Sin duda, la región más austral de Chile lleva delantera en materia turística, atrayendo a visitantes especialmente de Estados Unidos, Alemania, Francia, Israel, España, etc. y a muchos chilenos, que se han animado a descubrir la magia de las Torres del Paine, la Cueva del Milodón, probar el Ruibarbo Sour o besar el pie al indio, para cumplir la tradición.
Por Maureen Berger H. / fotografía Vernon Villanueva B.
Para entender por qué las Torres del Paine hoy ostentan el honor de ser la Octava Maravilla del Mundo, es necesario vivir la sobrecogedora experiencia de estar frente a ellas. En la Región de Magallanes y Antártica Chilena, con una acotada población de 163.748 habitantes (2014), han sabido manejarse en materia turística, no hay duda, desarrollando una cuidada oferta en materia hotelera, gastronómica y cultural, que está a la altura del imponente espectáculo que ofrece el paisaje, la flora y la fauna que contribuyen, espontáneamente, a que cada fotografía sea una postal. En este Foto Reportaje escogimos ciertos lugares de la región, como una muestra de su enorme e interesante oferta turística.
La travesía comienza cenando en el restaurante La Marmita de Punta Arenas, donde uno de nuestros anfitriones, Gustavo Radonich, Community Manager del Programa Promoción de la Patagonia de la Dirección Regional de Turismo de la Región de Magallanes y Antártica Chilena SERNATUR, comentó: “la región está compuesta por cuatro provincias: Última Esperanza (la ciudad capital es Puerto Natales), Magallanes (su capital es Punta Arenas), Tierra del Fuego (Porvenir) y Antártica Chilena (Puerto Williams) y en este tour visitaremos atractivos de las dos primeras”. Mientras conversamos, Lorena Riquelme y Alfredo Pérez, dueños del restaurante, nos agasajan con sus especialidades: berrie sour, tostadas con mariscos y, de entrada, centolla en tres versiones. De fondo, congrio con guiso de arroz y callampas silvestres y lomo de guanaco en tomillo con zarzaparrilla, gratín de papas y verdura, y de postre, esfera de chocolate rellena con mousse de plátano y manjar y pirámide de chocolate con mousse de calafate. Nos relajamos en este entorno hippie chic, con luces, teteras viejas, cajas de confites y galletas de antaño, enterándonos de qué se nos viene en este tour por el extremo sur de Chile.
En la tarde, nos llevan a un city tour por otros iconos de la ciudad como el Cementerio Municipal, escogido como el sexto más hermoso del mundo, por su singular arquitectura y los cipreses que forman pasillos a modo de laberintos. “Las capillas construidas al inicio del siglo XX albergan los restos de algunas de las familias más ricas de esa época, incluidos los de Sara Braun. Se dice que cuando ella donó el dinero para la construcción de la entrada del cementerio, tenía solo una petición: que una vez que pasara a través de la puerta central, la puerta permaneciera cerrada para siempre”, nos relata la guía Ximena Álvarez de Turismo Fin del Mundo. Otro imperdible es el Monumento al Ovejero, que “representa a un ovejero soportando el viento de las pampas, con las riendas de su caballo en una mano, y en la otra un látigo para guiar a su rebaño”, acota Ximena. Sin embargo, el lugar perfecto para apreciar la ciudad es el Mirador Cerro de la Cruz, donde es posible conocer los vestigios de los antiguos muelles y embarcaciones que dieron vida a la ciudad, desde su fundación en el siglo XIX, y apreciar la actividad portuaria de cientos de embarcaciones que recorren el mundo o se dirigen al continente antártico.
La anfitriona principal, Lorena Araya, directora de la Dirección Regional de Turismo de la Región de Magallanes y Antártica Chilena, SERNATUR, nos insta a cumplir desde el primer día la tradición más importante. Para esto, nos llevan a la Plaza de Armas o Plaza Benjamín Muñoz Gamero. “En el centro está el monumento dedicado a Hernando de Magallanes, donado por el acaudalado José Menéndez, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento del Estrecho. Magallanes está acompañado por estatuas de dos nativos selknam y la tradición dice que quien bese el pie de uno de ellos, siempre vuelve a Punta Arenas”, nos dice la directora y le hacemos caso, obviamente.
FUERTE BULNES Y TORRES DEL PAINE
La segunda jornada tiene como objetivo conocer los orígenes del Estrecho de Magallanes y para esto nada mejor que el Parque Historia Patagonia. Nos reciben Randall Twyman, gerente general, y Catalina Karelovic, gerente comercial de este lugar que ha tenido un importante desarrollo en pro de la educación y culturización de los residentes y turistas.
Acá está la réplica del Fuerte Bulnes, fortín construido cuando Chile estableció el primer poblado patagónico y tomó posesión del estrecho. “El Fuerte se fundó el 30 de octubre de 1843, bajo el mandato del presidente Manuel Bulnes, y fue destruido a los pocos años, quedando el lugar en estado de abandono. Para el centenario de su fundación, fue reconstruido y se reinauguró como museo de sitio en 1943”, nos informa Randal, mientras compartimos un humeante café en la boutique y cafetería del parque. Acá es posible adquirir suvenires, como tazones, poleras y banderas alusivas, onas y tehuelches en tela, figuras en lana de oveja y productos de belleza hechos con grosella, zarzaparrilla, ruibarbo y calafate. Catalina puntualiza: “cuando se apostó por la colonización del Estrecho de Magallanes, la Patagonia y la Tierra del Fuego, enviaron a un grupo de colonos desde Chiloé en la goleta Ancud. Al mando del capitán John Williams, estos desembarcaron en la Punta Santa Ana, fundaron el Fuerte Bulnes tomando posesión del territorio para Chile. Dieron así comienzo a la colonización definitiva de la Patagonia, marcando el origen de la comunidad magallánica”.
Luego, nos dirigimos directo a Torres del Paine, y como arribamos de noche, hospedamos en el Hotel Costaustralis en Puerto Natales. Acá nos esperan con una cena reconfortante en su Restaurant Paine, la elegancia y estilo del hotel y la comodidad de sus habitaciones. Muy temprano, tras un rico desayuno buffet, parte la anhelada aventura. En el trayecto, Miguel Narváez, también guía de Turismo Fin del Mundo, nos dice: “el Parque Torres del Paine fue creado en 1959, cuenta con 242.242 hectáreas y fue declarado reserva de la Biósfera por la UNESCO en 1978”. Tras algunas horas y varias paradas obligadas para tomar fotos de la flora y especialmente la fauna (ñandúes, bandadas de cóndores, pumas, zorros, liebres, guanacos y cientos de ovejas), arribamos a destino. El parque posee caminos para vehículos y senderos para caminatas. Se puede recorrer en auto o haciendo un circuito de trekking, cabalgatas, escalada o montañismo, para lo cual se debe alojar en diferentes refugios, dotados de amplias comodidades. “Todo esto ocurre rodeados de gigantescas rocas que caracterizan la silueta de los cuernos del Paine y las famosas Torres del Paine, sumado a su maravillosa y variada fauna”, menciona la guía Ximena Álvarez.
Pero aunque parezca increíble, aún queda mucho más que visitar. Reservamos la tarde para ir al Lago Grey, cuya mayor fuente y origen de su formación es el enorme glaciar Grey, el cual desemboca en el sector norte del lago. Corresponde a una masa de hielo de seis kilómetros de ancho y más de treinta metros de altura dividido en dos frentes. Vivimos un trekking de mediana intensidad, pasando por un puente colgante y caminando por el bosque nativo patagónico dominado por el coihue, la lenga y el ñire. Avanzamos por laorilla de playa del lago, hasta visionar los icebergs del glaciar mayor, cuyos trocitos son óptimos para sellar la experiencia con un buen whisky en las rocas.
CUEVA DEL MILODÓN Y LA LUNA
La última jornada también empieza temprano, pues no podemos irnos de estos parajes sin ver al famoso Milodón. Gustavo Radonich, de SERNATUR, nos relata la historia relativa a este sitio arqueológico declarado monumento histórico, ubicado a veinticuatro kilómetros al norte de Puerto Natales. “El lugar fue descubierto en 1896, cuando se hallaron restos del extinto animal prehistórico, mamífero herbívoro que habitó esta tierra hace unos diez mil años. Tenía grandes dimensiones y se extinguió, probablemente, a fines del Pleistoceno. Además, posee valor científico, pues en el recinto se sabe que vivió el hombre primitivo patagónico hace aproximadamente once mil años”.
Al almuerzo vamos al Restaurant La Luna, que impresiona pues está lleno de recuerdos en cada rincón, en sus paredes e, incluso, en el techo. Mario Navarro y Marjorie Kusch lo abrieron, en el 2001, y desde sus inicios su carta incluye carnes, pescados, mariscos y sopas, preparadas en estilo casero y tradicional, con productos regionales como la centolla, los ostiones, el congrio, los pejerreyes, el salmón, el cordero, el filete de res y la cerveza artesanal propia Bier Luna. Un detalle son los mapas instalados en los muros, donde los visitantes dejan una banderita, como testimonio de su lugar de origen.
Tras dar una vuelta y hacer algo de shopping en la Zona Franca de Punta Arenas, finaliza este Foto Reportaje, que alguna vez tendrá una segunda parte, por dos razones: quedamos maravillados con las Torres del Paine —que tienen muy merecido haber sido declaradas la Octava Maravilla del Mundo— y porque no olvidamos besar el famoso pie del indio.
"Todo esto ocurre rodeados de gigantescas rocas que caracterizan la silueta de los cuernos del Paine y las famosas Torres del Paine”.