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Entrevistas

EDICIÓN | Junio 2015

Con el arte en las venas

Alberto Cumplido, guitarrista y compositor
Con el arte en las venas

Ganador del Altazor con su disco Atemporal, Alberto ha logrado traspasar las barreras de nuestro país con su talento, desarrollando uno de los festivales internacionales de guitarra más importantes del país, el Entrecuerdas, y ha sabido trabajar y mostrarse al mundo desde la región del Maule.

Por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P. y gentileza de Alberto Cumplido.

Con un talento desbordante, este apasionado de las cuerdas ha logrado méritos asombrosos .
Un hombre multifacético, guitarrista y compositor del alma, que nació en el seno de una familia repleta de artistas. Nació en Santiago, vivió en Alemania y hoy está radicado en Corinto, un pueblito cercano a Talca.

Dice que su amor por la música afloró a los ocho años, cuando empezó a estudiar guitarra, percusión y violín, entre otros instrumentos, todo gracias al apoyo de su madre, quien le enseñó a admirar el folklor popular. A los catorce años entró al conservatorio, cuando sus padres y maestros se dieron cuenta de que podría desarrollar una interesante carrera por su inusual talento. Así comenzó sus estudios con Luis López y, al finalizar el colegio, se fue a estudiar a Buenos Aires, Argentina, a uno de los conservatorios de “La Lucila”. Allí estuvo un año, y luego viajó a hacer distintos cursos de especialización en guitarra a Uruguay.

A los veinte años, Alberto (58) terminó sus estudios de interpretación en la Pontificia Universidad Católica de Chile, mientras paralelamente estudiaba composición con Cirilo Vila, Gustavo Becerra y Carlos Botto, para tomar sus maletas e irse becado al conservatorio Ecole de Musique de París. Pronto se trasladó a Barcelona, ciudad que lo encandiló, y en donde estuvo veinticuatro meses; aquí se hizo amigo del chileno Eulogio Dávalos —músico compositor y guitarrista clásico—, quien le dio trabajo en su escuela. Pero a pesar de tener una vida consolidada en España, su alma inquieta lo llevó a Alemania y en esta nación se radicó, hizo carrera —creó una productora y sacó el disco Después de la época romántica de las gasolineras—, se casó, tuvo a sus dos hijos —Tao y David—, y se separó.

¿Por qué elegiste Alemania?
Porque es increíble. Es uno de los países más importantes del mundo, es cautivante y perfecto para vivir; la gente es muy culta y tiene costumbre de ir a conciertos. Además, me atrajo su historia, el idioma extraño... Después de pasar por varios países me di cuenta de que era mi lugar.

¿Qué es lo que más recuerdas?
Fue maravilloso vivir en Berlín, estuve ahí cuatro años antes de la caída del muro y tres años después y ese fue un periodo irrepetible. Era una capital de arte, nunca más he visto algo así, Berlín era una ciudad libre, sin ejército, claramente estaba controlada por la OTAN y los rusos, había una tensión en el ambiente, pero la vida era libre, loca…

EL FESTIVAL

El año 2000, vino a Chile con la idea de pasar algunos meses. Comenzó a construirse una casa en Santiago y, en 2004, dejó de forma definitiva el país germano para quedarse en su tierra natal. Fue durante esta transición que en una reunión con los músicos Juan Antonio Sánchez y Romilio Liana nació la idea de crear, en Santiago de Chile, el Festival Internacional de Guitarras “Entrecuerdas”.

¿Cómo definirías el festival?
El festival ha sido una manera de volver a vivir en Chile. Antes de comenzar acá con Entrecuerdas, participaba en festivales en Europa que fueron mi modelo a seguir. Siento que este encuentro es, en definitiva, una gran ventana cultural para los músicos y la música de nuestro país. Es también uno de los festivales más duraderos e importantes que tiene la escena musical chilena. Ha sido y es un semillero para nuevos valores, un espacio y un lugar de encuentro donde reflexionar y escuchar a grandes figuras de la escena musical mundial.

¿Cuáles son los exponentes más importantes que han pasado por él?
Muchos, pero destaco a Ricardo Gallén de España; Leo Brouwer de Cuba; Marco Pereira de Brasil; Ernesto Hermoza de Perú; Frank Bungarten de Alemania; Tatyana Ryzkowa de Rusia; Yamandú Costa de Brasil; Juan Falu de Argentina; Thibault Cauvin de Francia; Gothenburg Combo de Suecia; Cacho Tirao de Argentina; Anabel Montesinos de España; Niño de Pura de España; Federico Danemann de Chile; José Antonio Escobar de Chile; entre tantísimos otros.

¿Por qué ampliaste el festival a regiones?
El ampliar el festival fue una estrategia a comienzos de la década del 2000 para ir, justamente, creando audiencias y llegar a ciudades donde hubiese un movimiento guitarrístico o donde hubiese interés por la cultura y las nuevas creaciones. También es una forma de descentralizar la cultura, en donde prácticamente todo se centra en Santiago. Es muy importante, para que un país se desarrolle culturalmente, el poder llegar a todos los lugares posibles y no se monopolice la orientación cultural.

¿A qué regiones ha llegado?
Valparaíso fue primero. Años después, en 2004, a Talca, y luego Valdivia y Puerto Varas. Aunque en la actualidad Puerto Varas ya no es sede.

¿Por qué Talca?
En 1998, armamos un cuarteto llamado Bajo Cuerdas con Ángel Parra, Emilio García y Antonio Restucci. Ángel tocaba en “Los Tres”, así que tenía mucha fama, por lo que hicimos una gira en varios teatros y llegamos al que ahora es el Cine Plaza —famoso lugar que queda en la Plaza de Armas de la ciudad— y se llenó. Al año siguiente, grabé Atemporal, disco con el que gané el Altazor el 2000, y fui a tocar varias veces, así conocí gente e hice amigos y gracias a ellos traigo el Entrecuerdas al Maule.

DESCUBRIENDO EL MAULE

¿Cómo conociste Corinto?
Fue el 2007, a través de unos amigos talquinos que me invitaron a participar en un taller. Me gustó tanto que decidí cambiar Santiago por un lugar diametralmente opuesto, un pueblo perdido, porque me encantó la vida diferente, ya no me atraía vivir en la ciudad. Fue un cambio radical que me resultó muy bien, me siento cómodo viviendo acá, a pesar de que viajo bastante.

¿Dónde viajas regularmente?
Al haber creado el Entrecuerdas he logrado estar vinculado a muchos festivales del mundo en México, Argentina, Uruguay, Bolivia, Perú, Brasil, República Dominicana, Paraguay, Colombia, Canadá, EE.UU., Martinica, España, Alemania, Francia, Italia, Suecia y Marruecos. Siempre me están invitando a tocar.

¿Qué fue lo que te cautivó de Corinto?
Descubrí un lugar perdido, abandonado por Chile, porque todos hemos escuchado hablar de Isla de Pascua, de Chiloé, de San Pedro, pero no del ramal, del interior del Maule, con sus viñas, y a mí, todo eso me cautivó, y estoy empeñado en mostrarle al mundo esta esencia. Así fundé la Corporación Cultural Corinto, y hace un año, junto con un grupo de ocho amigos, compramos el antiguo Hotel de Tanhuao, que tiene en total quince hectáreas y está muy cerca de Curtiduría. Se trata de un recinto que era muy famoso en los años veinte o treinta. Es un lugar muy bello, por donde pasa el ramal, que tiene viñas, olivos, construcciones antiguas y una bodega. La idea es reavivar el turismo aquí.

¿De qué manera?
Queremos transformar la bodega en teatro, hacer una biblioteca, un pequeño museo patrimonial con la historia de ese recinto. La idea es que en este lugar se puedan realizar residencias de artistas, por ejemplo, las master class —clases magistrales con músicos— del Entrecuerdas y que podamos albergar entre veinticinco y treinta personas. Nos gustaría estar funcionando en unos dos años.

¿Proyectos?
Acabo de terminar una obra llamada El Callejón de los Brujos, que la orquesta de Badén Wutenberg presentará en Alemania el 19 de julio. Fue por encargo, pero lo interesante es que estaré en Europa, así que podré ir al estreno; y ahora estoy trabajando una obra que está inspirada en los Sonetos de la muerte de Gabriela Mistral para Alexis Vallejo y se presentará en diciembre en Japón.

¿Componer o tocar?
Componer y tocar son dos cosas diferentes y ambas son una parte fundamental de mí. Me puedo dividir, así lo he hecho por años, aunque hay veces que estoy más dedicado a tocar y otras a componer. Ahora estoy en una etapa en que hago ambas cosas, más o menos por igual.

¿Cuál es la diferencia entre ambas?
La diferencia es que lo que se compone queda en el tiempo y lo pueden tocar otros músicos, y lo que uno toca es más efímero, ya que desaparece luego de haber sido interpretado, pero en ese acto radica su magia y su belleza única

¿Cuál es tu sueño?
Mi sueño siempre ha sido ser un hombre creativo y un viajero. La creatividad en todas las expresiones de la vida. Mi sueño actual es terminar el teatro en Tanhuao y dejar ese proyecto instalado en el mundo.

 

“El festival ha sido una manera de volver a vivir en Chile. Desde ya varios años antes de comenzar acá con Entrecuerdas, participaba en festivales en Europa que fueron mi modelo a seguir.
Siento que este encuentro es, en definitiva, una gran ventana cultural para los músicos y la música de nuestro país”.

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