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EDICIÓN | Junio 2015

Artista de botes &remos

Mauricio Cortés, artesano
Artista de botes &remos

Radicado en Zapallar desde hace muchos años, trabaja la madera como ninguno y junto a sus ayudantes produce artesanalmente una serie de artículos muy cotizados por decoradores, arquitectos y por los mismos habitantes de la zona costera.

Por Maureen Berger H. fotografía Vernon Villanueva B.

Ya es tradición que la casa en la playa se decore con ilustraciones marinas, aves, barquitos y cuanto elemento existe alusivo al mundo náutico, ambientación que obviamente queda perfecta cuando por las ventanas se aprecia el mar. Muy consciente de esto, el artista y artesano Mauricio Cortés Cohn (46) lleva varios años diseñando y produciendo, de manera artesanal, una amplia serie de hermosas figuras en todos los formatos, que son muy bien apreciadas por los habitantes de Zapallar y sus alrededores, lugar donde posee su tienda y taller. En ambas impresionan sus remos, botes enteros, esqueletos de botes, veleros, anclas chilotas, mascarones de proa, fuentes de madera, muebles, animales tallados como caballos de mar, pingüinos, peces de todos los tamaños y obras pictóricas.

Mauricio nació en Santiago, estudió en el Colegio Nido de Águilas y luego se fue a Estados Unidos para perfeccionarse en lo que más le apasiona, en el California College of The Arts. “Acostumbraba viajar solo, buscando un poco aventura y destino. Así recorrí muchos países y lugares de Chile. Pienso que uno recolecta vivencias y amistades y esa es una gran riqueza para el espíritu”, comenta quien está casado con María Carolina Benavente, psicóloga, y es padre de Samu (21), —hijo de su primer matrimonio— Ágata (8), Nina (4) y León (9 meses).

Toda su vida ha sido independiente, excepto por unos años que trabajó con su madre, Doris Cohn, en su mueblería de Santiago. “Desde muy pequeño estuve rodeado de madera, carpinteros, talladores, barnizadores y todo lo relacionado. En esos tiempos mi madre ya era mueblista y decoradora. Fue la mejor escuela de marketing y empresariado, ya que ella sabe mucho de negocios. Viajamos a varias ferias mundiales en Estados Unidos y Shanghai y me di cuenta de que voy por buen camino y que lo mío es único”.

Luego decidió irse a vivir a Cachagua, y luego a Zapallar: “la vida aquí en la playa es muy distinta en cuanto a tiempos y prioridades. Cuando no estoy en el taller, si el mar está bueno voy a surfear, pescar, mariscar, andar en kayak, trabajo en el huerto o le doy comida a los perros y al burro”, y acota: “pienso que fue un acierto establecerme acá, reestructurar mi estilo de vida y dedicarme al arte, ya que me ha dado grandes alegrías y oportunidades”.

¿Cómo empezó todo?
En Cachagua comencé a vender artesanía en la playa para vivir, esa fue la forma más rápida y efectiva para auspiciar mi camino como artista. Ahí fui dándome cuenta que aquí veranea la elite de Chile y, por suerte, mucha gente que entiende de cultura. La cosa se puso más entretenida con exposiciones, hoteles y casinos que empezaron a interesarse por mi arte cada día más.

¿Pero quién te enseñó?
En el colegio tuve al mejor de los maestros como profesor de arte, Antonio Tillería, un verdadero artista que era de Temuco. Con él aprendí dibujo, pintura, cerámica, escultura e hice mi primer bote de un tronco. Más grande, de regreso de la Universidad en California, conocí al Carlos Rojas, un astillero de la zona, que trabajó conmigo cinco años y me enseñó desde talar un árbol hasta construir un barco, cómo mover un bote grande con palancas, doblar maderas con vapor, etc. Los últimos años los he dedicado mucho a trabajar troncos y esculturas de grandes volúmenes. Edgardo Burgos, de Neltume, me ha enseñado a emplear para esto la motosierra, entre otras cosas.

¿Cómo has ido encaminando tu estilo?
En la escultura tengo una rama deconstructivista y otra se basa en animales. Las últimas esculturas de gran escala fueron esqueletos de botes gigantes y mujeres de madera, como también pingüinos de grandes dimensiones, que hago principalmente con cipreses secos que hay en la zona. Y en la pintura, al óleo, acrílico, esmalte, tizas y tintas, considero mi estilo como experimental, va por momentos de ánimo o etapas, algunas muy modernas y otras realistas.

¿Quiénes son tus clientes más frecuentes?
Sinceramente, aquí no hay casa que no tenga uno de mis trabajos. Por lo general vienen decoradores, arquitectos a seleccionar piezas para nuevas casas en construcción. Al igual, me compran muchos hoteles, casinos, restaurantes, canales de tv para comerciales o teleseries y turistas. Mi taller está en el Pangue y en la tienda hay otro taller de terminaciones, en Olegario Ovalle 206, Zapallar, además poseo una sucursal en Las Condes 10515, en Santiago.

¿Tienes sueños no cumplidos?
Sí, vivir unos años con la familia en otro país, pues como dicen los turistas que me visitan “mi arte aquí en Chile se pierde”. Aunque soy infinitamente feliz, me encantaría tener un municipio que me apoyara más. En Zapallar, en verano, las galerías se llenan con los mismos artistas de siempre y realmente pasan a llevar el arte y nuestra cultura local. No lo digo por exponer yo, sino otros artistas muy talentosos de acá. A mí me gusta el arte urbano, rural o de plaza y en arena junto al mar ¡Amo poder entregar cariño con el arte a todos! Y si Dios me dio ese talento, ¿por qué no?

 

“Pienso que fue un acierto establecerme en Zapallar, reestructurar mi estilo de vida y dedicarme al arte. Ya que me ha dado grandes alegrías y oportunidades”.

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