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Entrevistas

EDICIÓN | Junio 2015

Entretención para todos

Felipe Olavarría Fundación Miradas Compartidas
Entretención para todos

Soñador, sencillo, alegre, espontáneo y de una sonrisa eterna. Así es, en pocas palabras, este joven viñamarino, quien enamorado de su trabajo, lucha día a día para el éxito de su proyecto, el cual si bien tiene solo tres años andando, surgió en su corazón hace muchos más. En esta entrevista nos cuenta, orgulloso, cómo nació esta idea, que en un comienzo era solo de él y cómo hoy ya es de muchos, porque para él y su equipo “la inclusión es tarea de todos”.

Por Macarena Peri R. / fotografía Andrea Barceló A.

Son las doce del día en Santiago y hay un sol de otoño que entibia la ciudad. Las casas de la calle Joaquín Montero, en Vitacura, se parecen, pero hay una que es diferente; su puerta es roja, intensa, imposible que pase desapercibida, al igual que lo que ocurre en su interior: en ella se vive Miradas Compartidas. Su fundador y actual gerente creativo, Pipo (como todos lo conocen) Olavarría, también cautiva, él es especial y lo sabe. Con treinta y siete años ha logrado levantar sus sueños, trabajar en lo que le apasiona y salir de su casa feliz todos los días porque sabe que va camino a “respirar” y a hacer “respirar” a otros su gran proyecto.

Nació en Viña del Mar, estudió en los Padres Franceses y provenía de una familia muy tradicional, pero él, siguiendo de algún modo los pasos de su padre, rompió esquemas. En el colegio, dice, fue siempre el típico fracaso escolar, déficit atencional severo, promedio bajo lo esperado y sin una idea clara de lo que quería estudiar; solo sabía que no quería ingeniería comercial ni tampoco leyes, como la mayoría, que le interesaba algo social y, además, relacionado con la discapacidad. “Siempre me llamaron la atención las personas con discapacidad intelectual, desde siempre compartí con ellas. La mejor amiga de mi mamá tiene poliomielitis, mi mejor amigo del colegio ha estado toda su vida en silla de ruedas, por lo que el tema siempre ha estado conmigo y súper normalizado. Y eso es uno de los pilares fundamentales de la fundación: el trato para ellos debe ser lo más normal posible”.

MIRADAS COMPARTIDAS

Estudió educación diferencial y arquitectura, pero no terminó ninguna de las dos. Se fue a vivir a Barcelona por seis meses para definir lo que quería hacer y se quedó a vivir nueve años. Allá trabajó en la Fundación Mapfre de la infanta Elena y luego implementó Miradas Compartidas, la que tuvo un gran éxito. Cuando la crisis estalló, decidió volver a Chile, esta vez con las ideas más claras: se traía la Fundación Miradas Compartidas a su país y la iba a implementar con los mejores auspiciadores y profesionales para hacer de ella un proyecto único.

Y así fue, montó un espacio de inclusión social, que incorpora a jóvenes y adultos con discapacidad intelectual con el fin de desarrollar sus capacidades cognitivas, motrices y sociales, a través de diversas academias artísticas y deportivas. Actualmente cuentan con doce escuelas, entre ellas destacan el teatro, el fútbol, la natación, los intercomunicadores y una banda de rock. Funcionan en diversas comunas de la Región Metropolitana y Viña del Mar, donde ya hay dos, y en agosto abrirán la tercera.

¿Cuál es el plus de esta fundación?
Son dos cosas. La primera es que nosotros hemos llevado el tema a un nivel muy profesional. Existe un presupuesto anual, un business plan muy establecido y, al momento de ir por la plata, tenemos claro lo que le vamos a pedir a la empresa. La segunda —y lo que ha significado el éxito de la fundación— es que hemos llevado la oferta de la entretención que una persona sin discapacidad intelectual quisiera tener, a una persona con discapacidad. Y eso es nuevo y único en nuestro país.

Además, trabajan con niños desde los doce años en adelante, sin límite de edad, lo que es atípico, puesto que en nuestro país, a partir de los dieciocho años, se acaba la asistencia para ellos.

¿Cómo se financia?
Esto es igual que una empresa, pues buscamos que sea sustentable en el tiempo. Más del cincuenta por ciento de nuestros jóvenes están becados y eso es gracias a las empresas que han creído y confiado en nosotros. Nuestro principal aliado es Grupo Patio, pero cada vez se unen más.

¿Cuál ha sido la respuesta de las familias?
Ellos están felices. Los papás, lo que más valoran, es que dignificamos a sus hijos, les damos una oferta única y que lo pasan bien. Además, el profesor que tienen es excelente y las clases siempre funcionan.

Y así lo confirma Susana Pinochet, la mamá de Carlota (23), quien nos cuenta que antes de llegar a MC había ido a todas las fundaciones imaginables, pero jamás vio algo igual. “Ellos son formales, están muy conectados, comprometidos con lo que hacen y tratan a los jóvenes como gente normal y eso les encanta. Yo nunca había visto a mi hija tan feliz”. Carlota va a la academia de baile, de teatro y de comunicación, para ella son su motor; son, como nos dice su mamá, lo que más ama hacer en la vida.

¿A quiénes integra esta fundación? El concepto de capacidades diferentes es bien amplio…
Capacidades diferentes no existe. Es un eufemismo que inventó la Teletón y en el fondo es un tema cultural; la discapacidad nunca se ha querido mostrar como es. Nuestra fundación solo trabaja con jóvenes que tienen discapacidad intelectual, porque dentro de las discapacidades es una de las más abandonadas y es de la que menos se sabe, pero no solo en Chile, sino que también a nivel mundial.

Pipo señala que la discapacidad intelectual no es una enfermedad, es un estado, entonces ellos postulan que en la medida que los jóvenes se motiven, pueden mejorar su calidad de vida. “A través de la música hacemos que el compadre se pare arriba del escenario del Hard Rock Café, que la gente lo ovacione y no porque tenga discapacidad intelectual, sino porque es un seco tocando el bajo. Eso hace que ellos empiecen a desarrollarse y empiecen a querer más y más. Nosotros los vamos potenciando y guiando en el proceso. Los sacamos del gueto en el que están”.

UNA GRAN DEUDA

¿Cuáles fueron las mayores dificultades al momento de montar la fundación en Chile?
El primer año fue el número de alumnos, eran siete. Entonces vender eso a empresas era súper complicado, era vender humo y contarles que el profesor era un músico profesional y no un educador diferencial, que quería hacer una banda de rock, un programa de radio, y te miraban incrédulos.

En ese sentido, ustedes son bien diferentes a las demás fundaciones, ¿Sienten que pueden ser inspiradores para otras instituciones?
La verdad es que no nos conocen mucho aún. Llevamos recién tres años, pero donde vamos la aceptación de los centros es positiva. COANIL, que es una de las instituciones en Chile que abarca al mayor número de niños con discapacidad intelectual, ha hecho con nosotros una alianza muy fuerte. En ese aspecto sí, pero en general, en Chile, hay alrededor de cuatrocientos veinte mil personas con discapacidad intelectual y COANIL, que es la mayor institución, asiste a tres mil ochocientas. Es decir, hay un vacío enorme, una deuda gigante con ellos. Entonces, al ver esos números, estamos muy lejos de ser referente. Lo que siempre decimos es que lo que nosotros hacemos no es bonito, es necesario.

¿Qué nota le pondrías a Chile en el tema de la inclusión?
Mal, muy mal. Las leyes están muy mal hechas. Por ejemplo, está la ley de Cuota que obliga a las empresas a que el dos por ciento lo destinen a trabajadores con discapacidad intelectual, pero ¿cómo haces que una PYME destine su dos por ciento a eso? Es absurdo. Por otra parte, la reforma educacional no tiene ningún punto en el que se hable de discapacidad intelectual, o de cómo abordarla al momento de hacer inclusión educativa.

¿Crees que hay ignorancia del tema?
Sí, es básicamente ignorancia y aceptación; muchas familias no quieren aceptar que su hijo tiene una discapacidad. No saben qué hacer, cómo tratarlo y prefieren que esté en la casa.

¿Hay falta de especialistas?
Hay buenos especialistas, pero no hay comunicación, ni difusión para hablar el tema. Nosotros tenemos en el Nicolate (programa de cable conducido por Nicolás Larraín) treinta minutos para hablar de discapacidad todas las semanas y es el único programa de la televisión chilena que destina tiempo para hablar de discapacidad.

Pero ¿han tocado más puertas?
Sí, nos han invitado, pero poco. Nuestro equipo de comunicación ha hecho un trabajo increíble, nuestra presencia en los medios es mucho más fuerte que la de cualquier otra fundación. Nos han tildado, incluso, de parafernálicos, que hay muchos rostros vinculados al proyecto, pero nosotros somos muy conscientes de que lo que pueda decir una Josefina Montané, una María José Prieto o un Lucho Jara tiene mil veces más impacto que lo que nosotros digamos. Pero falta mucho. El país está en deuda con la discapacidad.

EL MEJOR SUEÑO

¿Qué significa Miradas Compartidas para ti?
Hace ocho años atrás, cuando empecé con esto, Miradas Compartidas era mío, hoy ya no es así. En la actualidad, hay un grupo de gente que trabaja en la fundación, ya no estoy solo, sin ese equipo yo no hago nada. Lo que más me enorgullece del proyecto que creé es que tanta gente hoy lo “respire”. Trabajamos todos día a día, sin parar, y hacemos mucho con muy poco. Y eso porque lo hacemos con pasión.

¿Cómo es tu equipo de trabajo?
Muy profesional y lo mejor es que no hay techo. Trabajan periodistas, ingenieros, músicos, profesores de deporte y no educadores diferenciales solamente, que sin desmerecer su trabajo, muchas veces pueden tener una visión muy limitada de lo que estos jóvenes pueden lograr.

¿Cómo lograste esto? ¿Tienes algún referente?
Trabajo, mucho trabajo, empuje y constancia. Tocando mil puertas y vendiendo mi sueño, convencido de que es el mejor. Como mejor referente tengo a mi viejo. Él es un personaje, está como fuera de la realidad, vive en su propio planeta. Es un hombre muy sencillo, a quien las cosas materiales no le importan y que siempre nos enseñó que hay que tratar a las personas de una manera digna. Él se puede sentar a conversar con el jardinero de la misma forma como se sienta con un súper gerente, ¡admirable! Nunca tuvo jefes, y vimos cómo él disponía de su tiempo para hacer lo que le gustaba, de corazón. Yo vengo todas las mañanas feliz a la oficina; a veces, incluso, vengo con Gutiérrez —una perrita Border Collie—, y para mí eso es impagable. Mi papá desde chicos nos dijo: hagan lo que quieran, estudien lo que quieran, pero sean felices y los mejores en lo que hagan… y eso nos quedó marcado.

 

“El gran éxito de la fundación es que hemos llevado la oferta de la entretención que una persona sin discapacidad intelectual quisiera tener, a una persona con discapacidad”.

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