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EDICIÓN | Junio 2015

A vuelo de pájaro

Humedal El Culebrón, Coquimbo

En el corazón urbano de cemento, a pasos de la playa, emerge inadvertido un espejo de agua rodeado de juncos y totoras. En este verdadero paraíso terrenal —para miles de aves residentes y migratorias— los ornitólogos han registrado y fotografiado ciento veintitrés especies, una quinta parte de las existentes en nuestro país.

Por Iván Fredes G. fotografía Patricio Salfate T. y gentileza Redaves

Pare, mire y escuche. No se trata de una advertencia de tránsito. Ni de un obstáculo imprevisto. Más bien, es una invitación a maravillarse con un hermoso, colorido y musical espectáculo gratuito al aire libre. Y todo al alcance de la mano o, si lo prefiere, de sus ojos y oídos.

Es el humedal El Culebrón, un privilegiado pulmón verdeagua de cuarenta y cinco hectáreas. Una suerte de “salacuna” y “posada” de  miles de coloridas aves residentes y migratorias de todos los tipos, plumajes y cantares. Un oasis del potencial turismo científico que cobra cada vez más fuerza a orillas del mar.

A pasos de la bahía de Coquimbo, entre la autopista y el borde costero, con un extenso espejo de agua rodeado de plantas acuáticas, el humedal es el mayor parque zoológico urbano donde procrea, anida, alimenta y crece tal diversidad de especies, que los ornitólogos lo comparan con un paraíso aviario al aire libre.

Ahí, en vuelo sobre la Cruz del Tercer Milenio, suele descansar el famoso e incansable gaviotín ártico, que recorre la mayor distancia del mundo de un ave migratoria, desde la tundra ártica a los mares antárticos. Son unos cuarenta mil kilómetros (ida y regreso) y en un viaje de dos meses, iniciado en el invierno del hemisferio norte hasta su aterrizaje de reabastecimiento, entre octubre y diciembre, en su rumbo a tierras australes.

La larga travesía entre ambos polos, lo cita, como ejemplo, el arquitecto y ornitólogo aficionado, Manuel Rojas, considerado un “gurú” de los humedales y de aves a nivel nacional, por su vasta experiencia en el tema, a lo largo y ancho del país. Es, también, uno de los doce profesionales chilenos validadores de los registros de aves para el sitio de Internet ebird.org, de la Universidad de Cornell, y es el encargado de filtrar los datos para aprobar o rechazar la identificación de especies en el portal de aves más importantes del mundo.

CENTENAR DE ESPECIES

Los especialistas dicen que registrar una especie no es tarea fácil. Requiere de conocimiento, perseverancia, mucha paciencia y buen ojo. Además, de un buen equipo de binoculares, una cámara fotográfica y silbatos que permitan interactuar sin ahuyentar.

Así y todo, Rojas y sus colaboradores ya registran ciento veintitrés especies de aves en el estero. De ellas, setenta y nueve son residentes, otras treinta y una corresponden a migratorias, nueve a ocasionales y cuatro a especies accidentales. Tal cantidad, representa una quinta parte de las seiscientas inscritas en Chile.

Los playeros de la familia scolosipacidae son las aves más numerosas en ese lugar, con diecisiete especies e identificadas por colores, patas, picos, origen o costumbres (grande, blanco, de patas cortas, de rompientes, tricolor, rojizo, ártico, entre otros). Estos pueden ser observados fácilmente en el borde costero picoteando la arena en busca de pulgas de mar, algas o restos de crustáceos y bivalvos.

Las más conocidas de estas especies son las estilizadas garzas (familia Ardeidae), entre ellas destacan: blanca, azul, chica, grande, boyera, huairavo, huaravillo, cuca, cuyas largas y delgadas patas las hacen fácilmente identificables en su reposo y baño diario, en las aguas del humedal.

Las gaviotas también abundan (familia Laridae). Hay residentes y migratorias que llegan, incluso, desde Alaska, hasta las más comunes como la garuma.

La lista es larga. Por el humedal desfilan patos, cisnes, picaflores, pimpollos, golondrinas de mar, piqueros, jotes, peucos, aguiluchos, halcones, pidenes, taguas, chorlos, palomas, tórtolas cuyanas, tiuques, cernícalos, bandurrias, churretes, diucones, viudas, siete colores, runrunes, colegiales, chercanes, tenca, zorzales, chirihues, mirlos, loicas, lechuzas, búhos y gorriones, por nombrar algunos.

La mayor diversidad y abundancia está vinculada a la migración de aves de Alaska, Canadá y Estados Unidos. Entre octubre y noviembre, llegan ordenadas y disciplinadas bandadas, hasta con veinte mil ejemplares.

Otra de las aves más hermosas del lugar es el siete colores, que parece pintada por un acuarelista, o el halcón peregrino, el más veloz del mundo que se lanza en picada contra su presa a unos trescientos kilómetros por hora.

SANTUARIO NATURAL

Manuel Rojas afirma que el humedal El Culebrón en uno de los doce santuarios costeros de la región. Advierte sobre el creciente interés de las personas por la observación, tanto es así que ya existe una agrupación que reúne unos mil seiscientos ornitólogos aficionados que registran las especies durante didácticos y pacientes “safaris” fotográficos.

“La observación es visual y auditiva. Cuando uno sale a terreno no solo mira, sino también escucha. Enseñamos a identificar cantos y sonidos. Las aves no solo cantan. También gritan. Por ejemplo, las golondrinas gritan de una forma específica cuando aparece un ave rapaz. También cuando detectan un chuncho”, explica Rojas.

Sobre los humedales, precisa que su importancia radica en el hecho de que forman parte de una cadena, no de sistemas aislados, como en el caso de la Región de Coquimbo. “Es un corredor biológico donde existe interacción de las distintas especies. Por ejemplo, a veces tenemos cuervos de pantanos en El culebrón y al otro día están en el río Elqui. Eso demuestra que las aves se mueven con bastante facilidad de un lugar a otro. Entonces, el humedal forma parte de esta interacción que se da en la bahía de Coquimbo y la zona semiárida”.

Agrega que lo esencial para observar aves son los ojos, pero si se cuenta con binoculares 80x80 o 80x42 y cámara fotográfica, mucho mejor. Las aves del ambiente acuático están todo el día en el humedal. Pero hay mayor actividad en el crepúsculo matinal y vespertino. “Lo ideal es que los interesados vayan acompañados de alguien que sepa porque es una experiencia más enriquecedora”.

RUTA DE LA GARZA

Precisamente, para poner en valor este humedal del borde costero, el director del proyecto “Turismotic’s”, Georges Bonan, consultor internacional, especialista en desarrollo territorial, además de economista y geógrafo, diseñó una nueva ruta ecoturística que pone en valor el humedal El Culebrón, donde el corazón de la oferta es la observación de las aves.

Bautizada como la Ecoruta de “La Garza: Del faro de La Serena al Puerto de Coquimbo”, el proyecto digitalizó el circuito y diseñó una aplicación que incluye mapas, fotografías y descripciones de las principales aves del humedal.

La propuesta turística es recorrer a pie el borde costero para ir conociendo, también, distintos puntos de interés histórico, cultural, recreacional, urbanístico, artístico, gastronómico y artesanal, que la mayoría de las veces, pasan inadvertidos para las visitas e, incluso, para los propios residentes.

Y desde ambas perspectivas, Manuel Rojas y Georges Bonan, sueñan con que algún día el humedal sea un parque natural, educativo y recreativo, con un centro de información, miradores, casetas de observación, pasarelas, senderos de interpretación ambiental, señalización adecuada y guarda faunas.

En esa misma línea, el jefe de la Oficina del Medio Ambiente de la Municipalidad de Coquimbo, Juan Carlos Rojas, anticipa que esa corporación edilicia está afinando una estrategia para desarrollar un parque educativo en el abandonado sector costero. Este incluye un proyecto con el diseño arquitectónico y paisajístico con la menos intervención posible, entre ellos, miradores, senderos y señalizaciones. Sin embargo, pese a la voluntad de ejecutar un amplio plan de acciones, el principal obstáculo para invertir en el lugar es la propiedad privada de los terrenos del humedal y la única posibilidad para transformarlo en parque es comprarlo o traspasarlo en comodato al municipio.

 

“El humedal El Culebrón en uno de los doce santuarios costeros de la región… tanto es así que ya existe una agrupación que reúne unos mil seiscientos ornitólogos aficionados que registran las especies durante didácticos y pacientes ‘safaris’ fotográficos”.

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