punto culmine en el viaje de Colón en busca del paso a las Indias. Hoy forman parte de la corona española, con grados de autonomía que gozan ciertas comunidades en ese país.

Dicho esto, volvamos a Lanzarote. Para llegar hay que hacerlo vía aérea, principalmente desde España, en un viaje que tarda dos horas y media aproximadamente, y que es bastante barato. En la isla encontramos algunas ciudades y pueblos, tanto en el interior como en la costa, y la dimensión de la misma permite recorrerla, vía terrestre, de un extremo a otro en algo así como dos horas, lo que hace que sea fácil conocerla; además, posee un buen servicio de buses con horarios que se cumplen, y a prácticamente todo destino. Todo por unos tres o cuatro euros. Su capital, Arrecife, es una ciudad pequeña, a orillas de mar, que cuenta con buenas playas, muchísimos restaurantes y todo tipo de comercios y ofertas turísticas.

Desde Arrecife nos lanzamos a recorrer Lanzarote, y destacamos en primer lugar, sus playas. Hacia el norte, a una hora, está playa Mujeres, una de las más bellas, y un poco más al norte, a unos minutos, llegamos al poblado de Orzola, muy lindo pueblo y puerto de casitas blancas, donde tomamos un ferry a una pequeña isla a solo minutos de navegación: La Graciosa. Esta es una reserva de la naturaleza, muy protegida, y que se puede recorrer en bicicleta para visitar sus distintas playas. En su caleta hay restaurantes y agencias que ofrecen paseos, viajes de buceo, clases de surf y kitesurf, además de un incesante ir y venir de turistas y navegantes que hacen una escala para conocer este paraíso… su nombre lo dice todo.

BUCEO Y KITESURF

Siguiendo con las playas, Lanzarote es uno de los mejores lugares para la práctica del buceo y del kitesurf. Sus aguas tibias y transparentes albergan, para los entusiastas del mundo submarino, una gran diversidad de fauna y flora marinas, por lo que ver botes llenos de buzos de distintas nacionalidades forma parte del paisaje. Encontramos bajo el agua desde tortugas a tiburones, pasando por mantas, peces globo, meros, pez gallo y un largo etcétera. Respecto al kitesurf, permítanme que la campeona mundial de la especialidad, Kirsty Jones, hable por mi: “(…) después de haber viajado a muchos lugares del mundo por mi trabajo como kitesurfer profesional, decidí comprarme una casa en Lanzarote”. Es común, además, ver gente practicando ciclismo de ruta, trekking o simples caminatas, o bien remando sus kayaks o maniobrando sus veleros. La actividad está por todas partes.

Ahora bien, si para usted la playa es sinónimo de descanso y relajo, hacia el sur de la isla, en el sector de la Punta del Papagayo, podrá dar rienda suelta al disfrute playero: arenas blancas, mar transparente, bahías seguras para el baño, ideal para pasar el día. Encontramos, además, gente acampando o en casas rodantes, y algunos pequeños restaurantes donde tomar y comer algo. ¡Ah!, para los desinhibidos hay playas nudistas o de topless, y unas más recatadas para los que quieran.

Otra atracción que se debe visitar es el parque de Temanfaya. Si bien todo el archipiélago canario tiene origen volcánico, en Lanzarote esto parece más que evidente, pues salvo las palmeras de la playa y algunos árboles urbanos, no vemos nada verde en ninguna dirección. Todo el paisaje es rojizo, piedras y arena de material volcánico molido. Pues bien, la máxima expresión de la actividad volcánica es este parque.

Si tuviera que resumirlo, para su rápida comprensión, diría que incluso hay una abertura en la tierra donde es posible cocinar unos pollos solo con el calor que emana desde ella; u otra abertura mas pequeña donde si ponen pasto seco este se inflama espontáneamente; u otra aún más pequeña donde si echan un balde de agua fría, esta se evapora y sale disparada en chorros de vapor casi en el instante en que hace contacto con la tierra. El paisaje lunar de este parque lo asemeja mucho con algunos parajes de nuestro Atacama, con géiseres incluidos. Resulta sobrecogedor, pues se parece a los documentales que nos ilustran sobre los orígenes de la Tierra misma. Y la historia de Lanzarote enseña que ahí mismo, tres siglos atrás, se produjo una violenta erupción volcánica que prácticamente destruyó la isla. Cuenta con miles de visitantes diarios y una protección muy estricta de lugares y senderos (un ejemplo, en ese sentido, del que debiéramos aprender). Además, un restaurante-mirador de muy linda arquitectura y calidad.

Párrafo aparte merece la gastronomía de Lanzarote, y permítanme comenzar por los vinos, tanto por su calidad como por su particular forma de cultivo. Si no hubiera visto antes fotografías de los viñedos, difícilmente me hubiera dado cuenta de qué se trataba: se hace un hoyo, perfectamente redondo, en la tierra, con forma de cono invertido, no muy profundo, de entre uno y dos metros de diámetro; dentro se planta la parra, que crece rastrera y pequeña.

En algunos lugares se protege la planta del viento con una especie de pequeño muro o “pirca” construido con piedra volcánica. Es así posible apreciar largas extensiones de terrenos o suaves laderas de cerros, llenas de estos círculos en la tierra donde crece la fruta para la elaboración de sus apreciados vinos. Las variedades Malvasía, uva blanca y Moscatel son las que predominan en las casi dos mil hectáreas de vides de la isla, y su vino cuenta con denominación de origen desde al año 2009. Ojo que tanto la siembra como la cosecha se hacen manualmente, por lo que el costo de la mano de obra es caro, y al comprar una botella de vino de Lanzarote el cliente contribuye a la conservación de un método vitivinicultor que está en peligro de extinción y que los lanzaroteños están decididos a preservar.

Para acompañar los vinos, algunos clásicos y un imperdible: carne de vacuno de calidad, y carne de cabra, cabrito y conejo, conforme a las costumbres de los originarios habitantes guaches. Del mar sobresalen los pescados y la lapa negra, autóctona, que se prepara a la parrilla y acompañada de mojo; y este es el imperdible, las papas arrugadas acompañadas de mojo: las papas se cuecen sin pelar y finalmente se sumergen en una salmuera, y el mojo es una salsa que las acompaña. En Lanzarote existen tres variedades; el mojo verde con perejil, el mojo con cilantro y el mojo picón (con un poco de guindilla o ají, de ahí su nombre). Simplemente el mojo es una salsa de especies maceradas en vinagre y aceite, pero que confiere a las papas un sabor único.

El paisaje desértico, la arquitectura uniforme de casas blancas de no más de dos pisos, sus playas blancas dan a Lanzarote un aspecto único. Pero si a eso se le suma su gente, el resultado es completamente recomendable: su modo de hablar asemeja bastante a los andaluces, y en ciertos tonos muy parecido a los venezolanos, por lo que sentirlos cercanos resulta fácil; además, siempre listos para la risa y el canto, para compartir una cerveza o una rica comida. El resultado es que dan ganas de visitar la isla, y también dan ganas de volver.

 

Si para usted la playa es sinónimo de descanso y relajo, hacia el sur de la isla, en el sector de la Punta del Papagayo, podrá dar rienda suelta al disfrute playero: arenas blancas, mar transparente, bahías seguras para el baño, ideal para pasar el día.

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