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EDICIÓN | Junio 2015

“Chascarrillos” astronómicos

Por Arturo Gómez M., ex astrofotógrafo del Observatorio Interamericano Cerro Tololo
“Chascarrillos” astronómicos

El cielo se comenzó a cubrir lentamente de un abanico de gas de color verde. Era gas porque se podían ver, sin problemas, las estrellas. Ese fue el momento en que nuestro nervioso amigo salió corriendo a esconderse dentro de una de las cúpulas para estar a salvo de, quizás, alguna radiación mortal sobre su cuerpo.

Es muy natural que, en todo orden de cosas, se produzcan situaciones incómodas para algunos y que sean divertidas para otros. Más aún cuando esas situaciones se producen frente a otras personas. En una ocasión, al atardecer, y en la cumbre de Cerro Tololo, a dos mil doscientos metros sobre el nivel del mar, cuando todos estábamos viendo a simple vista las condiciones del cielo para observar, nos llamó la atención un brillante objeto puntual que se desplazaba de sur a norte, a una velocidad que la asociábamos, sin equivocarnos, a un satélite artificial.

Uno de nuestros compañeros de trabajo, que nunca había visto algo similar en el cielo, se inquietó y nos puso en alerta. No era la primera vez que muchos de nosotros ya habíamos visto algo igual al atardecer. Lo que vino después fue lo que aterrorizó a nuestro colega. De ese objeto puntual salieron unos cinco objetos más pequeños, tomando como referencia el brillo de ellos. En ese momento nuestro amigo transpiraba y veía al resto que estábamos muy tranquilos con la observación.

Pero ese espectáculo venía acompañado de otra sorpresa. El cielo se comenzó a cubrir lentamente de un abanico de gas de color verde. Era gas porque se podían ver, sin problemas, las estrellas. Ese fue el momento en que nuestro nervioso amigo salió corriendo a esconderse dentro de una de las cúpulas para estar a salvo de, quizás, alguna radiación mortal sobre su cuerpo.

Lo que vimos en esa ocasión fue algo tan simple como el paso de un satélite que dejó en órbita a otros cinco satélites. El gas verde, que cubrió gran parte del cielo, eran los residuos gaseosos de la combustión que eran visibles, porque la luz solar aún iluminaba la alta atmósfera. La densidad de la atmósfera, a esa altura es tan baja, que los gases se expanden con mucha facilidad en grandes áreas. Lo vemos siempre en la televisión cuando muestran el despegue de algún cohete y este se encuentra a gran altura, en las capas superiores de la atmósfera. Por supuesto que nada sucedió a nuestros cuerpos, sino que fue un bonito espectáculo para nuestros ojos, no así para nuestro colega, que escapó raudo a esconderse.

En otra ocasión, unas visitas muy importantes que había llevado nuestro director a conocer el observatorio, tenían que regresar a La Serena, ya que el director no lo podía hacer porque observaba en uno de los telescopios, esa noche. Me solicitó que los llevara de vuelta a la ciudad. Hasta ahí todo bien. El detalle es que el auto que yo iba a conducir, tenía un sistema de cambios diferente al que estaba acostumbrado y comencé a preguntarme cómo se hacía la marcha atrás y dónde estaban los controles de las luces.

Las visitas me miraban con los ojos desorbitados al pensar que iban a quedar bajo las manos de alguien no muy experto en el manejo. Nuestro director me daba las indicaciones con toda naturalidad, ya que es norma, dentro del observatorio, el preguntar cuando hay dudas sobre algún tema. Incluso una de las visitas se ofreció para manejar el auto de vuelta a la ciudad. Finalmente, la conducción la hice sin problemas hasta el hotel de nuestros invitados a plena satisfacción de ellos.

 

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