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EDICIÓN | Junio 2015

Waterloo y la Independencia de Chile

Por Armando Cartes Montory, Director de la Sociedad de Historia de Concepción
Waterloo y la Independencia de Chile

El fin de las guerras napoleónicas significó la desmovilización de tres millones de hombres. Aunque Chile no fue un destino principal de estos antiguos combatientes, hubo muchos que vinieron al país y fueron parte fundamental del esfuerzo militar patriota.

En estos días se cumplen dos siglos exactos de la gran Batalla de Waterloo, que puso término definitivo al imperio napoleónico. Bonaparte había abandonado la isla de Elba, donde lo recluyeron sus enemigos y, tras una campaña fulgurante, retomó el trono francés. Un gran temor volvía a estremecer a las coronas europeas. Estas formaron una nueva coalición —la séptima— y se apresuraron a combatirlo.

Un lluvioso día de verano, en tierras belgas, tuvo lugar el larguísimo combate, que terminó en la derrota del emperador. Culminaba allí un largo ciclo de predominio militar francés. Un mapa distinto comenzaba a dibujarse en Europa.

El fin de las guerras napoleónicas significó la desmovilización de tres millones de hombres, que no conocían otro oficio que las armas. Muchos compartían los ideales de libertad, igualdad y modernización que promovió la Revolución Francesa y que, a pesar del autoritarismo y el Imperio, Napoleón representaba y se hallaba impulsando. Sin mucho que hacer y despreciados por los Borbones que regresaban al trono, miles de esos combatientes atravesaron el Atlántico y buscaron su destino en América. Un gran número se dirigió a Estados Unidos, donde se hallaban exiliados importantes personajes, como el Mariscal Grouchy y José Bonaparte, hermano de Napoleón, quien ocupara el trono de España. Otros vinieron a Sudamérica, a labrarse una nueva vida y a participar en los combates que terminarían en el nacimiento de nuevos Estados. Traían consigo sus ideales liberales, los que pudieron expresar en la prensa, la educación y la política. Muchos formaron familia y se quedaron para siempre, integrándose a las sociedades americanas.

Aunque Chile no fue un destino principal de estos antiguos combatientes, hubo muchos que vinieron al país. Unos llegaron por sus medios, otros fueron reclutados en Europa y un buen grupo llegó de Estados Unidos, reclutados por José Miguel Carrera. Los más destacados son Jorge Beauchef, de decisiva actuación en la toma de Valdivia y en la fallida toma del Morro de Talcahuano, y en diversas campañas de la Independencia y la Guerra a Muerte. Casó con Teresa Manso, nieta de José Antonio de Rojas, el mayorazgo patriota, y se integró, así, a la mejor sociedad chilena. Un camino parecido recorrieron otros destacados oficiales, como Benjamín Viel, Federico de Brandsen, Bacler d’Albe, Rondizzoni y muchos más.

Hoy, con los estudios recientes, ya sabemos que su presencia no fue anecdótica ni intranscendente. Por el contrario, por su número y sus especiales talentos, fueron parte fundamental del esfuerzo militar patriota que nos condujo a la independencia plena.

 

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