El país necesita tecnócratas que hagan todo eficiente o ¿gobernantes más políticos que sepan empatizar con las necesidades de todos? ¿Es más prioritario el crecimiento económico o anteponemos la educación?
En medio de esta atmósfera de desconfianza, me he detenido a analizar una de las causas de tantos problemas del país: el lenguaje. Se dice que el lenguaje es la expresión exacta del pensamiento y yo lo creo así, por lo tanto, lo que se demuestra a través de este es una soberbia monstruosa de cualquiera que tenga algo de poder o autoridad en alguna materia específica.
Ejemplo: Allamand comenta “Eyzaguirre no tiene las características personales para las Segpres”, podría haber dicho “yo creo que para la Segpres hay que tener un rasgo de personalidad que no se lo veo al señor Eyzaguirre” y cambia del cielo a la tierra, los efectos y la valoración de quien lo está diciendo. Mario Aguilera, del Colegio de Profesores, dice que el proyecto del gobierno es malo, está mal hecho. Podría haber enfatizado diciendo: “yo creo o nosotros creemos que el proyecto es susceptible de mejorarse en varios aspectos” y habría redondeado una demoledora entrevista radial donde pareció dar argumentos súper potentes a favor de sus demandas, pero que con esa sentencia final solo daban ganas de cerrarle la puerta y no conversar nada.
Recuerdo tantas frases del gobierno, de Elizalde, del mismo Eyzaguirre, de Pizarro de la DC, de Piñera, de Teillier, de MEO, de Matthei, de Ossandón y de tantos otros, elaboradas con poco cuidado, sacadas desde sus entrañas, mostrando una superioridad intelectual tan aterradora, que jamás me imaginaría esas sentencias acompañadas de una frase como… “es mi idea pero también podría estar equivocado”, en circunstancias que en el último tiempo los cambios de nuestra vida han sido tan vertiginosos que la mejor recomendación de estos tiempos es la humildad.
Tantas ideas que parecían definitivas, que el socialismo es lo mejor para el mundo, que el capitalismo es lo peor; después que el primero está en retirada, que el segundo triunfó. Ahora ya no, el capitalismo sin control es cruel y el socialismo es el camino… pero este tiene quebrado a los países, tiene que haber una tercera vía…
La derecha es prepotente y la izquierda está con el pueblo. No, la derecha es la que salva al pueblo con la libertad económica y la izquierda estatiza todo y nos tiene sumidos en la pobreza. El país necesita tecnócratas que hagan todo eficiente o ¿gobernantes más políticos que sepan empatizar con las necesidades de todos? ¿Es más prioritario el crecimiento económico o anteponemos la educación?.
Todas las aseveraciones de los dos párrafos anteriores demuestran que las posturas expuestas, siempre tienen una parte de verdad, por lo tanto, agachar el moño podría influir muchísimo a que no nos sintiéramos dueños de la mejor idea para cambiar el mundo y esto modificaría nuestro lenguaje, día a día, para que todo empezara a mejorar… o quizás también puedo estar equivocado.