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EDICIÓN | Junio 2015

Catcher

Carolina Jara, softbol
Catcher

En el equipo Diamantes de San Pedro de la Paz, esta joven profesora de Educación Física se hizo fuerte en la práctica y enseñanza de un deporte similar al béisbol, en el que proyecta sus sueños, como seleccionada nacional de la disciplina.

Por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.

Los implementos característicos del béisbol son el bate, el guante y la pelota de cuero, representantes de un deporte  importado de Estados Unidos y Centroamérica, pero que lentamente ha llegado a distintos puntos de Chile. Concepción no ha quedado afuera, con jugadores, equipos y una competencia que aún no despega, pero que posee entusiastas exponentes.

Las mujeres también tienen participación, claro que en una modalidad distinta al béisbol: el softbol. Se trata de una disciplina muy similar, pero con variaciones en el tamaño de la cancha y los implementos: una pelota de mayor tamaño, más suave y lenta, y el bate de aluminio en lugar de madera.

Esta es la modalidad que practica Carolina Jara (25), profesora de Educación Física que trabaja haciendo clases en la comuna de Contulmo (Provincia de Arauco), pero que cada fin de semana se desplaza hasta San Pedro de la Paz para compartir con su equipo (Diamantes) y desarrollar su gran pasatiempo.

LA CATCHER

En el diamante (nombre de la cancha) lo suyo es la recepción de pelotas. Desde el puesto de catcher, dirige a sus compañeras para intentar pasar por las cuatro bases e ir eliminando a las contrincantes, en una pasión que descubrió hace apenas un par de años, pero que de inmediato la cautivó e, incluso, ya forma parte de la naciente selección nacional.

¿Cómo conociste este deporte?
Hace un par de años, a través de una amiga, también profesora de Educación Física, con la que compartíamos en el fútbol. Ella me invitó a probar, y así llegué al equipo de San Pedro de la Paz, Diamantes, donde entreno. No lo conocía ni tenía mayor información, pero de inmediato me gustó.

¿Qué fue lo que te cautivó?
Que era un desafío, porque era un deporte difícil, muy completo, en el que había que correr, batear, defender... Y complicado de entender, lo que incluso lo hacía aburrido al principio, porque no se podía jugar sin las demás jugadoras. Cuando llegué, por suerte había muchas, y ahí pude mirar y aprender. Me picó el bichito y quise seguir.

¿Qué lo diferencia con el béisbol?
Al principio pensé que era béisbol, donde comienzan todos los niños. Pero a medida que avanzan en edad, se diversifican. Las mujeres llegan hasta los trece años, donde pasan al softbol. Por las cualidades físicas, lo que se ve en las grandes ligas, los hombres siguen el béisbol, y para nosotras cambia la pelota, dimensiones de la cancha y el bate.

¿Cuál es la competencia en que intervienen?
Anualmente, solo hay campeonatos nacionales. Yo he estado en dos, acá en San Pedro de la Paz y Antofagasta. En el primero apenas jugué diez minutos, y en ambos no nos fue muy bien, pero han sido torneos de mucho aprendizaje, más que expectativas, porque somos un equipo nuevo, y en otras ciudades del norte se practica mucho, pues llevan más de diez años jugando juntos. Aun así, marcamos una diferencia, porque tenemos cuatro preseleccionadas y dos seleccionadas nacionales.

En tu caso, ¿es complicado complementarlo con el trabajo?
En mi caso no, porque soy profesora de Educación Física, pero de todos modos no es un deporte que todos conozcan. Y entrenar es difícil, porque trabajo en Contulmo y allá no tengo compañeras, solo la implementación para poder entrenar, pero sola. Viajo todos los fines de semana a San Pedro de la Paz, donde tenemos niñas que están jugando. Eso sí, en Contulmo imparto un taller de béisbol, donde aprovecho de batear y “guantear” un poco.

¿Te gusta enseñar esta disciplina a menores?
Me entusiasma el béisbol infantil. Este año fui la coach de la selección de la Octava Región, junto a Luis Gardel. En mi caso, traigo a niños de Contulmo a jugar con los de San Pedro. Y en julio, participaremos en el nacional infantil, además del softbol.

DESPEGUE DEL BATE Y LOS GUANTES

No es la primera vez que este deporte despierta interés en la zona. En la década del noventa se registró el primer impulso, con equipos masculinos y femeninos en las universidades del Bío Bío y Concepción, incluso formando parte de competencias. Precisamente, los fundadores de esos equipos fueron protagonistas del nuevo despegue del béisbol y softbol en Concepción. Hoy, pisando los cuarenta años y luego de un largo receso, incorporaron a la nueva generación de bateadores, dando vida a los dos clubes de softbol femenino de la zona: Bucaneras y Diamantes.

En esta nueva generación es donde aparece Carolina, la única mujer de tres hermanos y también la única de su familia que quiso probar en esta disciplina. Su motivación, desempeño y disposición le hicieron ganarse un espacio en el equipo de Diamantes, destacando en el rol de catcher. Incluso, este año viajó a Salta, Argentina, para participar de un torneo por invitación, y recientemente fue seleccionada en el grupo de veinte jugadoras chilenas que se alista para el primer juego amistoso de este año, frente a su similar de Bolivia, y se proyecta para el Torneo Sudamericano de 2016.

¿Cómo llegaste a integrar una selección nacional?
Después del último nacional en Antofagasta, reclutaron a cuatro jugadoras de la región. Fuimos a una preselección, denominada try out, donde se conformó la selección, y quedamos dos, junto a Romina Hernández, también de Diamantes. Una selección sirve para experiencia y entrenamiento. Acá siempre hay inconvenientes: el clima, la cancha, implementación, jugadoras... O sea, una serie de carencias. Recién ahora estamos integrando a más niñas, porque siempre se nos están yendo.

¿Cuál es tu rol como catcher en el equipo?
Me debo parar atrás del bateador, en un rol importante junto al pitcher, porque somos quienes damos el juego al partido. Tengo que recibir la pelota, y apoyar para que se produzca un buen lanzamiento. Es una posición de mucha responsabilidad.

¿Y también de desgaste físico?
La posición ya es incómoda, porque es una sentadilla que se prolonga en un partido, por lo que a veces hay que estirarse un poco. Depende de la jugada, claro, pero es un trabajo isométrico, en el que no hay mucha movilidad de los músculos, y es fácil acalambrarse, por lo que hay que estar en forma. También llevamos una indumentaria diferente, por la posición en que recibimos, y la pelota viene fuerte: se juega con canilleras largas, pechera, careta, todo por la seguridad. La idea es parar la pelota como sea.

¿Has sufrido accidentes producto de esta posición de riesgo?
Golpes, pero afortunadamente no en la cara. En las piernas sí, varios moretones, pues en cada jugada hay que pararse, sin tiempo para quejarse si hay daño. La pelota es muy dura, y muchas veces deja marcas. Es la posición más expuesta del juego, la que más recibe, porque en un partido hay que parar alrededor de doscientos lanzamientos. De esos, alguno te va a llegar, aunque una trata de minimizar el riesgo.

¿Cuáles son tus aptitudes para practicar este deporte?
No tener miedo, por la posición que practico. El estrés físico se nota, y por lo mismo a la mayoría no le gusta. Yo jugaba vóleibol, por lo que tenía fuerza y potencia de piernas, lo que me ayudó mucho. También soy metódica, y me interesa saber más.

¿Cuáles son tus metas?
El promedio de las jugadoras está sobre los treinta años, por lo que aún estoy debajo, y bien encaminada. Lo primero, estar dentro de las veinte seleccionadas, y luego, participar en torneos importantes. Y como entrenadora de béisbol, complementar las dos cosas, enseñando lo que aprendí, y seguir aprendiendo. Y con mi club, Diamantes, también espero ganar algo.

 

“Mi rol (catcher) es important junto al de pitcher, porque somos quienes damos el juego al partido. Tengo que recibir la pelota, y apoyar para que se produzca un buen lanzamiento. Es una posición de mucha responsabilidad”.

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