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EDICIÓN | Junio 2015

Delicada dulzura

ANRO, chocolatería fina
Delicada dulzura

Angélica y Rodrigo se ocupan de todos los detalles. Hace diez años, iniciaron juntos este camino empresarial y, hoy, ven con creces el resultado de su dulce, fina y tentadora propuesta. Ella se convirtió en chocolatier y él, orgulloso de su esposa, lo recalca, y advierte que, en ANRO, todo se elabora con productos de la más alta calidad, pero sobre todo, con el cariño de siempre.

por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

Sobre la mesa del comedor de la casa de Rodrigo Carrión y Angélica Alcayaga, reposan una serie de platillos de cerámica gres, cubiertos de variados bombones, tabletas de cacao y trocitos de chocolate blanco. Una taza de café en grano y un pequeño vaso de soda, acompañan este cuadro subliminal e irresistible. Se inicia nuestra conversación, la que, sin duda, fluye y se hace aún más amena, degustando cada una de estas delicias.

Son cerca de cuarenta sabores, los que forman parte de las creaciones de ANRO, algunos de ellos están guardados, pues la idea es ir sorprendiendo, gradualmente, a los amantes del chocolate. Su variada gama de bombones, posee rellenos originales, incluso, con productos endémicos de la zona, como el chañar. El catálogo de ANRO seduce con sus bombones de merkén, higo nuez, oliva, naranja, jengibre, té verde tropical, avellana europea, mango, arándano, papaya, chirimoya, frutos secos, frutilla, copao, cardamomo, romero, crema de pisco, piña colada, toffee nuez, canela y café.

“Nosotros utilizamos chocolate ecuatoriano con un setenta y cinco por ciento de cacao orgánico con certificación internacional. Todos los años, nuestro proveedor nos envía la renovación de esa certificación y lo interesante de esto es que en las plantaciones de cacao, crecen árboles de papayas y bananos, los que dan un aroma y característica especial al chocolate”, destaca Rodrigo Carrión, y agrega que el chocolate blanco que utilizan es el venezolano El Rey, elegido el mejor chocolate gourmet del mundo.

Hace cuatro años, este matrimonio viajó a Colombia para conocer las plantaciones de cacao. Rodrigo muestra una mazorca deshidratada y como gran conocedor de su rubro, comienza a relatar la historia de su producción. Describe cómo se extrae el fruto del cacao, su maduración y fermentación, proceso de secado, tostado y cómo se separan sus principales materias primas, para regular su porcentaje.

Estudiosos, ordenados y pulcros en extremo, Angélica y Rodrigo, profesionalizaron el arte de la chocolatería fina. De su origen, absolutamente autodidacta, se motivaron por aprender, investigar e innovar. Hoy, desde su hogar, ubicado en Coquimbo y con casi diez años de experiencia, son reconocidos en la zona, por sus maravillosas creaciones y delicada presentación.

TRIBUTO A LO NATURAL

Rodrigo es oriundo de Valdivia y conoció a Angélica, en Vicuña, en 1994. Cuatro años después se casaron. Con recetas sureñas y de manera artesanal, Angélica comenzó a elaborar mazapán, pero solo para obsequiarlos. Al poco tiempo, se dio cuenta de que, en esta zona, no tenían mucha aceptación, asi que decidió dedicarse a la elaboración de bombones con chocolate sucedáneo. “En el 2005, comenzaron a pedirnos para la venta y entregábamos de manera muy personalizada. Desde entonces, ya nos preocupábamos de hacer una bonita presentación”, recueda Angélica.

¿Cómo fue el paso del chocolate sucedáneo a la chocolatería fina?
A: Nos dimos cuenta de que no estábamos haciendo chocolate, entonces, decidimos investigar y aprender. Hacer chocolatería fina es un proceso muy distinto, requiere tener la humedad y temperatura adecuada y una serie de otras condiciones. En el 2007, entramos de lleno a este rubro, porque buscábamos ofrecer un producto de calidad, más sano y con valor agregado.

¿Y en qué momento formalizan el negocio?
R: Cuando comenzamos a generar recursos. Hicimos el taller en nuestra casa y obtuvimos la resolución sanitaria. Compramos moldes de policarbonato, elaboramos un catálogo y fuimos mejorando la producción. Angélica hacía los chocolates y yo me dedicaba a la presentación. Nuestra difusión funcionaba con el boca a boca, solo por recomendación.

¿Siempre prevaleció la elaboración artesanal?
A: Nunca hemos usado ni preservantes, ni colorantes; por ejemplo, no elaboramos el bombón de menta, porque este debe tener saborizantes y nosotros buscamos que los productos sean lo más natural posible.
R: Es que la abuelita, símbolo de nuestro logo, no permite otra manera de hacer las cosas. Esto nace de recetas caseras, elaboradas a mano y en honor a mis ancestros alemanes.

¿Nunca instalaron su propia tienda?
R: En el 2008, tuvimos un punto de venta en una gran tienda comercial en el centro de La Serena, pero, lamentablemente, la experiencia no fue buena, ya que los productos quedaban expuestos en las vitrinas a altas temperaturas, lo que podía alterar el sabor y presentación de los chocolates. Luego, entregábamos las cajitas en un supermercado, pero era corporativo, es decir, utilizaban su marca en nuestros chocolates. La experiencia nos indicó que en nuestro taller y en nuestra casa era la manera correcta de continuar.

¿Actualmente, su mercado principal son las empresas, cómo llegan a ellos?
R: Así es, el fuerte son las empresas y nuestros chocolates comenzaron a tener una identidad corporativa. Yo era el relacionador público y con los catálogos daba a conocer las diferentes opciones. Hace dos años que no salimos a vender y, hoy, todo lo hacemos a través de nuestra página web, mail y teléfono. Atendemos a nuestros clientes en la casa y se acostumbraron a eso. Hacemos una degustación y conversamos con ellos para saber cuáles son sus requerimientos.

HOGAR DULCE HOGAR

Hace cinco años, presentaron un proyecto a la pisquera Capel. Con los licores de la línea Cremise de esta marca, elaboraron una serie de bombones rellenos. La propuesta fue aceptada y hasta el día de hoy, ANRO es uno de sus proveedores. “Los bombones se venden en la sala de venta de Capel y, además, en los tour premium de la pisquera entregan nuestras tabletas de chocolates, acompañadas de café en grano”, acota Rodrigo.

¿Y postularon a algún proyecto estatal?
R: Siempre quisimos hacer las cosas por nuestra cuenta, incluso, nunca solicitamos créditos, pero un día, llegamos a SERCOTEC y nos sorprendimos de la excelente atención. Postulamos a un Capital Semilla en septiembre del 2009, con un proyecto de chocolatería fina, personalizada y corporativa. Quedamos seleccionados dentro de ochenta postulantes y, finalmente, obtuvimos el proyecto Capital Semilla Empresa.

¿Qué hicieron con el capital?
R: Obtuvimos seis millones de pesos y con este monto habilitamos un sistema de aire acondicionado en el taller, compramos mobiliario, importamos más moldes de policarbonato e invertimos en publicidad, folletería y pendones. Lo mejor de todo fue que pudimos habilitar una sala de atención a público en nuestra casa. Esto fue muy bonito para nosotros, porque significó una inyección anímica para continuar mejorando.

¿Todo esto les permitió crecer comercialmente?
R: Por supuesto, comenzaron a ingresar mayores recursos y, lo más importante, es que el resultado ha sido por un trabajo constante de ambos. Nosotros contamos con dos personas que nos apoyan en fechas de alta demanda, pero el resto del tiempo, todo lo hacemos nosotros, incluso, la confección del packaging. Aquí, nada se externaliza.

¿Y cómo fue evolucionando la presentación de sus chocolates?
A: Primero partimos con cajas de cartón corrugado y, luego, usamos cartón piedra. Mandamos a hacer un diseño con formatos de cajas reutilizables, para que a los clientes les quedaran de recuerdo. Llegó un momento en que la diseñadora no dio abasto y nos enseñó a hacerlas. La caja es personalizada y va con un catálogo de sabores. También hicimos cajitas de madera, pero con los incendios forestales, dejamos de utilizarlas por razones ecológicas. En Argentina, encontramos unas telas muy bonitas y empezamos a aplicarlas, también, en las cajas de bombones.

CERTIFICACIÓN CHOCOLATIER

En el 2013, Rodrigo acompañó a Angélica a Buenos Aires para cumplir una clara misión: adquirir el máximo de conocimiento en chocolatería, en un curso intensivo con la chef, somelier y chocolatier, Ingrid Cuk. Ese año, Angélica se certificó en primer nivel del taller, un año después tomó un segundo curso, hasta recibir, finalmente, su certificado de chocolatier.

“Esta certificación fue imprescindible para adquirir mayor información y mejorar nuestros productos. Queríamos conseguir sabores intensos en los rellenos y aprendí a hacer pulpas, mermeladas, puré de frutas, diversos licores, incluso, puedo preparar carnes o pescados con chocolates. Lo destacable de todo esto es que la elaboración es sin preservantes y manteniendo siempre, la tradición”, afirma Angélica.

¿Y en que están innovando, hoy, respecto a sus productos?
R: Tenemos una nueva línea de productos regionales. Es un proyecto que aún no se lanza al mercado y consiste en la elaboración de bombones rellenos con pisco, papaya, copao, damasco, vino, chañar, leche de cabra, etc. “Sabores del Valle” es nuestra nueva creación y creemos que dará identidad a nuestra región.

 

“Lo mejor de todo fue que pudimos habilitar una sala de atención a público en nuestra casa. Esto fue muy bonito para nosotros, porque significó una inyección anímica para continuar mejorando”, Rodrigo Carrión.

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