Tell Magazine

Entrevistas

EDICIÓN | Junio 2015

Una vuelta con sentido

Bárbara Rebolledo periodista y conductora de TV
Una vuelta con sentido

Fueron doce años en TVN, su última casa televisiva. En el colectivo popular quedaron grabados programas como Pasiones, Pelotón y Pase lo que pase. Esta periodista forjó una destacada carrera como conductora de televisión y se hizo a un lado cuandopriorizó la familia. Hoy vuelve más resuelta que nunca, clara en lo que quiere y convencida de que sus hijas están primero

Por Carolina Vodanovic G. fotografía Andrea Barceló B.

Hace siete años se bajó del tren e hizo una pausa. El 2008 fue determinante, tanto en lo personal como en lo profesional, por lo que esta periodista y animadora de televisión decidió alejarse por un tiempo de la pantalla chica y ocuparse de sí misma.

“Ese último año en televisión –época en que conducía Pelotón y Pasiones en TVN– me pasaron cosas muy fuertes y eso me pegó una gran zamarreada. Dejé de echarle la culpa a factores externos y me empecé a hacer cargo, porque había algo en mí que no andaba bien”. Sin la presión del medio, pudo recargar pilas y se dio tiempo para pensar.

“Con treinta y tantos años empecé a madurar; trabajar te ayuda a no pensar, estás en una máquina, cansada, te detienes poco y tus preocupaciones pasan por resolver el día a día. Quería sentir que me la estaba jugando en un ciento por ciento por mí, por lo que mi ‘yo’ más profundo quería y eso era, sin duda, ser feliz”.

Fue entonces que conoció a su actual marido –el ingeniero Fernando Giner– y comenzaron una relación. “Él no tiene nada que ver con este medio. Su máxima cercanía con la televisión es cuando la prende y apaga. Me acuerdo que empezamos a salir y un día me preguntó por qué andaba con cartera. Yo estaba acostumbrada a andar con la billetera, las llaves, el teléfono, ¡si desde los diecisiete años que vivía sola! Me pidió que dejara todo y que solo llevara mis llaves. Fue sentir que alguien finalmente se iba a preocupar de que las cosas me salieran bien. Fernando me produjo una paz enorme, una gran tranquilidad y, por primera vez, sentí que yo no estaba empujando el carro, sino que iba sentada arriba”.

Alguna vez dijiste que tus relaciones previas fueron puros “pastelazos”…
Quiero aclarar que tuve súper buenas parejas, pero era yo la que no estaba enfocada en tener un compañero. Y resultaba muy cómodo echarle la culpa al sistema y decir esto no funciona.

¿Crees que te pasó la cuenta tanta exposición?
No, yo no puedo echarle la culpa a la televisión. Miro para atrás y me doy cuenta de que, simplemente, no había madurado. Con Fernando las cosas fueron distintas desde el primer minuto, no quería andar con rodeos ni jugar a la chica ruda.

¿Andabas con el vestido en la cartera?
No, para mí casarme no era un ítem. Lo que sí andaba trayendo era un pañal (se ríe). Quería ser mamá y no tenía energía para dedicarme a pololear cuatro años, así que tenía que aceptarlo o descartarlo rapidito. Inmediatamente le conté cuál era mi parada y le dije que no quería más amigos en mi vida. Él estuvo de acuerdo en seguir adelante y tras un año y medio de pololeo nos casamos. Fue muy generoso porque aceptó ‘reabrir’ la fábrica, porque tiene tres hijas de su matrimonio anterior. Y hace dos años y medio nacieron las mellizas, Lourdes y Esperanza.

¿Te ha cambiado mucho la vida?
Debo confesar que conocí a mi marido y fui y soy muy feliz, pero nacieron mis niñitas y soy inmensamente feliz. He cambiado muchas de mis miradas, empiezo a entender a mi mamá. Dejé de tener una vida egocéntrica y ahora todo gira en torno a ellas.

¿Cómo enfrentas la maternidad con cuarenta y tantos?
Estoy súper pendiente de entregarles lo máximo que pueda ahora; en un cuadernito escribo todas las cosas curiosas que hacen y les cuento cosas importantes. Definitivamente me tienen loca de amor. Lo más difícil de ser mamá vieja es el miedo a la diferencia de edad. Me atormenta pensar que no vaya a estar el día que se casen, me da miedo perderme el día en que sean mamás. Si a ellas se les ocurre casarse a la edad que yo me casé, las probabilidades de que yo llegue sana y buena son bajísimas.

¿Eres muy aprensiva?
Sí y no. Estoy súper pendiente de no ser mal criadora, pero me gusta que sean mamonas, que me necesiten; aprovecho de besarlas y abrazarlas todo el tiempo y sé que eso es parte de una etapa, después ya no te pescan. Estoy preocupada de educarlas de tal forma que sean independientes, quiero que me necesiten, pero que aprendan a vivir sin mí.

RETOMANDO LA TELE

Con su proyecto personal bien encaminado y teniendo claro cuáles son sus nuevas prioridades, Bárbara ha retomado de a poco su vida profesional, “yo no acomodo a mis hijas a mi trabajo, sino que al revés”.

Es así como desde hace un tiempo conduce, en Canal 13 Cable, el programa Cultura en la ciudad y trabaja para el BCI en un programa de educación financiera. “Últimamente he aceptado proyectos que tienen sentido, creo que el público los acepta y los recoge bien. Es muy importante que haya espacios para nuestros artistas, son parte de la memoria de un país. Los movimientos artísticos tienen que ver con los movimientos sociales, son un reflejo y por ello tienen que tener su espacio”.

¿Te sientes más cómoda en programas como los que haces hoy en día o en los que ya hiciste, como Pasiones?
La cultura es un ítem muy importante en mi vida y todos los proyectos que realizo fuera de la televisión tienen que ver con eso. Nunca me imaginé que iba a hacer un programa de cultura en televisión. De partida están estigmatizados porque no tienen suficiente rating. Afortunadamente, existen estos nichos en el cable, y me encanta cuando tengo que entrevistar a artistas o conversar con un pintor. Pasiones fue un programa que me hizo muy feliz, duró cinco años y tenía una razón de fondo muy bonita. Nació en el living de mi casa, no buscaba entretener por entretener, sino que había todo un sentido detrás.

Algún programa que te resulte inolvidable…
De mis experiencias inolvidables en televisión está La ruta de… que hice con Ricardo Astorga. Estuvimos tres meses viajando para probar la teoría del poblamiento americano. Me encanta la historia y pude recorrer todos los asentamientos indígenas en Canadá y Estados Unidos.

Educación, cultura, historia, por ahí va lo tuyo…
Sí, feliz habría sido profesora… Creo que faltan muchos programas culturales en la televisión, pero es difícil que la gente los vea si no tienen un acercamiento desde la niñez. Yo tuve mucho acceso por mi abuelo y todos los nietos salimos rayados por la cultura, nos encanta la historia y la pintura.

Si de proyectos se trata, Bárbara sueña con hacer un programa de cocina. “Estoy en conversaciones, pero todavía está todo muy en pañales. Quiero hacer algo entretenido, algo bien hecho”. Está convencida de que la televisión se va a empezar a segmentar, “en el mundo, los canales han dejado de hacer esa cosa de chincol a jote, la segmentación es parte de lo que vamos a vivir y me encantan los contenidos dedicados a la mujer. Soy intrínsecamente femenina”.

¿Alguna tarea pendiente?
Sí, hace un tiempo me propuse contar la historia de Chile a través de un cuento, con personajes, con artistas importantes que ilustraran esos cuentos, para poder acercar la historia a los niños. Ese proyecto lo desarrollé justo antes de quedar embarazada y lo estoy retomando. Tengo todas las energías puestas para conseguir auspicios para poder imprimir los libros y que su costo no supere los dos mil pesos.

 

“Con treinta y tantos años empecé a madurar; trabajar te ayuda a no pensar, estás en
una máquina, cansada, te detienes poco y tus preocupaciones pasan por resolver el día a día. Quería sentir que me la estaba jugando en un ciento por ciento por mí”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+2+4   =