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Columnas » Pilar Sordo

EDICIÓN | Julio 2015

Crisis de confianza

Crisis de confianza

Intento ser una buena persona todos los días, y cualquiera que esté leyendo esta columna e intente lo mismo que yo, estará de acuerdo en que es una gran tarea diaria y no fácil. Implica intentar no juzgar, no pre juzgar, ser empático, solidario, estar pendiente de las necesidades del resto sin descuidar las propias.

En estos últimos tiempos, y no solo en Chile, se habla mucho de una crisis de confianza frente a las instituciones, políticos, empresarios y cualquier organización que tenga una estructura establecida hace mucho tiempo.

Creo, además, que la desconfianza en estas organizaciones se ha traspasado a las personas, pues estamos permanentemente en alerta y con cierta suspicacia mirando al otro. Desconfiamos de todo y se ha hecho costumbre tener dobles lecturas o dobles intenciones del comportamiento de los demás.

Sin embargo, creo que el problema no está ahí y es un poco más profundo. Pienso que el problema está en que esta desconfianza llegó a hacernos dudar de un valor trascendental del ser humano: la bondad.

Estamos dudando hasta de los buenos, porque ¿cómo tan buenos?, en algún momento irán a mostrar sus verdaderas intenciones. Este fenómeno, grave a mi juicio, está conformando una mirada que dejó de valorar la bondad como un valor y donde lo que importa hoy es la astucia.

Educamos a nuestros hijos no para que sean nobles ni correctos, eso hoy es sinónimo de estupidez, sino para que sean astutos y estén siempre alertas. Es muy grave pensar que nadie dice que intenta ser una buena persona, y que es más cool decir que somos proactivos, inteligentes y tantas otras cosas que nada o poco tienen que ver con ser las mejores personas que podemos ser.

Educar en la astucia tiene un riesgo tremendo cuando eso no va de la mano de la prudencia y de otros valores. Es una educación que enseña a defenderse, a no entregar desde el corazón nada y, por qué no decirlo, a mentir al final del día. A no ser lo que somos de verdad porque eso se transforma en un peligro y el estar alertas, donde el ser “vivo” o “viva” es lo que más refuerzo social tiene por estos tiempos.

Intento ser una buena persona todos los días, y cualquiera que esté leyendo esta columna e intente lo mismo que yo, estará de acuerdo en que es una gran tarea diaria y no fácil. Implica intentar no juzgar, no pre juzgar, ser empático, solidario, estar pendiente de las necesidades del resto sin descuidar las propias. Expresar emociones, ser amable con todos, sonreír y ser agradecidos, intentar estar consciente de los errores, pedir perdón y perdonar y desarrollar la generosidad en todas sus formas y estilos. Una tarea nada fácil si vemos que es un poco nadar contra la corriente.

La verdad es que yo prefiero y opto por confiar en todo y en todos. Prefiero que me hagan daño, como lo han hecho muchas veces, a andar por la vida alerta y desconfiada. Me cuido, pero desde la confianza y desde reconocer en todos las bondades como algo inherente al ser humano. Alguien es bueno hasta que me demuestre lo contrario y creo que esta regla es la que cambió y es la raíz de la desconfianza que hoy impera… y que yo sueño con que cambie para que volvamos a sentir que la bondad es un valor para cultivar y no un signo de estupidez

 

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