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EDICIÓN | Junio 2015

Mujer de comunicaciones

Patricia Palma Mella
Mujer de comunicaciones

Este año cumple un cuarto de siglo en los medios regionales. Son veinticinco años de hacer radio y televisión lejos de la capital, con la convicción de que, para tener identidad, debemos potenciar las plataformas que nos permitan reconocer nuestras realidades comunes y, de esta forma, desarrollar temas y buscar soluciones a nuestra medida.

Por Claudia Zazzali C. fotografía Luis Prado S.

Todo empezó cuando la nombraron como “tuitera influyente”. Para quienes no están familiarizados con redes sociales, esto es como un reconocimiento a su credibilidad, pues no solo tiene miles de seguidores en el ciberespacio, sino además, sus opiniones son destacadas, comentadas y esparcidas al mundo virtual. Patricia Palma, la Patty Palma, es una de ellas. Fotogénica a morir y con un sentido del humor increíble, es capaz de decir cualquier cosa de frente, pero con palabras tan exactas que siempre logra caer bien.

Después de esta particular nominación, vinieron otros premios, muchos y en corto plazo. Primero, fueron distinciones del cuerpo de bomberos y de la PDI de Antofagasta durante 2014. Luego, fue la agrupación de trabajadores radiales de Antofagasta, por sus más de veinte años de trayectoria. Siguieron los rotarios, el gobierno regional de Antofagasta que la premió como mujer destacada en el ámbito de las comunicaciones y hace poco, en abril, recibió el reconocimiento de la Asociación de Radiodifusores de Chile, entregado en la última asamblea nacional de ARCHI.

Hoy en día, trabaja en Radio Madero, donde es voz ancla, aunque su carrera se inició en Telenorte como reportera del matinal. Fue conductora, animó, leyó noticias. Estuvo en todas las radios noticiosas y en el canal Digital Channel. También fue corresponsal de Bío Bío Chile, ha trabajo en productoras, animado eventos corporativos y festivales de la ciudad. Una gran trayectoria que está rindiendo importantes frutos.

Trabajar en medios regionales en general es difícil, por la falta de espacios y recursos ¿qué te ha llevado a dedicarte por completo a los medios de comunicación?
La convicción absoluta de que pese a la lejanía de la región metropolitana y a las dificultades, sí se puede comunicar desde regiones. Las regiones tenemos mucho que decir y que aportar y para eso, entre otras cosas, necesitan sus propios medios y comunicadores. Desde que estaba en el colegio siempre me propuse que esta sería mi profesión. Me cuesta imaginarme dedicada ciento por ciento a otra cosa que no sea comunicar.

¿Cuál es tu opinión respecto a la realidad de las radios y canales locales?
Pese a todo lo que se ha avanzado en profesionalizar y en invertir en modernización, siento que aún nos falta... y esas falencias pasan, muchas veces, por la falta de recursos económicos. Las grandes empresas prefieren contratar agencias que negocian directamente con los grandes consorcios nacionales y eso es una dificultad para que los locales puedan acceder a mejorar las condiciones de vida laborales y también personales de sus profesionales. No por ser región debemos dejar pasar algunas cosas. Somos buenos y aportamos mucho al crecimiento regional y nos debemos creer el cuento, pero siempre con humildad y ganas de seguir creciendo.

Eso es el panorama general, ¿cómo ha sido tu experiencia?
Puedo decir que tengo la gran suerte de ganarme la vida en lo que me gusta. Soy una afortunada. Cada uno de los medios en los que me he desempeñado ha sido un aporte y un aprendizaje en mi vida, tanto en lo laboral como en lo personal. Siempre he intentado hacer la pega lo mejor posible. A veces con aciertos y a veces, como todo en la vida, con desaciertos. El tener la posibilidad de estar en contacto a diario con hechos y realidades tan distintas es una bendición. Poder cubrir desde grandes tragedias, como el aluvión de 1991 en Antofagasta, pasando por grandes festivales, entrevistas con autoridades o con personas comunes, humildes, que muchas veces no tienen la posibilidad de hacerse escuchar es un verdadero privilegio que te hace mirar la vida de forma distinta.

¿Crees que es valorada la función de los medios locales?
Es innegable que la gente, muchas veces, prefiere lo nacional. Sin embargo, todo cambia cuando se necesita estar informado de lo cercano, de lo que nos afecta directamente. Un fuerte sismo, accidentes, incendios, tacos, campañas solidarias o respuestas directas de autoridades llevan al antofagastino a conectarse nuevamente con lo suyo y, en ese sentido, la radio cumple una función vital. No es casualidad que este medio esté siempre entre los mejor evaluados y más creíbles por parte de la ciudadanía en todas las encuestas.

Durante 2014 y lo que va de 2015 has recibido importantes reconocimientos de la comunidad y de tus pares ¿que simbolizan estos premios para ti?
La verdad es que los primeros me incomodaban un poco, sentía pudor. Sin embargo la recepción de los últimos ha sido distinta, los he disfrutado. Uno de mis jefes me dijo, a raíz de la distinción de Rotary, que esto no era un premio, sino un reconocimiento porque no había sido al azar en una rifa, me habían elegido y eso me hizo valorarlos de otra forma. Hace poco, a propósito del premio entregado por el gobierno regional, mi padre me dijo “disfrútalo, te lo ganaste, no te lo han regalado”. Hoy estoy en eso, en decir sí, son una recompensa y un tremendo estímulo que hoy disfruto con mi familia y mis amigos más cercanos.

CHAÑARAL QUERIDO

Un mensaje de WhatsApp y un par de llamados telefónicos, le dejaron el alma en un hilo. Las lluvias que desde hace algunas horas sacaban de la seca rutina al norte, habían tomado otro curso en Chañaral, la tierra natal de Patty Palma, lugar que ama y defiende. Pero, esta vez, no solo era el impacto de saber que todo se estaba hundiendo sino que, como en una pesadilla, nadie sabía nada de su padre. Estaba desaparecido, como tantos otros que se llevó el río.

¿Cuál es la emoción que mejor describe para ti lo ocurrido en Chañaral y otras localidades como consecuencia de los aluviones?
Un dolor inmenso… Es durísimo procesarlo y encasillarlo en un solo sentimiento porque son varios: pena profunda, desolación, vulnerabilidad absoluta, a veces utilización mediática y política y también olvido gubernamental. Nada de lo que yo te pueda contar, ninguna fotografía, ninguna imagen de televisión, logrará nunca traspasar lo que realmente se siente, se huele y se ve estando ahí.

¿Qué podrías rescatar de todo esto?
En el caso puntual de Chañaral, rescato la capacidad de organización y de reacción en los primeros días que tuvieron entidades sociales no estatales, las juntas de vecinos, los bomberos, los chañaralinos que llegamos desde distintos lugares de Chile. Esa organización y apoyo mutuo fue fundamental cuando el Estado no funcionó ni antes, ni durante, ni en los primeros días.

¿Qué es lo más urgente de recuperar?
La dignidad y la salud mental es lo primero. Los espacios comunes, sacar tierra y escombros. No se puede tener dignidad si a tres meses las calles siguen llenas de baños químicos y un tercio de la población quedó cesante. No podemos recuperar la salud mental si todo sigue lleno de escombros, si la incertidumbre de qué pasará sigue instalada, si aún hay personas desaparecidas. A partir de eso podemos empezar a aplicar más rápido la resiliencia.

¿Cómo enfrentas los análisis superficiales que se hacen frente a este tipo de tragedias?
Con molestia. Siento que como país no hemos aprendido nada, no hay políticas de Estado para situaciones como estas. Desde el aluvión del año noventa y uno en Antofagasta me ha tocado cubrir distintas catástrofes y desde esa fecha hasta ahora, prácticamente nada ha cambiado. No hay una política de Estado ni un protocolo claro que pase más allá del papel y que sea efectivo en la práctica.

“Me cuesta entender cuando la Ministra de Salud, por ejemplo, dice que, históricamente, a la comunidad de Atacama nunca le ha importado la contaminación. Cualquier autoridad que se precie de tal tiene la obligación de estar informada y claramente en este caso hay un desconocimiento absoluto que un recurso de protección presentado por la comunidad de Chañaral en contra de Codelco, hace más de veinticinco años, sentó jurisprudencia en materia medio ambiental en la justicia latinoamericana”.

¿Conocen los chañaralinos los planes de recuperación que existen?
Claramente no los conocen y debo decir que no los conocen porque no existen. No hay nada claro. Hace un par de semanas recién anunciaron que la carretera seguiría pasando por Chañaral, pero a la vez también señalaron que eso va requerir de un estudio que durará unos cuatro años ¿Cómo se entiende eso? Como chañaralina he estado viajando constantemente y créeme que la mayor ayuda para los emprendedores y la clase media, que fue la más afectada, ha venido de parte de privados, de empresas y de entidades como el Desafío Levantemos Chile. Ellos son los que están haciendo los planes de recuperación a mediano y largo plazo. Por eso te insisto, somos un país de catástrofes que, lamentablemente, no ha aprendido nada. Y lo más terrible es que esto va a volver a pasar. Chile está lleno de Chañarales, Tocopillas y Huaras.

¿Cómo ha sido esta tragedia en lo personal?
En lo personal ha sido doloroso por muchos motivos. Este aluvión no sólo arrasó con pueblos, arrasó con parte de la historia personal de muchas familias, con sus fuentes laborales, con sus esfuerzos de años. El aluvión se llevó la vida de gente a la conocí desde siempre, gente con la que crecí, vecinos, padres de amigos, niños. Arrasó con parte de mis calles, de mis lugares comunes, de los recuerdos de mis muertos y mi niñez, se llevó parte de mis raíces. Me duelen profundamente nuestros fallecidos y nuestros desaparecidos. Jamás imaginé que casi veinticinco años después del aluvión de Antofagasta que me tocó cubrir, me tocaría vivir en carne propia una situación similar. Como familia también nos ha tocado duro. Mi padre fue arrastrado por casi tres kilómetros por esa masa de agua. Sus graves heridas lo tuvieron en riesgo vital por casi un mes, en coma y conectado a ventilación mecánica. Ha sido duro porque él aún está en tratamiento en Santiago y le quedan un par de meses. Con esto se te detiene la vida, el tiempo se paraliza, quedas como suspendido en medio de la nada. El aluvión no sólo se lo llevó a él, de alguna manera nos llevó a todos como familia. Pero a pesar de todo, hay que agradecer, hoy está vivo, rehabilitándose y durante estos meses hemos estado rodeados de gente maravillosa que jamás ha soltado nuestras manos. Aún nos falta para salir de esto, pero estoy segura de que, como familia y como pueblo, nos pondremos de pie una vez más.

 

“Somos un país de catástrofes que, lamentablemente, no ha aprendido nada. Y lo más terrible es que esto va a volver a pasar. Chile está lleno de Chañarales, Tocopillas y Huaras”.

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