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EDICIÓN | Julio 2015

Yoga The indian soft power

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D. Profesor en la Universidad de Chile Director China & India Intelligence Reports smcarrasco@vtr.net
Yoga The indian soft power

El 21 de junio, India instituyó el día Internacional del Yoga, y se celebró en todo el mundo. En Nueva Delhi, el Primer Ministro Narendra Modi, hablando ante miles de personas que hacían yoga frente al Palacio de Gobierno, mencionó que esta disciplina se practica hoy en ciento ochenta países, llevando a todos los rincones de la Tierra su doctrina de paz.

India, con sus 1.300 millones de personas, crece y prospera. No obstante sus muchos problemas, muestra vocación de superpotencia con su intimidante capacidad militar, mientras, por otro lado, despliega su pacífico soft power. El yoga es su paradojal tarjeta de presentación espiritual. Hacia el interior, ha tomado forma de doctrina nacional. El gobierno de Modi ha institucionalizado toda una estructura de respaldo para el cultivo y desarrollo de varios aspectos de la ortodoxia hindú, al fomentar el cultivo de la medicina ayurvédica, el yoga y otras enseñanzas provenientes del “Vedismo”.

El yoga es global y está en todas partes. Se enseña en academias elegantes, o en clases populares. Pero el yoga es siempre el mismo. Nadie podría reclamar que le enseñan yoga de baja calidad, porque antes que nada se trata de una experiencia individual. Como dice la misma tradición yóguica: “cada uno es su propio maestro”.

¿Es el yoga torsiones, elongaciones, ejercicios de respiración? No, todo eso es preparación para la esencia trascedente del yoga, que es la búsqueda de la liberación de la conciencia de la malla mental que la atrapa, limita y angustia. Por otra parte, Yoga es una de las siete escuelas de filosofía clásica de India, o Darśanas (las otras son Śamkya, Nyaya, Vaiśeşika, Mimamsa, Vedanta y el Śaivismo de Cashemira). Mas, todas coinciden y se apoyan en la experiencia fundamental que otorga el yoga: la percepción de “aquello que conoce”, el yo que se da cuenta que es. Técnicamente, a eso se le llama samadhi; un estado de conciencia fino y sutil, experimentado como suspensión de sí en el vacío y silencio interior (lo mismo que se define como Nirvana, en el budismo). Ser en la nada. Quién sabe estar en esa nada, lo tiene todo.

Yoga, en sánscrito significa “unión”; re-conexión entre un individuo particular, con la universalidad de la existencia humana. Usando lenguaje computacional: algo así como “auto-resetear” todo el sistema; sumirse en la naturaleza original y dejar que aquella actúe por sí sola. Esa es la explicación medicinal y curativa del yoga y sus derivaciones.

El yoga nació con la India. Hace diez mil años que se enseña y, por cierto, se perfecciona. Tuvo un reimpulso en la llamada “Época de los Vedas” (1.500 al 500 a.C.), que es un tiempo de sistematización del conocimiento. Luego, sigue una larga lista de sabios y filósofos que trataron sobre yoga, recorrieron y analizaron desde los principios fundantes hasta la ancha fronda de las derivaciones. Entre los más notables autores podemos mencionar a Patánjali, a Śankara, a Madhwa.

El yoga le hace bien a la Humanidad. Nos hemos alejado de la naturaleza (demasiado entendida como paisaje o como ecología). El yoga despierta al ser humano a su real y plena dimensión; entonces, por consecuencia simple, se vuelve más armónico y cuidadoso del exterior. Considerando que es fundamental preocuparnos por el medio ambiente, habría que practicar yoga. Por eso, no me preocupa que el yoga sea el soft power de India (o mejor aún, su sweet power). Me quita el sueño que, una vez más, algo tan bueno se desprecie, no se entienda y se desperdicie, al sólo fijarnos en su cáscara. Un ministro de educación avispado, impondría el yoga como práctica obligatoria, universal y transversal. Obtendría educación de calidad instantánea. Y los estudiantes, en vez de hacer marchas, podrían llamar a prácticas masivas de yoga en la Plaza de la Constitución. Harían más, molestando lo mínimo, y lograrían lo máximo. India, la madre del yoga, lo ha demostrado. Con poco esfuerzo, literalmente, ha puesto al mundo de cabeza.

 

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