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EDICIÓN | Julio 2015

La batalla es desigual

Por Marcelo Contreras
La batalla es desigual

Lo consiguieron, finalmente llegaron al número uno del ranking general Billboard, toda una hazaña hoy en día para una banda que abraza con fervor el rock de escuela clásica, retocado de modernidad. El trío inglés Muse pelea en un mundo dominado por estrellas pop femeninas armadas de poca ropa, poses sugerentes y revelaciones íntimas, mientras ellos insisten con guitarra, bajo y batería, en una conjugación donde la grandilocuencia es el elemento guía.

Matt Bellamy, el cantante y protagonista en las seis cuerdas, es un virtuoso que usurpa y reconvierte la voz de Thom Yorke de Radiohead y los riffs de Tom Morello de Rage against the machine, una combinación improbable pero muy bien ejecutada. Compone con la pomposidad de Queen, es capaz de títulos galácticos como Supermassive black hole, y escribe discos conceptuales con devaneos geopolíticos. El último, Drones, el que conquistó el primer puesto no solo de Billboard sino en veinte países, relata la historia de un personaje a merced de un sistema que lo entrena para matar. Por supuesto, en el último tercio del álbum se redime y queda como héroe.

Muse, cuya alineación completan el bajista Chistopher Wolstenholme y Dominic Howard en batería, se mueve en el terreno progresivo, uno de los géneros que más flancos ofrece por sacrificar la picardía y el sexo —el rock and roll en definitiva—, en pos de inquietudes intelectuales dignas de bibliotecas y aulas universitarias. A su favor, la seriedad con la que se toman redimir al género. Si van a luchar contra un ejército de chicas guapísimas blindadas en canciones sobre capacidades amatorias, que el mundo entero corea, tienen que estar convencidos. La batalla es desigual.

 

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